Las avenidas principales que conectan con el Estadio Ciudad de México se transformaron en un río amarillo, azul y rojo.

Foto: Edgar Medel
Foto: Edgar Medel

Los aficionados de Colombia, fieles a su reputación de calidez y energía inagotable, se adueñaron por completo del asfalto. No es la simple espera de un partido; es un carnaval instalado en plena capital mexicana.


Entre la multitud, destacaron las banderas gigantes que requerían de hasta diez personas para ser desplegadas, flotando sobre las cabezas de la gente como ríos amarillos, azules y rojos.


El ambiente de buen humor era contagioso. El ingenio visual se hizo presente: por todos lados aparecían aficionados con pelucas frondosas y rubias, emulando al eterno e icónico Carlos "El Pibe" Valderrama. Estas se convirtieron en el accesorio de la tarde, uniendo a distintas generaciones en un homenaje viviente al folclor de su futbol.


Familias enteras, jóvenes y amigos que viajaron miles de kilómetros se fundían en abrazos con los locales. La CDMX se rindió ante una marea amarilla que inundó la Calzada de Tlalpan y Avenida del Imán.


"Esto es una locura, hermano. Sentimos que estamos en Bogotá, Barranquilla o en Cali, porque el mexicano nos ha hecho sentir en casa", decía Pedro, un fan procedente de Bogotá, con peluca del 'Pibe'.

¡EL QUE NO BRINQUE ES UZBECO!


La picardía no podía faltar. Entre la multitud, el ingenio popular de la hinchada cafetera encontró su grito de guerra para la jornada. En varios puntos de la marea humana, los grupos se organizaban en círculos, empezaban a saltar y el coro unísono retumbaba:


""¡El que no brinque es uzbeco! ¡El que no brinque es uzbeco!"


La ironía del cántico desataba las risas de todos. Y es que, aunque si hicieron presencia, en medio de esta marea colombiana, los uzbecos eran menos en número pero no en el ruido que hacían.


A pesar de ser pocos, los colombianos los arroparon y les pidieron la foto del recuerdo, al final son rivales... no enemigos.

Foto: Edgar Medel
Foto: Edgar Medel
Foto: Rodrigo Goyeneche
Foto: Rodrigo Goyeneche

DE LA SALSA Y EL VALLENATO... A LA BANDA SINALOENSE


El sincretismo cultural de la jornada tuvo su punto máximo en el trayecto hacia los accesos del estadio. En las bocinas portátiles revientan los clásicos de la salsa y el vallenato; se escucha al Grupo Niche, a Diomedes Díaz, a Carlos Vives y, por supuesto, ese himno que es "Colombia tierra querida", de la Orquesta de Ray, resonando a todo pulmón.


Sin embargo, a medida que la caminata avanzaba y se mezclaba con el folclor local, ocurrió una transición mágica. La música sudamericana le fue abriendo paso a los temas sinaloenses. Los acordeones del vallenato se transformaron en las tubas y las tarolas de la banda. Los hinchas colombianos, lejos de extrañar sus ritmos, adoptaron la música mexicana con una naturalidad asombrosa, bailando y cantando. Una muestra clara de que la fiesta no tiene fronteras.

TODO ES UNA FIESTA


El Estadio Ciudad de México se convirtió en la sucursal de una Colombia alegre, ruidosa y profundamente apasionada.


La marea sigue entrando, las banderas gigantes siguen ondeando, los "Pibes" de peluca rubia siguen saltando y los cantos no cesan. Porque este 17 de junio, en el Estadio CDMX, todo, absolutamente todo, es una fiesta.

Foto: José Luis Ramírez
Foto: José Luis Ramírez
Foto: José Luis Ramírez
Foto: José Luis Ramírez