Antes de entrar propiamente al tema que habré de tratar, quisiera enviar buenas vibras a mis amables lectores, con los mejores deseos de prosperidad para ustedes y sus familias, con motivo del año que estamos iniciando.

Ya son varios años en los que venimos padeciendo una mal llamada transformación, durante la cual hemos ido de mal en peor. Acumulan yerros como si fueran coleccionistas de objetos. Y si bien es cierto, que ya mucha gente está despertando a ver la realidad, todavía quedan muchos cegados, solo por recibir dinero en la comodidad de su hogar.

Por mucho menos, en otros tiempos y/o en otros lugares, si en un suceso aislado se reportan 14 muertos, ya se estaría exigiendo la renuncia del gobernante. No entiendo por qué en México dejemos pasar una y otra y otra y otra.

Unos vagones del Tren Interoceánico se descarrilaron, provocando el fallecimiento de 14 personas; conforme a las cifras oficiales que reporta la Semar (Secretaría de Marina), lo cual dudo, porque no les creo nada en absoluto. El “accidente” ocurrió entre la población de Nizanda y Chivela, en Oaxaca, el pasado domingo 28 de diciembre (pareciera nota de broma por el “día de los inocentes”, pero fue una cruenta verdad).

México está en luto, de manera permanente. Está considerado uno de los tres países más peligrosos del mundo. 9 mujeres desaparecen al día. Hay homicidios por doquier. Personas muriendo en los hospitales por falta de insumos y medicamentos. Sigue habiendo desnutrición en la Sierra Tarahumara y en infinidad de localidades indígenas en todas las entidades. La tasa de mortandad se incrementa año con año; en 2024, fue de 6.7 personas fallecidas, por cada mil habitantes. (2.5% más que en 2023).

¿Aunado a lo anterior, se presentan muertos, por “culpa del gobierno”? Desearía que la respuesta fuera NO. Un no rotundo.

Sin embargo, así es, porque hay que decirlo fuerte y claro: ese tipo de “accidentes”, como lo del tren, era bastante previsible, ES CULPA DEL GOBIERNO. Pudo evitarse, si estuviera construido con materiales de calidad. No debió pasar, si no hubiese tanta corrupción y mal manejo de recursos, por parte de los contratistas del gobierno federal; entiéndase los hijos y sobrino de Andrés Manuel López Obrador y sus amigos. A quienes solo les interesa obtener su “moche”. Escatiman en el equipamiento para la construcción de obras. Las propias víctimas del descarrilamiento, evidenciaron como es que había “durmientes” de cemento y otros de madera podrida y vieja.

El hecho significó cientos de familias enlutadas o sufriendo, velando a sus muertos o con parientes hospitalizados. Así hubiera sido un solo muerto, hay culpables, con nombre y apellido. Algunos medios de comunicación han documentado la magnitud de las “transas”, de los López Beltrán, de Olán, y toda esa bola de delincuentes. Mientras que la señora Presidenta, argumenta que no hay razón para investigarles, mientras no haya denuncias. Qué buena idea nos está dando.

Si no fuera porque la Fiscalía está bajo su control y que los jueces y magistrados “a modo”, son morenistas, yo sugeriría que todas y todos los mexicanos de bien, nos presentáramos frente a la autoridad a denunciar. Evidencias debe haber muchas. O creo que pudiéramos recurrir a marcar a algún número de denuncia anónima. Que reciban millones de llamadas diciendo: “los culpables del descarrilamiento fueron los hijos de AMLO”, esos innombrables e impresentables, corruptos, vividores, huevones.

Ya es momento, de poner en su lugar a los delincuentes, tras las rejas. Momento de que el gobierno verifique que la poca obra de infraestructura que construyen, sea de calidad y duradera. Ya es momento, de dejar de proteger al peor presidente. Momento de que las y los mexicanos dejen de solapar la ineficiencia y la insolencia.

Ya es momento…