Resulta aberrante el lenguaje de los políticos y gobernantes, quienes haciendo honor a La Chimoltrufia, como dicen una cosa, dicen otra. Nunca se había escuchado de que la unanimidad afirmativa, en unas horas la convirtieran en unanimidad negativa, sin pudor ni vergüenza.

El Secretario de Educación Pública, en una grabación informó que por decisión unánime de los secretarios de Educación de los 32 estados de la república decidieron ampliar las vacaciones escolares a tres meses. Si, al doble, sin tomar en cuenta a los padres de familia ni a los maestros ni a nadie en un país donde el atraso escolar cada día es más alarmante.

Desde hace años, el gobierno decidió eliminar las guarderías donde las madres dejaban a sus hijos mientras se iban a trabajar; decidió eliminar el horario ampliado de las escuelas en las tardes para que los niños tuvieran prácticas deportivas o lúdicas para complementar su formación; eliminaron las calificaciones mínimas de aprobación y ahora de un plumazo todos los niños tienen calificación aprobatoria de manera automática, impactando en la calidad del aprendizaje.

Somos de los países con muy bajos índices de aprovechamiento en matemáticas, lectura y escritura, y ahora, el gobierno había decidido, para ser complaciente y “barco” con los flojos, los faltistas y los que hacen el mínimo esfuerzo por aprender y salir adelante, querer premiarlos con seis semanas más de vacaciones. Y como está de modo pedir pruebas, a las pruebas existen:

El nivel de aprovechamiento escolar en México, ya se caracteriza por un preocupante rezago educativo de casi dos años y bajos resultados en evaluaciones internacionales. Seis de cada 10 estudiantes mexicanos en educación básica muestran un aprovechamiento insuficiente en matemáticas, mientras que 3 de cada 10 presentan deficiencias en lenguaje y comunicación, siendo las escuelas comunitarias las más afectadas.

La mayoría de los alumnos no alcanzan los niveles básicos de competencia en matemáticas, enfrentando dificultades para aplicar conocimientos en situaciones cotidianas. La escolaridad promedio en México es de 9.7 años, lo que equivale a la secundaria concluida, con disparidades regionales.

Según la evaluación internacional PISA 2025 (Programa para la Evaluación Internacional de Estudiantes), ubica a estudiantes de secundaria, de México en la posición 51 de 81 países, mostrando una disminución en el rendimiento académico, especialmente tras la pandemia.

Pues en México, como el cangrejo, en lugar de avanzar, retrocedemos. Pareciera que hay un interés en que los niños y jóvenes permanezcan sin educación, sin nivel competitivo, sin aspiraciones, con un nivel mediocre.

En lugar de estar preocupados por ampliar semanas de vacaciones, la SEP debería preocuparse por aplicar los miles de millones de pesos que se recaudan en impuestos por equipar mejor a las escuelas. El clima siempre será igual y cíclico. En verano hace calor y en invierno hace frío. Hace aire, cae nieve, falla la luz y escasea el agua, pero no por eso la solución es suspender clases.

Si hace calor, deben aplicarse a instalar equipos de aire en las escuelas; si hace frío, a equipar con calefacción; si los maestros faltan o se dedican a hacer plantones y marchas, a suplirlos. Si hay rezago educativo en los niños, implementar cursos de verano, o ampliar horario para regularizarlos.

Si hay partidos mundialistas de futbol, pues que los vean en sus casas, pero no suspender clases como si fueran a asistir a los estadios pagando costosísimos boletos.

El Secretario de Educación Pública hizo el anuncio personalmente y a las pocas horas, se desdijo y que siempre quedaría todo igual. Dijo que era un acuerdo unánime y luego hubo otro acuerdo unánime para decidir lo contrario.

¿Fue con la intención de distraer a la opinión pública de otros temas que dañan la imagen del gobierno como los políticos y gobernantes coludidos con el narcotráfico? ¿Desviar la atención de señalamientos de apoyos del narcotráfico a campañas electorales para ganar impunemente?

Educación y seguridad han sido los dos grandes baches los últimos años y lejos de tener una corrección del camino o aceptar errores, se incide con mayor fuerza en la siguiente fase. En el caso de la educación de los niños, además de limitar apoyos financieros e infraestructura para mejorar las condiciones físicas y subir el aprovechamiento escolar, han impuesto mecanismos de adoctrinamiento ideológico para cambiar valores y cultura con la finalidad de que las nuevas generaciones sean afines a los principios del gobierno. La segunda fase es limitar la participación de los padres en la educación de sus hijos, para que el Estado decida cómo se les debe educar.

En la seguridad, después de la fase de “abrazos, no balazos”, a pesar de las miles de muertes y el empoderamiento de los cárteles de la droga, siguen culpando a expresidentes ajenos a su partido y en una segunda fase ahora asumen la defensa a ultranza de los narcopolíticos, repitiendo los mantras de “pruebas” y “soberanía”, para que la ciudadanía elimine de su mente que hay colusión y financiamiento de narcotraficantes en campañas electorales. ¿O será implorar una narcosoberanía?

Pero estamos como hace años en este país: no pasa nada ni pasará nada. Los “ninis” siguen y seguirán siendo ninis, pero becados para la caguama y saldo para el teléfono a cambio de lealtad a un partido político que los financia con dinero del impuesto de millones de mexicanos que si trabajan.