“Hemos destronado la palabra para coronar a la imagen”
Querida carta: Espero que mejore tu salud después de tantos años que has enfrentado serias complicaciones que te mantienen en estado delicado y mejor dicho, grave. Ni te he visto ni tengo noticias nuevas y buenas de ti. Ya ha pasado mucho tiempo que, en lugar de recuperarte, vas empeorando. Me da mucha pena y me preocupa que mientras vas desfalleciendo el mundo te ignora. Tus centros de recepción y reparto prácticamente han desaparecido y con ello, el bullicio de cada día a primera hora de la mañana donde los carteros organizaban las entregas por zonas o colonias y luego salían a repartir las buenas, las malas y las peores en un batallón de bicicletas.
No es que sea nostalgia, aferrarse al pasado o aún más, ser un obstinado que reniega de los tiempos que vivimos donde internet y las redes sociales te han sustituido de una manera muy práctica, fácil y rápido sin tener que pagar extra por el servicio de entrega inmediata o una carta certificada. Entiendo y acepto los cambios a nombre del progreso y simplificación administrativa.
Lo que me sorprende es que también hemos estado simplificando el uso de la escritura, la lectura y el ejercicio de expresar nuestros sentimientos y emociones con palabras que es la principal herramienta que tenemos los humanos Hoy con un “tqm” abreviamos todo lo que un corazón humano puede querer. Con un “ntp” eliminamos una preocupación o interés especial de una persona. Supuestamente ahorramos papel, pero eliminamos expresiones de ideas y sentimientos. Evitamos que lo que brota de la imaginación y creatividad no tenga salida por la palabra escrita, por la lectura activa y sobre todo, por la aceitada que significa para el cerebro de la cultura lecto-escritora que es la base del raciocinio.
Con la desaparición de las cartas, se han ido abandonando los majestuosos edificios de correos en las grandes ciudades, así como las modestas oficinas postales de cualquier pequeño poblado. De hecho, la oficina postal era un referente en todo pueblo, similar a la plaza principal o la iglesia, porque era el enlace y conexión oficial, de negocios, familiares y por supuesto relaciones románticas, que hoy son fríamente “contactos”, quelantes, crush o pretensos.
Las distancias se acortaban por cartas y los enamorados expresaban de su puño y letra y con la otra mano en el corazón, el amor, la nostalgia y el deseo de estar cerca -en persona- con la otra parte. De hecho, era una de las principales promesas de cuando un integrante de la pareja tenía que viajar el no dejar de escribirse.
Y por supuesto, mucho más que escribir y plasmar palabras en un papel con gran carga de significado que es el verdadero valor de las palabras, estaba el ejercitar de manera activa el cerebro. Para escribir se debe conectar la mano con el cerebro, así como para leer se debe hacer lo mismo, conectar la vista con el cerebro que nos permita codificar y decodificar los símbolos de las letras que forman palabras y éstas, estructuran ideas y pensamiento.
La lectura y la escritura son pilares fundamentales del pensamiento crítico, el desarrollo de conceptos e ideas y en última instancia de la democracia misma, es como lo defendió magistralmente el italiano Giovanni Sartori, (Homo Videns: la sociedad teledirigida, 2019, Ed. Penguin Random House) quien años antes de morir, lanzó a los cuatro vientos su alarma -no alertade que entramos en declive al dejar de ser homo sapiens (hombres de sabiduría) para meternos en una botarga de homo videns (hombre que vemos), al sustituir la cultura escrita por la cultura audiovisual.
Por eso, querida carta, sigues en agonía y no hay mejoría, aunque en el fondo, los que estamos en agonía lectoescritora somos los humanos.
Sartori, durante años se dedicó a investigar, escribir y publicar estudios sobre sistemas políticos, clasificando gobiernos democráticos y dictaduras, pero hizo un alto sorprenderte por los efectos nocivos del avance de una cultura audiovisual (solo oír y ver) que han sido uno de los principales factores de la modificación antropológica que padecemos. Si, así es querida carta, un cambio importante en el proceso del cerebro humano, porque para leer y escribir requerimos de un esfuerzo mental. La cultura escrita, como escribir cartas, basada en la palabra, permite el desarrollo del pensamiento abstracto. Y para solo ver, no se requiere el uso de la razón.
Y lo relacionaba con la democracia porque al leer y escribir en ese gran misterio y milagro del cerebro humano se desarrolla la capacidad de abstracción que nos permite manejar conceptos que no tienen un referente visual inmediato como justicia, libertad, democracia o soberanía. Una democracia requiere ciudadanos capaces de deliberar, comprender ideas complejas y sopesar argumentos, lo cual depende de un lenguaje preciso y bien definido.
Por eso, Sartori, de los mejores conocedores y estudiosos de los sistemas de gobierno visualizaba que abandonar la cultura lectoescritora, de leer y escribir, es un riesgo hasta para la democracia porque hemos perdido la capacidad de abstracción e ignoramos valores.
Me pregunto estimada carta, ¿cómo sería el dibujo de una democracia? ¿o el color de la libertad?, ¿qué forma tendría la justicia? Dejar de leer y escribir, es dejar a un lado conceptos, palabras, ideas y lo hemos sustituido por ver, ver y mucho ver. Por eso, muchos populismos exageran el uso de medios visuales, como la televisión, para promocionarse en abierta propaganda, aprovechando la pereza mental de leer y por lo tanto no tener conceptos complejos.
Este homo videns, hombres que solo ven, son las personas que ven sin entender; que con la imagen quieren entender la realidad, estableciendo que la apariencia es la primacía de nuestro mundo. La palabra está siendo destronada y hemos coronado a la imagen, lo que implica una atrofia mental. Así como está escrita: atrofia, porque órgano que no se usa se atrofia.
Si dejamos de escribir y leer, que son funciones mentales, dejaremos de usar el cerebro y el resultado es totalmente predecible. Según Sartori, la televisión y los medios audiovisuales están destronando a la palabra y, con ella, la capacidad de abstracción. La imagen se ve y eso es suficiente, por lo que ha aparecido el término de pensamiento visual, o sea, pensamos por lo que vemos, no por lo que razonamos.
La otra preocupación de Sartori
fue el surgimiento de una nueva generación producto del homovidens, que son los videoniños, que así los llama, que son los infantes que antes de aprender a leer y escribir ya tienen acumuladas horas, meses y hasta año de horas-televisión u horaspantalla. Creen que aprender es ver, su mundo es la pantalla y no se les instrumenta el desarrollo mental.
Eso veo mi querida carta que es una de las razones de tu arrinconamiento y abandono. Si las cartas mueren, mueren los carteros, muere la escritura y la lectura.
Esa es la principal dolencia de tu grave enfermedad. Los síntomas van carcomiendo a las nuevas generaciones, a los jóvenes y ahora hasta los viejos que han encontrado en la tecnología el pretexto para dejar de ejercitar el cerebro.
Me sería muy difícil e irreal desear tu pronta recuperación, porque eso lo veo ya imposible. No me resigno a ir preparando tus funerales que prácticamente ya están los detalles y lo más triste es cuando llegue el momento del desenlace, nadie se dará cuenta, ni esquelas u ofrendas florales te enviarán. Es más, ni siquiera se darán cuenta.
Tu recuerdo será que sólo se sigue usando tu nombre como referente o etiqueta como firmar “cartas de intención” para pactar acuerdos entre instituciones; “cartas de navegación” para vuelos o barcos; cartas del menú en restaurantes; “cartas marcadas” para los juegos de los políticos; “cartas a Eufemia”, canción que hizo famosa Pedro Infante.
Querida carta, me hubiera gustado que hubieras preparado ante esta debacle cartas bajo la mesa, para dar una grata sorpresa, pero no.
Nos dejas un legado de siglos de conocimientos, investigación, transmisión de emociones, sentimientos y de inspiración. Nos dejas el haber sido motor y promotor de razonamientos, de buscar palabras para jugar con ellas, del uso de la principal herramienta que tenemos los seres humanos: el lenguaje.
Pronto descansarás en paz…
