Es la tesis de una organización social donde dejen de existir jerarquías que se fundamenten en la propiedad privada de los medios de producción. Como consecuencia desaparecerán el proletario y el burgués porque no habrá explotación ni siquiera la necesidad de un Estado.
Morena se autodefine de izquierda. Y esta es una interpretación de las ideas de Marx y Engels en su Manifiesto Comunista. Pero existen interpretaciones de esta teoría política: el marxismo ortodoxo, el leninismo, el maoísmo, el castrismo y por supuesto el humanismo mexicano. Pero Mario Salgado, titular de la Secretaría de Educación Pública lo tomó literal. Pensó y ordenó reducir el número de días de clases y así cumplir coherentemente la máxima marxista. El pasado domingo –de esos días no se cocina en casa- fui a comprar comida. Había otros clientes. Y uno preguntó, con la reducción de los días de clases, qué iba a hacer con sus hijos de primaria. Quién los iba a cuidar y que los maestros estarían felices por adelantar e incrementar sus días de vacaciones. ¿Me permite refutarlo, pregunté? a finales de los años cincuenta del siglo pasado, se dio el primer paro de labores. Salí en defensa de los docentes porque mi madre fue profesora de primaria, mi hermana mayor de educación básica y secundaria. La otra impartió cátedra por un tiempo en Universidad Nacional Autónoma de México y yo en la Universidad Autónoma de Chihuahua. Así que, ignorante sobre el tema, no lo soy. En fin, mi progenitora me platicó que cuando decidieron hacer ese primer paro de labores, ella se preguntaba ¿de qué servirá? ¿a quién vamos a afectar? Las empresas pierden dinero, sea el caso, pero ¿quién se iba a preocupar de que sus hijos no fueran a la escuela? Mejor para ellos, pensó. Pero cuando inició la interrupción de la asistencia a clases, los padres de familia protestaron porque, reflexionaba mi mamá, los centros escolares son guarderías con cuidadoras gratuitas. El comensal mencionado anteriormente me dijo “¿gratuita? Sí cómo no”. Bien, le comenté, entonces contrate a una institutriz que se encargue de sus hijos esos quince o veinte días. “Ah, no, me cobraría muy caro”. Mi otra hermana decía “a veinte alumnos los educamos, a treinta los cuidamos y a cuarenta o más los soportamos”. Y es que quien no ha ejercido la docencia, no tiene idea lo que es tener frente a sí a cuarenta o cincuenta alumnos de cualquier nivel. Ahora bien, en los semestres que inician en enero, lo primero en que nos fijamos era cuándo serían las vacaciones de Semana Santa. No para ir empacando, sino porque si llegaban muy cerca de mayo, tendríamos que acelerar al máximo porque en este mes hay días de asueto a diestra y siniestra. El día 1, día del trabajo, el 5 de mayo, Batalla de Puebla, el 10 día de la madre, el 15 día del maestro, el 23 día del estudiante y sume usted los puentes. La otra razón es que las vacaciones son para los educandos, deben tener periodos de descanso. Si la educación, la Cuarta Transformación la ha descuidado, imaginen salones de clases atiborrados de alumnos sin aire acondicionado o en su caso sin calefacción. Además, los docentes deben acudir a academias, preparar el siguiente ciclo escolar, cursos de actualización y recuperación, etc. Nosotros, hemos solicitado que los calendarios escolares no se decidan unilateralmente en un escritorio desde la Ciudad de México, sino que fuesen por regiones. En esta época, por ejemplo, en el norte hace muchísimo frío, vamos a recorrerlo. En esta otra es temporada de huracanes, vamos a moverlo. Acá hace mucho calor, vamos a instalar aires acondicionados (ja, ja) y así. Pero no. Y no es porque se celebre el mundial y para que los estudiantes vean los partidos. La mitad de la población sí simpatizan con este deporte y a la otra no. La explicación que se me hace razonable es el miedo que le tienen a la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación, que se manifieste y muestre –cumpliendo su amenaza- al mundo cómo tienen bajo su yugo al gobierno. Profesores capaces de bloquear estadios daría una imagen falsa de México porque oficialmente aquí no se pueden cerrar calles impunemente, ni cercar vías, ni tomar Avenida de la Reforma como en 2006. Somos un país pacífico, obediente de las leyes y de la autoridad, disciplinado y respetuoso con los derechos de los demás. Y eso es lo que el mundo debe ver un México moderno donde nadie protesta porque los mexicanos somos felices, felices, felices. Mi álter ego lo resalta: los americanistas somos humildes en la victoria y más en la derrota.