Doy por hecho que la mayoría de mis amables lectores, al igual que yo, son de la generación en la que la maestra de la escuela nos pegaba con el metro (tabla de madera) si nos portábamos mal; o que nos mandaban al rincón, a estar hincados unas horas, por reprobar un examen. El “profe” podía llamarnos la atención, pegarnos un buen grito por desobedientes o aventarnos el borrador del pizarrón a la cabeza para que prestáramos atención a la clase. A pesar de ello, no crecimos traumados; no estamos “tarugos”, ni mensos, ni lo consideramos violación a nuestros derechos humanos. Esa era nuestra “normalidad”. Sin problema alguno.
De unos años para acá, todo ello parece aberrante, insultante, falto de ética y profesionalismo. Los padres de niñas, niños o adolescentes en esta época, no permitirían un trato así para sus hijas e hijos. Las y los docentes, serían demandados, despedidos o inhabilitados si aplicaran alguna medida disciplinaria de ese estilo. Fuimos creando una generación de cristal. Luego viene, la generación alfa, que son nacidos después de 2010; a su vez son descendientes de “millennials”. Cuando llegaron a este mundo ya existía el Instagram, interactúan con pantallas táctiles desde temprana edad, su exposición prolongada a mecanismos digitales, les está afectando el cerebro. Esto último, lo dijo el Secretario General de la OCDE, Mathias Cormann. Él insiste en que los dispositivos digitales no son nocivos de por sí, sino que “todo depende de la forma en que se utilizan”, y que el problema es que lo que ha aumentado es el uso que los alumnos les dan para divertirse y eso les acarrea problemas para prestar atención, por ejemplo con textos complejos. Este nombre es importante, por lo que voy a tratar enseguida. La OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico), es una institución internacional, que cuenta con 38 países miembros, entre ellos el nuestro. Promueve que los países compartan ideas y soluciones para problemas de la economía, el trabajo y la sociedad; establece algunas normativas basándose en datos reales, en materia de educación, impuestos, salud, medio ambiente, por mencionar algunos rubros. Entre otras acciones, lleva a cabo cada tres años, la Prueba PISA (Programa para la Evaluación Internacional de los Estudiantes), que es una valoración estandarizada, que mide las habilidades de los jóvenes de 15 años en: lectura, matemáticas y ciencias. México se ubicó en el puesto 64 de 91 países evaluados, reflejando importantes retos de rezago educativo, especialmente en matemáticas. De entre la totalidad de escuelas con alumnado de 15 años , ya sean públicas o privadas, urbanas o rurales, se hace un sorteo aleatorio para que la selección sea “al azar”, para que la muestra sea representativa de todos los sectores y zonas; de ahí se determinan entre 150 y 250 escuelas de cada país. La gran mayoría de los evaluados van en tercero de secundaria, aunque no necesariamente; ya que no es por grado de estudios, sino específicamente por edad; en el rango de entre 15 años con 3 meses y los 16 años con 2 meses. De estos jóvenes evaluados, solo 3 de cada 10, alcanzan el nivel básico de competencia. México obtuvo 388 puntos en matemáticas; eso significa 75 puntos por debajo del promedio (qué es de 463). Por primera ocasión desde el 2000, en este proceso se incluyó la resolución de problemas computacionales, en donde sacaron 453 puntos, siendo de 500 el promedio de la OCDE. A lo más que aspiraron las y los evaluados, fue a colocarse entre el nivel 1 y el 2. No hay un solo estudiante mexicano en nivel 5 ni 6, que son los de excelencia. El rezago significa 3.7 años de retraso. O sea, que el alumno de 3o. de secundaria, trae cuando mucho conocimientos de quinto de primaria. Lo descrito, no son solo números. No es una estadística fría. No son solo datos, sino el reflejo de una triste realidad. Es un sinsentido el modelo educativo mexicano, instaurado por la transformación de cuarta. Debemos replantearnos lo que sigue. No basta con desdeñar esos resultados o poner en duda lo que evalúan estos organismos internacionales. No es suficiente con decir que son “neoliberales”, para tapar el sol con un dedo. Ya es momento, de prestar atención a nuestras juventudes. Momento de reconfigurar la educación en México. Ya es momento, de volver a esquemas de formación académica óptimos. Momento de que nuestras niñas y niños, aprendan, se preparen, tengan bases, se les inculquen valores. Ya es momento…