Lo único necesario para el triunfo del mal
Es que los hombres buenos no hagan nada
Contraataque
Es una aventura acudir al teatro para disfrutar de Hamlet o Romeo y Julieta de Shakespeare. Ya sabemos que en la primera el asesinato ocurre antes de que el telón sea levantado, que su famosa frase "Ser o no ser, esa es la cuestión." será dicha solemnemente en el Tercer Acto y que el trágico final es inevitable en la obra más conocida del Cisne de Avon. Vamos a ver cómo la dirigen, adaptan y actúan. Lo mismo ocurre en literatura: “Crónica de una muerte anunciada” de Gabriel García Márquez. Todos los personajes –y los lectores- sabemos que van a matar a Santiago Nasar pero ni ellos ni nosotros hacemos nada para evitarlo. También incluya –del mismo autor- “El Coronel no tiene quien le escriba” porque estamos conscientes que la misiva no llegará nunca.
La novela policiaca es rebuscada para confundir al leedor de quién es el asesino. Excepto Agatha Christie. Mi favorita es “Muerte en el Nilo” porque descubrí muy pronto quién era el culpable con una lógica elemental: el menos probable.
En los filmes de este género, a veces es fácil predecir el final, a veces es más complejo. Pero ver una película como “La Captura” (2026) dirigida por Chava Cartas, producida por Draco Films, distribuida por Netflix y con las magistrales actuaciones de Alfonso Herrera, Noé Hernández y Héctor Kotsifakis abre un nuevo capítulo en la cinematografía mexicana. Sí, nos puede importar que la mayor parte de la película se filmó en el centro y en las afueras de Chihuahua, capital, en Palestina y en Villa Aldama (a mí me sigue gustando ese nombre).
Lo interesante aquí es que este drama no muestra a los delincuentes de alta escuela como cuasi dioses o ídolos con finales tristes después de haber tocado el cielo. Todos los maleantes terminan o en la cárcel o bajo tierra. Las series de El Señor de los Cielos, El Patrón del Mal, Narcos, Narcos México, El Chapo Guzmán o las películas El Infierno, la Banda del Carro Rojo, Contrabando y Traición (Camelia la texana) son solo las más representativas.
En cambio, en La Captura ya sabemos perfectamente la historia real y es relatada –salvo licencias cinematográficas en el guion- apegados a la crónica periodística de Héctor de Mauleón. Y conocemos el final.
Pero el filme nos da elementos para reflexionar. En primer lugar, ambos policías federales desconfían uno del otro, y es natural. Con la mafia metida hasta los tuétanos en el sistema político mexicano, en las fuerzas armadas y en las policías estatales, federales y municipales, queda poco en quién confiar. En segundo sitio, los agentes no están preparados ni capacitados qué hacer en el caso de tener detenido en el asiento trasero de una patrulla -por caprichos del destino- al narcotraficante más conocido, poderoso, sanguinario, multimillonario, líder mundial de la escoria social. Tampoco pueden confiar en los sistemas de comunicación oficiales porque seguramente están intervenidos. Dudar si aceptar los sobornos ofrecidos por los delincuentes o doblegarse ante las amenazas hacia sus personas y familias. Cabe resaltar que negocian con el Chapo, hombre extremadamente inteligente, por eso tiene asegurado un lugar en la historia negra.
No sabemos qué pasa en la actualidad con los dos agentes-héroes. Si los desaparecieron en un modelo de testigo protegido, si se escondieron o si simplemente guardan sus condecoraciones en una caja escondida en lo más discreto de su guardarropa.
Los políticos, las fuerzas del orden trátese de quien se trate, no se han ganado nuestra confianza. Al contrario. Si nos detienen en un retén no sabemos si son de los buenos o de los malos, porque si son de los buenos nos van a extorsionar y si son de los malos también. Solo los gobiernos y las comisiones de derechos humanos no ven los famosos filtros de revisión.
Llama la atención que se filme una película en la cual los policías son honestos. Debería ser pan de todos los días. Pero son Rara Avis. Esos 91 minutos de duración nos hacen pensar cuándo el gobierno se fajará los pantalones y veamos a los narco políticos esposados y tras las rejas. A qué le tiras, cuando sueñas mexicano…
Mi álter ego quisiera felicitar a la presidenta por su segundo informe de gobierno, pero por más que hace el intento ¡no puede!
