“No es tu culpa. El control, no es amor. Los golpes, no son caricias. Los insultos, no son adulaciones. La manipulación, no es comprensión”
Violencia doméstica, el horror entre cuatro paredes. En México, según el Informe más reciente de Incidencia Delictiva del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP), este delito escaló 1.9% en los primeros cinco meses de 2026, un promedio de 750 denuncias diarias. Siendo focos rojos por volumen, la Ciudad de México, con 11 mil 845 carpetas; EdoMex, con 11 mil 317; Nuevo León, con 10 mil 080, y Guanajuato, con 7 mil 308. Estas cuatro entidades concentran el 35.8% del total nacional, equivalente a 40 mil 550 casos.
Además, según el documento, otros delitos relacionados con agresiones contra mujeres, como el hostigamiento y el acoso sexual, siguen en aumento. Los reporte de auxilio al 911 pasaron de 6 mil 058 en 2018 a 12 mil 985 en 2025, más del doble. Ciertamente, una llamada a los servicios de emergencia no equivale a una denuncia formal ante el Ministerio Público, pero es el reflejo innegable de una crisis social que no podemos ignorar.
El alza constante convierte a la violencia familiar en uno de los delitos con mayor incidencia en el país, consolidando una tendencia que se disparó durante la última década, en 2015 se contabilizaron 127 mil 424 casos; para 2025, se elevó a 266 mil 760 carpetas de investigación, más del doble de lo reportado 10 años atrás. Las agresiones dentro del entorno familiar se incrementaron de manera sostenida principalmente a partir de 2019, epoca de la pandemia de COVID-19.
El reporte oficial, con corte al 31 de mayo de 2026, reúne información de las carpetas de investigación iniciadas por las fiscalías estatales y de las llamadas realizadas al número de emergencias 911, con el propósito de dimensionar la magnitud de la violencia que enfrentan las mujeres en el país.
¿Por qué es tan dificil denunciar? Especialistas señalan que el terror paralizante hacia el agresor es el principal obstáculo para denunciar. Los temores sobre lo que pueda ocurrir al iniciar un proceso legal o intentar terminar la relación son fundados, lo que provoca que la víctima resista el maltrato aunque este empeore. A este panorama de incertidumbre se suman la vulnerabilidad económica, el aislamiento social y la preocupación por el bienestar de los hijos.
Denunciar implica reconocer que eres víctima de un delito por parte de quien debería ser tu compañero, el padre de tus hijos y tu proyecto de vida. A este dolor se suma el enorme desafío de empezar de cero a nivel personal, laboral y social. Además, el proceso se complica porque la violencia, el control y los celos suelen normalizarse; un desgaste psicológico que termina haciendo que la víctima se sienta culpable de la situación.
Las barreras institucionales y las fallas del sistema judicial son un freno determinante para las mujeres, evidenciando un problema sistémico ante estadísticas alarmantes. Si bien existe un derecho a la denuncia segura, su ejecución falla. Las autoridades suelen desacreditar a las víctimas si existen inconsistencias, juzgan su conducta y actúan bajo prejuicios misóginos, provocando un ciclo de revictimización.
Las mujeres, independientemente de la ideología partidaria, religiosa y/o académica, tenemos la obligación de seguir luchando por alcanzar la igualdad sustantiva, se lo debemos a nuestras hijas, madres, abuelas, nietas, hermanas, amigas, compañeras de trabajo, entre mujeres, jamás justifiquemos el acoso o las violencias hacia otras mujeres, ni dudemos de sus testimonios, decir "ella se lo buscó" no tiene nombre. La red de apoyo y la denuncia son herramientas vitales para frenar la violencia de género. Como dicen las voces sobre la prevención del abuso: “No es tu culpa. El control, no es amor. Los golpes, no son caricias. Los insultos, no son adulaciones. La manipulación, no es comprensión”. Sumemos Voces.
