Ciudad de México.- El pasado 15 de diciembre, el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump firmó un decreto donde clasifica al fentanilo como arma de destrucción masiva y por tanto es una amenaza global que debe combatirse con todas las acciones bélicas necesarias.
No se trata de un asunto menor y tampoco de algo que pueda resultar ajeno a México, por el contrario, nos atañe y tiene repercusiones de inmediato. Luego de lo sucedido en Venezuela y la forma como el gobierno de Trump fue armando todo un escenario legal para ir por Nicolás Maduro: acusándolo primero de narcotráfico, luego lo señaló de narcoterrorismo y poniendo precio a su cabeza con la recompensa más alta en la historia de Estados Unidos –incluso más alta que la ofrecida por Osama Bin Laden--, también lo puso al frente de un cártel de drogas al que denominaron “los soles”, apostó toda una fuerza armada frente a las costas venezolanas en el Caribe y luego de varios meses de preparación, finalmente el 3 de enero entraron por él y en una operación militar que duró 18 minutos lo sacaron y ahora ya está en Estados Unidos en la cárcel y sujeto a proceso. El gobierno de Donald Trump no se precipitó y más allá de si la acción fue una violación a la soberanía de Venezuela, lo que aquí se precisa es que hicieron todo acorde a sus leyes y con ello justificaron la captura del dictador venezolano. Ahora, clasificar al fentanilo como arma de destrucción masiva no es un asunto menor, es empezar a construir los escenarios legales para justificar acciones militares en cualquier país al que señalen como productor de esa droga sintética. Unas horas después de la captura de Nicolás Maduro, Donald Trump se refirió directamente a México y a su presidente cuando señaló: “En México gobiernan los Cárteles de la droga y su presidente tiene miedo”; esa aseveración abrió la puerta a las especulaciones en torno a una eventual intervención armada en territorio mexicano para ir por los capos productores de esa droga. Apenas el jueves 8 de enero, Donald Trump volvió a la carga y anunció que su gobierno se prepara para una nueva fase de acciones contra los cárteles del narcotráfico, donde incluye operativos en tierra que vendrían a sumarse a las acciones militares que las fuerzas armadas de Estados Unidos ya realizan en rutas marítimas del Pacífico y del mar Caribe. El gobierno de Claudia Sheinbaum ha mantenido la postura de que la soberanía de México debe respetarse, pero la determinación de Trump parece estar por encima de esa postura y él sigue insistiendo que en nuestro país hay panorama “muy triste” y achaca 300 mil muertes anuales de estadounidenses al ingreso de estupefacientes a su país, un argumento usado para clasificar el fentanilo como arma de destrucción masiva. No puede olvidarse que el 2025, Estados Unidos con la cooperación de Israel, bombardearon laboratorios donde se enriquecía Uranio en territorio de Irán; la acción se enmarcó precisamente en que el enriquecimiento del uranio es el paso final para acceder a armas atómicas y eso representaba una amenaza a su seguridad nacional, pues se trata de un arma de destrucción masiva. No necesitó la autorización del Congreso norteamericano, no fue necesario un trámite burocrático para movilizar a sus fuerzas armadas, bastó con asegurar que el poder atómico en manos de los Ayatolas era una promoción al terrorismo en el mundo y con eso bastó para el operativo militar que destruyó los laboratorios; no los invadieron, no les declararon la guerra, simplemente actuaron conforme a las facultades que les dieron sus leyes y bombardearon esas instalaciones. Ahora, con el fentanilo clasificado como arma de destrucción masiva, el gobierno de Trump tiene las herramientas legales para iniciar acciones militares en cualquier parte del mundo, algo que tiene un impacto directo en México. El expresidente Andrés Manuel López Obrador, en algún momento de su mandato, dijo que México no producía fentanilo y acusó a China de ser el fabricante de esa droga, dejando a nuestro país como un mero corredor de acceso a Estados Unidos, pero el tiempo se ha encargado de desmentirlo. En entidades como Sonora, Sinaloa, Chihuahua, Jalisco, Michoacán y Durango, se han encontrado laboratorios donde se fabrica esa droga y si bien muchos de los precursores químicos necesarios para la fabricación provienen de China, lo cierto es que hay todo un sistema de producción a gran escala. Esto le da a Estados Unidos el pretexto perfecto para lanzar ataques a los grupos criminales que producen y luego llevan ese fentanilo a su territorio; al igual que en Irán o en Venezuela, no se trataría de una invasión, serían más bien intervenciones quirúrgicas que se apuntalarían con el uso de tecnología bélica –como drones o ubicación satelital e intervención de comunicaciones telefónicas—para lanzar ataques muy específicos contra instalaciones y personas focalizadas. Claudia Sheinbaum insiste que México no tolerará la presencia de fuerzas armadas extranjeras en su territorio, pero esa advertencia no necesariamente es un freno total a las intenciones de Donald Trump. La cuestión en este tema es si México finalmente aceptará cooperar en los términos planteados por Donald Trump o si, por el contrario, se mantendrá la postura de que respeto a la soberanía nacional, seguirá ofreciendo cooperación, pero se negará a la intervención militar. Y aunque duela a muchos, lo cierto es que el gobierno de México está rebasado por los cárteles e incluso está infiltrado, de ahí que Estados Unidos opte mejor por acciones unilaterales de alto impacto, antes que alertar a los cárteles de las drogas de las acciones a emprender. No le extrañe que dentro de un tiempo relativamente breve nos enteremos de un bombardeo con drones, de un ataque directo contra determinado personaje y de pequeños grupos armados que secuestraron a tal o cual capo de las drogas; solo hay que esperar un poco.