No hay discusión sobre qué presidente norteamericano deportó más migrantes indocumentados si Obama, Biden o Trump.
Los demócratas lo hicieron en mayor cantidad, pero no es ese el punto que derivó en un voto latino anti republicano.
Hay claridad en las cifras.
Los registros oficiales confirman que la administración Obama acumuló más de 2.7 millones de deportaciones en sus dos mandatos, con promedio diario superior a los 900 casos, enfocado en personas con antecedentes penales o arrestos en zona fronteriza.
Biden uso mecanismos de devolución inmediata elevando las repatriaciones por arriba de los 4.4 millones, el doble.
En contraste, aunque el segundo periodo de Donald Trump promedió cerca de mil deportaciones diarias en sus primeros catorce meses, la diferencia no radicó en la escala global, sino en el perfil de los afectados y la brutalidad utilizada.
Sólo el 29% de los deportados en esta última etapa contaba con condenas penales previas; el 71% restante correspondió a trabajadores asentados, con familia muy establecida -escuelas, vida comunitaria-, personas sin historial delictivo.
Convirtió la administración Trump la seguridad fronteriza en una persecución interna generalizada, punto de quiebre inevitable en el matrimonio comunidades hispanas-republicanos, ante tan radical política de expulsión.
Hubo casos emblemáticos demoledores en términos de comunicación, como el del pequeño Liam separado de su padre con mochila de Spiderman infantil en espalda y gorro con orejas de conejo, en imagen que dio la vuelta al mundo. Desde ahí empezó la debacle.
La severa política migratoria inició con la Orden Ejecutiva 14159 y la reactivación masiva de los acuerdos de la Sección 287(g) que transfirieron funciones de control migratorio a las policías locales mediante el modelo de fuerzas de tarea, firmada de puño y letra por el magnate presidente.
Con dicha orden convirtió el patrullaje de rutina en instrumento de persecución étnica, con agentes enmascarados en las calles, irrupción en obras de construcción y operativos en comercios locales e industria, no se diga en los campos agrícolas.
El impacto sobre la estructura económica fue inmediato. En el sur de Texas, empresarios de la construcción reportaron parálisis operativas con plazos de edificación al triple debido al temor de los trabajadores a presentarse en sus jornadas.
Vino luego la indignación social por violaciones a los derechos civiles y detenciones injustificadas de inmigrantes de bien, muchos con papeles e incluso de ciudadanos estadounidenses debido a su condición racial.
No tardaron en llegar los incidentes trágicos que derivaron en muertes de ciudadanos americanos durante operativos de deportación, con casos trágicos que nunca debieron haber ocurrido, como el de Renee Nicole Good y Alex Pretti, ambos en Minneapolis este mismo año.
El electorado latino que había respaldado al Partido Republicano en 2024 resintió el agravio directo hacia sus comunidades.
Las encuestas poselectorales arrojaron que cerca del 60% de los votantes hispanos consideró que las redadas rebasaron los límites legales y humanos, percepción que transformó el respaldo previo en rechazo activo.
***
No fue el tema migratorio el único factor que inclinó la balanza hacia los demócratas, sino que debe agregarse el económico.
Latinos y norteamericanos por igual han sido golpeados por la presión cotidiana del costo de vida, a tal grado que la inflación y el precio de los bienes básicos fue la principal preocupación al momento de ejercer el voto conforme el resultado de las encuestas de salida.
Tienen claro los electores que la coyuntura económica se vio agravada por las decisiones de política exterior, especialmente la escalada militar del conflicto con Irán, provocando alteración directa y continua en los mercados energéticos globales.
El precio de la gasolina superó los 4.15 dólares por galón a nivel nacional, con registros superiores en estados como California -casi 5 dólares-, provocando el encarecimiento del transporte de mercancías y los alimentos de primera necesidad.
Golpe al bolsillo sostenido durante meses y sigue, porque a la subida de los combustibles se sumaron las tasas de interés hipotecarias que llegaron a un nivel del 7.4% y un encarecimiento generalizado del crédito al consumo.
Cualquier discurso retórico sobre solidez macroeconómica chocó con la realidad de hogares donde los ingresos fueron insuficientes para cubrir el gasto elemental.
No hay forma de vencer una percepción de gasto enfocado en compromisos bélicos internacionales lejanos, mientras el costo de la vida doméstica está por las nubes.
El cobro ciudadano llegó en las urnas.
***
Los resultados de las elecciones de medio término reconfiguraron el escenario político de Washington, por medio de una contundente victoria de la oposición demócrata, que logró recuperar el control mayoritario tanto en la Cámara de Representantes como en el Senado.
El vuelco electoral fue un tsunami con pérdida de bastiones históricos para el Partido Republicano, por ejemplo, en Texas, con la victoria de Gina Hinojosa en la gubernatura que puso fin a tres décadas de hegemonía conservadora.
De forma similar, triunfaron las candidaturas opositoras en estados como Georgia, Ohio e Iowa, producto de la ola de castigo electoral.
Esta nueva correlación de fuerzas abre una etapa de parálisis legislativa para la Casa Blanca, ya que, con un Congreso adverso, la administración Trump enfrentará un estricto control parlamentario, investigaciones sobre operativos de seguridad interna y bloqueo sistemático a su agenda presupuestaria.
Las inmediatas negociaciones del presupuesto federal que ya vienen se vislumbran como el primer terreno de confrontación directa, donde la nueva mayoría buscará condicionar los fondos asignados.
Podría de nuevo iniciar enero con oficinas federales cerradas.
Vendrá golpe en la mesa a las agencias de control migratorio, operaciones militares en el exterior, y a los caprichos como el nuevo salón de baile de ocho mil 360 metros cuadrados y un presupuesto que ya quintuplicó los 200 millones de dólares iniciales.
***
Ante el bloqueo legislativo previsible, Trump tenderá a desplazar su capacidad de acción hacia el ámbito internacional, donde conserva facultades amplias y unilaterales.
Emerge ahí el principal factor de riesgo geopolítico, con la posibilidad de que la administración intente compensar la parálisis doméstica mediante una postura más agresiva en política exterior y seguridad nacional.
Para América Latina, y en particular para México, este giro representa un desafío, partiendo de la Orden Ejecutiva 14157, que clasificó a los principales cárteles del narcotráfico como Organizaciones Terroristas Extranjeras, marco legal extraordinario para justificar presiones injerencistas.
Parece que no es la intervención de agentes de la CIA en la destrucción de un narco laboratorio en la sierra la única actuación en territorio chihuahuense, como se desprende de la negativa a proporcionar información siquiera estadística de número de agentes e informes rendidos. ¿Cuántos de ellos andan aquí?
El león enjaulado por demócratas tirará zarpazos y México -Chihuahua- está a la vuelta de la esquina.
***
Las encuestas radicales querían sangre en la Unión Americana, las moderadas nunca imaginaron que los métodos inhumanos en redadas y deportaciones fueran a ocasionar tal enojo en la comunidad latina, que antes optó por Donald Trump y ahora le dio la espalda.
El voto latino por demócratas fue debido a métodos extremos utilizados contra los migrantes y aun contra estadounidenses, con muertes en algunos casos que fueron verdaderos asesinatos por parte del ICE.
Obviamente pesó también la falta de control total que tuvo Trump de la guerra.
Habló mucho y logró nada, sólo aumentar los combustibles al doble, con mayores precios, tasas, hipotecas, afectación total a créditos.
Así llegamos a los resultados, donde a medio término de administración, Trump enfrentará un Senado y una Cámara de Representantes adversa, que polarizará y paralizará su gestión, para empezar la negociación del presupuesto.





