“Estudia no para saber una cosa más, sino para saberla mejor’
Jodorowsky
El movimiento estudiantil de los años setenta en Chihuahua fue un pilar de la insurgencia social en el norte de México, caracterizado por la radicalización de los jóvenes tras la masacre de Tlatelolco en 1968, la lucha por la democratización universitaria y su profunda vinculación con el activismo político-militar e indígena de la región.
A diferencia de los movimientos meramente citadinos, el contexto chihuahuense estuvo fuertemente influenciado por el legado del asalto al cuartel de Madera en 1965. A continuación, se detallan las vertientes y momentos cumbre de esta década:
Universidad Autónoma de Chihuahua vivió un auge de movilizaciones masivas. Los estudiantes demandaban la autonomía real del Gobierno estatal (en ese entonces encabezado por el gobernador priista Oscar Flores Sánchez), elecciones democráticas para rectoría y directores, y reformas académicas. La respuesta del Estado combinó la destitución de autoridades universitarias condescendientes y una fuerte represión armada y judicial en contra de los comités estudiantiles subversivos.
Los estudiantes de Chihuahua no se aislaron en las aulas. Al ser expulsados de preparatorias y universidades debido a la represión de 1972, muchos jóvenes y obreros se articularon para forjar las bases de los movimientos urbano-populares más organizados del país. Esto dio origen al nacimiento de organizaciones político-sociales de izquierda, unificando las luchas estudiantiles con las demandas de vivienda, tierras y derechos sindicales en las colonias de la periferia de la capital y en Ciudad Juárez hacia 1976.
El descontento y el cierre de los canales democráticos provocaron que una facción del estudiantado chihuahuense optara por la vía armada. Chihuahua se convirtió en una de las cunas ideológicas de la Liga Comunista 23 de Septiembre, la organización guerrillera urbana más importante de los setenta en México.
Destacaron estudiantes provenientes de la Escuela Normal Rural de Saucillo y de la propia UACh, quienes participaron en los célebres asaltos simultáneos a tres sucursales bancarias en la capital del estado en enero de 1972, un evento que detonó la persecución de la “Guerra Sucia” en la entidad.
Aunque los activistas de los setenta sufrieron persecución, exilio, cárcel y desaparición forzada a manos de corporaciones como la temida Dirección General de Seguridad (DFS), sus cuadros formaron a los futuros líderes magisteriales, obreros y de izquierda que transformarían la vida pública del estado.
La incisión (o inserción) e impacto ideológico de la Liga Comunista 23 de Septiembre en el movimiento estudiantil de Chihuahua y del país se debió a una profunda transformación política, teórica y estratégica. Tras la extrema represión estatal de la época, las causas clave que motivaron este quiebre radical del activismo pacífico hacia la lucha armada revolucionaria fueron:
El factor detonante fue el agotamiento de las vías legales. Eventos trágicos como la matanza de Tlatelolco en 1968 y el “Halconazo” en 1971 demostraron a la juventud radicalizada que el régimen del PRI no toleraría una reforma democrática pacífica. Al cerrarse las aulas y criminalizarse las marchas, los comités estudiantiles concluyeron que la única forma de responder a la violencia sistemática del gobierno era la vía de las armas
La “Tesis de la Universidad-Fábrica”
Ideológicamente, los fundadores de la Liga formularon la teoría de la "Universidad-Fábrica" para justificar por qué los estudiantes debían sumarse a la insurgencia proletaria:
El documento planteaba que el capitalismo había masificado la educación para convertir a las universidades en centros de producción de fuerza de trabajo calificada y en aparatos de control ideológico de la burguesía.
Bajo este marco, el estudiante no era un joven privilegiado, sino un "obrero potencial" o proletario explotado que debía rebelarse contra el sistema. Esto empujó a miles de jóvenes a abandonar las aulas para integrarse a brigadas político-militares en la clandestinidad.
En el plano estrictamente local, la brutal represión ejercida en Chihuahua contra las huelgas de la UACh de 1972 y el violento desmantelamiento de los comités estudiantiles provocaron que las dirigencias juveniles se dividieran. Mientras que una fracción optó por el activismo de masas y popular (como el posterior Comité de Defensa Popular), los sectores más radicales decidieron que el espacio universitario ya no era útil para la transformación social, volcándose hacia la guerra de guerrillas urbana.
Para los estudiantes del norte de México, el fallido asalto al cuartel militar de Ciudad Madera (Chihuahua) en 1965, encabezado por el profesor Arturo Gámiz y jóvenes normalistas, operó como un poderoso imán de legitimidad histórica. Aunque la operación fracasó militarmente, dejó sembrada una mística de sacrificio y combate que la Liga adoptó con orgullo (e incluso plasmó en su nombre oficial y en su diario clandestino, Madera) para convencer a las nuevas generaciones estudiantiles de que la lucha armada en el estado tenía un arraigo histórico legítimo.
Principales lideres:
Diego Lucero Martínez, Raúl Ramos Zavala, Los Hermanos Gámez Rascón (Manuel y Eleazar), Avelina Gallegos, Martha Cecilia Ornelas Gil, Jesús, Juan y Vicente Güereca, Víctor Orozco.
Nota histórica: Aunque no operaron directamente en los años setenta, figuras de los sesenta como el profesor Arturo Gámiz y el médico Pablo Gómez (caídos en el Asalto al cuartel de Madera en 1965) siguieron siendo considerados los referentes ideológicos y guías morales absolutos de todos los líderes estudiantiles chihuahuenses que tomaron las armas en la década posterior.
Grupos contrarios a los estudiantes del movimiento.
Estos jóvenes pertenecían a familias de clase media y alta y se organizaban a través de parroquias y agrupaciones como el Desarrollo Humano Integral y Acción Ciudadana (DHIAC).
Su activismo consistía en realizar campañas de propaganda anticomunista dentro y fuera de las aulas, acusando a los líderes del movimiento estudiantil de ser "terroristas", "ateos" o "agentes extranjeros" enfocados en destruir las instituciones y los valores familiares de Chihuahua.
Cada vez que los comités de lucha estudiantil intentaban democratizar la universidad exigiendo elecciones libres para elegir representantes, las Sociedades de Alumnos oficiales (controladas por estudiantes vinculados a las juventudes del PRI o a los propios rectores) se oponían tajantemente. Estos estudiantes defendían el "status quo", argumentando que las protestas dañaban la imagen de la universidad, retrasaban los calendarios escolares y ponían en riesgo la validez de los estudios de la mayoría de los alumnos que solo querían graduarse.
Varios líderes e intelectuales surgidos del ala moderada o de masas del movimiento estudiantil chihuahuense de los setenta, si bien no siempre se afiliaron formalmente como militantes corporativos de base, se incorporaron a trabajar directamente dentro de gobiernos estatales del PRI.
Tras la persecución, muchos egresados universitarios de izquierda fueron absorbidos por el sistema a través de la academia (en la propia UACh o en la UACJ) o mediante puestos técnicos y de asesoría jurídica dentro de las administraciones estatales del PRI durante los años ochenta y noventa. El Estado utilizó la estrategia de la incorporación institucional para neutralizar la beligerancia estudiantil de la década previa
Los dirigentes de las Sociedades de Alumnos institucionales de los años setenta —quienes se opusieron a las huelgas izquierdistas y actuaron en favor de la rectoría— tenían su carrera asegurada dentro del PRI. Figuras que operaron en las juventudes priistas dentro de las facultades de Derecho e Ingeniería utilizaron su liderazgo universitario contrarrevolucionario como trampolín directo para convertirse posteriormente en diputados, alcaldes y funcionarios de alto nivel del PRI en el estado.
Salud y larga vida.
Profesor por Oposición de la Facultad de Derecho de la UACH.
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