El acceso generalizado a dispositivos móviles y redes sociales entre niñas, niños y adolescentes en México ha generado un entorno donde crecen la adicción digital, el acoso en línea, la manipulación emocional y los riesgos asociados al contacto con desconocidos.

Así lo advierte Josefina Vázquez Mota en su libro Mamá, papá, me hiciste adict@. ¡Ayúdame!, ¡te necesito!, producto de encuentros directos con miles de estudiantes y testimonios de cientos de ellos.

El diagnóstico describe a una generación que utiliza dispositivos a edades cada vez más tempranas, sin acompañamiento adulto y en plataformas programadas para maximizar el tiempo de permanencia.

El resultado, señala la autora y política en entrevista, es una combinación de exposición constante, vulnerabilidad emocional y una supervisión que en muchos hogares simplemente no existe.

"Uno de los testimonios más impactantes fue el de una pequeña niña de nueve años de edad que, al hablar sobre las violencias digitales frente a un grupo de 400 compañeros, dijo: 'bueno, yo tengo un poliamor, porque todas las tardes me quedo sola, mi mamá me deja la computadora abierta y ahí tengo un grupo de amigos de 50 años y más que me dicen quítate tu suéter, quítate tu blusa, quítatelo todo, pégate a la pantalla, porque te vamos a acariciar. Ellos son mi poliamor'", relata la Secretaria de Educación Pública de 2006 a 2009.

Vázquez Mota, quien también ha escrito Dios mio, hazme viuda por favor y coordinó Cuando los hijos mandan, advierte sobre cómo las redes de pornografía han puesto la mira en víctimas cada vez más pequeñas.

"La pornografía en México empieza a buscar a las niñas y niños, de acuerdo a Save the Children, a partir de los 7, 8 años de edad, en plataformas como TikTok, a través de ciertos videojuegos, y a los 12 años de edad ya lo están consumiendo prácticamente, si no todos, casi todas y todos.

"Son las voces que me han dicho 'a los 8 años me regalaron mi primer videojuego. Nunca me enseñaron cómo utilizarlo, así que empecé a hablar con extraños y alguien que cambió su identidad me engañó, me sacó mucha información, yo tenía 8 años de edad, así que a los 15 días me empezó a amenazar que si no le mandaba fotos de mi cuerpo desnudo le iba a hacer daño a mis padres y, entre los 8 y 12 años de edad, todos los días le mandaba una foto de mi cuerpo desnudo como él me la pedía. Y cuando ya no podía más, se lo conté a mi mamá, pero ella me dio la espalda'".

Encuentros con padres

Además de hablar con los niños, las niñas y los adolescentes, Vázquez Mota ha platicado con los padres de familia, en talleres simultáneos, pero en grupos distintos de las escuelas.

"Les preguntamos a qué edad le ponen el primer celular enfrente a sus hijos, la respuesta de más del 99 por ciento es: a los 3 meses de edad", narra.

Y el cerebro de esos bebés genera esa primera descarga de dopamina en su vida, que cuando ese niño cumple un año de edad y ve a un adulto con una pantalla, con un celular, empiezan a quererlo, agrega.

"Hay ansiedad en ese niño o niña de un año de edad, hay enojo si no se lo das, se tiran al piso son los testimonios que ahora me cuentan los papás, patalean, pegan, y entonces ese 'chupón digital', como yo lo he llamado, regresa a ese bebé que aún no habla, que no camina muchas veces, pero que ya empezó un proceso de adicción".

En México esto se vuelve mucho más grave, porque, a diferencia de otros países del mundo, donde se prohíbe el ingreso a las plataformas de menores de 16 años como recientemente lo estableció Australia, en el País, el grupo más grande de cibernautas, es decir, que ya viven al menos en una plataforma de manera cotidiana, es de los 6 a los 17 años de edad, y, de ellos, 9 de cada 10 tienen acceso a internet, y 7 de cada 10 ya están viviendo prácticamente en una red social, revela la autora.

"Estamos frente a una situación, que yo la llamaría una emergencia nacional", advierte.

De acuerdo con encuestas que han realizado a las niñas, niños y adolescentes, y a los padres de familia, 60 por ciento de los alumnos comparten que pasan al menos 5 horas todos los días frente a una pantalla, y cuando se les preguntó cuántas horas están con videojuegos, al menos 90 por ciento dice que 7, 8 horas, y muchos de ellos hasta 12 o 15 horas diarias.

"Uno podría preguntarse, ¿cómo pueden jugar más de 10 horas al día? La respuesta es muy sencilla: se van a la cama con su celular o con su tablet, y no duermen. Los adultos sí, ellos no. Y en la noche es cuando más les aumenta la adrenalina.

"Cuando les pregunto, ¿a quién le gusta jugar por la noche? Ahí ves muchas manos levantadas y te dicen: me encanta la noche porque nadie me molesta. En sus palabras: 'es cuando puedo entrar a todos mis videojuegos', y es cuando también consumen más pornografía, cuando ven más violencias digitales, y el riesgo es enorme, sobre todo porque más del 80, el 84 por ciento, declara hablar con extraños en redes sociales. Por un lado tienes los pederastas, y por otro lado está, en el caso de México, el crimen organizado", relata.

Otro testimonio que le impactó fue el de una estudiante de tercero de secundaria, quien, a través de las redes sociales conoció a un adulto. La adolescente pensó que había conectado con alguien de su misma edad.

"Se la llevó a otro estado, la reportaron inmediatamente como desaparecida, y cuando la encontraron a los pocos días, esa niña había sido asesinada, mutilada y calcinada, y cuando el pederasta se vio rodeado por la Policía se suicidó. Era un tipo que hasta estaba casado, tenía una familia".

Un grito de auxilio

A través de su libro, basado en los testimonios que recogió en sus encuentros con más de 60 mil niños, niñas y adolescentes en el último año, Vázquez Mota busca alertar sobre la situación de riesgo que viven los niños, niñas y adolescentes.

"Como país, estamos entre el primer y segundo lugar en ciberbullying y ciberacoso escolar, 7 de cada 10 niñas y niños sufren esto todos los días", afirma.

"Estamos frente a al menos 3 enormes desafíos, uno de ellos es el ciberbullying, que prácticamente lo estamos encontrando en todos los grupos de niños, niñas y adolescentes, con una enorme crueldad, desde el anonimato, 24 horas al día, 7 días de la semana, y lo que está sucediendo ahora es que ese ciberbullying, nos está llevando a muchos trastornos de salud mental.

"Por ejemplo, cuando yo pregunto a grupos de 700 alumnos en un patio de escuela, si conocen a alguien que se haga cortes en sus brazos, en sus piernas, que se autolastimen, al menos el 90 por ciento levanta su mano.

"Lo pregunto siempre en tercera persona, pero sabiendo que están hablando muchas veces de ellas o de ellos mismos, y veo esos brazos con cortes, veo cómo levantan el suéter de su escuela, esto es algo que está sucediendo a diario, y no hay distinciones sociales, ni de deciles de ingresos, es algo generalizado, enormemente grave", lamenta.

En la segunda parte del libro, ofrece herramientas de apoyo a los padres de familia, como guiarlos sobre usar los controles parentales. Contiene también asociaciones de apoyo que pueden acompañar y asesorar a padres e hijos.

Asimismo vienen cuadros de emojis. "Nosotros los adultos usamos caritas, corazones, pero ellos tienen un lenguaje distinto. En el libro presentamos algunos. Y también una tabla periódica gigantesca de cómo se comunican los niños y adolescentes. Para nosotros esos emojis, un durazno, o una mazorca, o tres frijolitos, pues no nos dicen nada, pero ellos están hablando, o de pornografía, o de estos grupos de incel, o de autolesiones. Ver un pedazo de pizza, pues a nosotros nos habla de comida, pero muy probablemente ellos están hablando con un cártel del crimen organizado".

Un llamado a la corresponsabilidad

Vázquez Mota advierte que, ante la emergencia nacional, la solución no depende únicamente de las familias. Propone fortalecer regulaciones tecnológicas para verificar edades de usuarios, exigir mayor transparencia en algoritmos que dirigen contenido a menores y establecer sanciones a plataformas que no cuenten con mecanismos efectivos de protección infantil.

La legislación mexicana, agrega, todavía tiene un fuerte rezago respecto a las realidades que se están viviendo. "Por ejemplo, se está exigiendo, con lo cual yo estoy totalmente de acuerdo, que el reclutamiento a menores a través de redes sociales se vaya al Código Penal y sea considerado lo que es: un delito, un crimen.

"Es que ni siquiera estamos identificados con los términos o los delitos cibernéticos. Se deben fortalecer las Fiscalías, las Policías Cibernéticas del País. Hay que hacer de verdad un esfuerzo extraordinario de prevención de las familias, en las escuelas, de controles parentales, de mucha más comunicación y menos pantallas. Y, pues involucrar a todos los órdenes de Gobierno: municipal, estatal, federal. Ninguno debe estar fuera de este reto y de esta tarea", concluye.