El interés del que suscribe por los sistemas de energía alternativa es de larga data. Esa inquietud me llevó primero al estudio del tema y, más tarde, a la instalación de paneles fotovoltaicos en mi propio domicilio. En las condiciones actuales del mercado eléctrico, estoy convencido de su pertinencia y viabilidad: alrededor del 90% de la energía que demanda un hogar chihuahuense —tanto en verano como en invierno— puede ser cubierta por la irradiación solar. Además, el ahorro líquido permite amortizar rápidamente la inversión fija. Esta experiencia personal ha nutrido diversos artículos publicados en esta casa editora, como desarrollé en mi texto Calor extremo y viabilidad de tecnologías alternativas (julio de 2024, disponible en línea).
Conviene recordar que el mercado de la energía eléctrica para consumo domiciliario en Chihuahua opera bajo un esquema monopólico: la Comisión Federal de Electricidad es el único proveedor autorizado, y las tarifas residenciales —reguladas por la CRE— presentan variaciones estacionales pronunciadas. Durante el verano, el uso intensivo de aire acondicionado eleva el consumo; en invierno, ocurre algo similar con la calefacción eléctrica en zonas sin acceso a gas. En este contexto, el usuario doméstico es un actor cautivo: no puede elegir proveedor ni negociar precios, y la única vía real para reducir su factura es disminuir el consumo o generar parte de su propia energía. De ahí que la generación distribuida, especialmente mediante paneles solares, se haya convertido en una alternativa racional y económicamente estabilizadora para miles de familias.
En aquel artículo señalé que las celdas fotovoltaicas, agrupadas en paneles, son dispositivos capaces de convertir la energía solar en electricidad, ya sea para uso autónomo o interconectado a la red pública. Sus aplicaciones están ampliamente difundidas en entornos rurales y urbanos: desde la alimentación de bombas para abrevaderos o la electrificación de cercos, hasta el suministro doméstico para electrodomésticos, radiocomunicación y, en algunos casos, redes locales de telecomunicación impulsadas por gobiernos municipales.
Una ventaja adicional es la interconexión con la red pública, que permite optimizar la operación del sistema doméstico y reducir costos. No obstante, el costo inicial de instalación sigue siendo una barrera para amplios sectores de la población. Por ello, en su momento recomendé que los órdenes de Gobierno municipal y estatal definieran políticas de apoyo para facilitar la adopción de paneles fotovoltaicos y aerogeneradores, especialmente entre familias de menores ingresos. También subrayé que, aunque la instalación parezca sencilla, es indispensable contar con asesoría técnica especializada.
Hoy corresponde reconocer el esfuerzo de la Presidencia Municipal de Chihuahua, que a través de la Dirección de Desarrollo Rural ha puesto en marcha el “Subsidio de Paneles Solares para Hogares de la Zona Rural” (https://www.municipiochihuahua.gob.mx/ccs/convocatorias). Se trata de una medida pertinente y oportuna.
El programa presenta, sin embargo, una restricción importante: está dirigido únicamente a viviendas que ya cuentan con servicio eléctrico contratado con la CFE. Esto excluye a los hogares desvinculados de la red pública, que dependen de sistemas autónomos para climatización, conservación de alimentos o radiocomunicación. Conviene recordar, no obstante, que la mayoría de la población rural del municipio sí está conectada a la red eléctrica, y en conjunto representan alrededor del 1% de la población total.
Queda abierta la expectativa de que el número de “paquetes” disponibles sea suficiente para atender la demanda real de los hogares interesados. La iniciativa es correcta y merece reconocimiento.
Enhorabuena.
