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Cuando el Estado desatiende su obligación constitucional de proteger a sus gobernados, no le sirve a los ciudadanos e incumple la carta magna.
Y cuando el régimen oculta hechos, invisibiliza a los muertos por violencia, desinforma a los deudos de las víctimas y confunde a la población con información falsa, maquillada y sesgada es cómplice de quienes cometen los crímenes.
Ya entramos en la cuarta semana desde que un comando criminal ingresó a los dormitorios de trabajadores mineros en una localidad del convulso estado de Sinaloa, llevándose a 10, de los cuales sólo han recuperado e identificado los restos de 5.
La presidenta y el secretario de Seguridad Pública Federal se enteraron poco después de ocurridos los hechos, debido a que las fuerzas armadas y de seguridad ciudadana mantienen presencia especial desde que estalló el pleito interno entre uno de los grupos terroristas más violentos del planeta.
Con la frialdad que caracteriza a la presidenta y el juego maniqueo de la seguridad con el que se conduce Omar García Harfuch, apenas si tocaron el tema en una de las mañaneras. Minimizaron los hechos y se zafaron con el clásico “ya se está investigando”.
Cuando las noticias corrieron como reguero de pólvora porque los familiares de las víctimas y habitantes de los pueblos mineros de la frontera sinaloense con Chihuahua y Durango decidieron hablar, aun y cuando las autoridades federales les pidieron silencio para no entorpecer las “investigaciones”, es que la federación anunció la detención de 4 presuntos involucrados en la desaparición de los mineros.
En la medida que la presión de familiares y el gremio de mineros aumentaba, el Ejecutivo federal quiso despresurizar con el hallazgo de pertenencias y fosas, y la localización de restos humanos de uno de los mineros privados de la libertad.
A cuenta gotas en las mañaneras fueron anunciando de uno en uno hasta llegar a tres la identificación de trabajadores de la mina canadiense Vizsla.
La tardanza en las investigaciones y al aumentar la mención de los hechos en diversos medios de comunicación regionales y de alcance nacional, obligó a la Presidencia y al Secretariado Ejecutivo Federal de Seguridad Pública a anunciar “avances”.
Con toda la desfachatez del mundo, García Harfuch salió con la típica salida de las autoridades para lavarse las manos y eludir su responsabilidad: “los confundieron”. Uno de los grupos criminales antagónicos que controlan Sinaloa, pensó que eran del bando contrario, subrayó el super policía federal.
Después de varios días de zozobra, angustia, desesperación y dolor de los familiares de las víctimas, las investigaciones arrojaban como resultado de las mismas la identificación de 5 de los 10 mineros desaparecidos.
A contrapelo de la realidad que golpea al país en materia de seguridad y en medio de la exigencia por la aparición de los trabajadores mineros, la titular del Ejecutivo federal, Claudia Sheinbaum Pardo, celebraba con sus datos oficiales la reducción del 42% de los homicidios relacionados con el crimen organizado, en comparación con el último año de su predecesor López Obrador.
Sin cuidar las formas y sin el más mínimo respeto por el duelo de las familias que perdieron a un hijo, hermano, padre o amigo el fatídico día en la comunidad de Concordia, la presidenta echaba mano del cálculo político y electoral contrastando en su mañanera un supuesto éxito del combate a la inseguridad y las nimias cifras de muertos relacionados con el crimen organizado.
Peor aún, sin reconocer las fallas del régimen ni la responsabilidad constitucional que juraron guardar de proteger a los ciudadanos de este país, Sheinbaum y Omar García se lavaron las manos al echarle la culpa de los hechos a otra -entre miles y miles- confusión entre bandas rivales del crimen organizado.
Van 22 días que desaparecieron a los mineros y sólo han localizado y reconocido a 5 de ellos, a los otros 5 los buscan entre cientos de restos humanos que desenterraron de varias fosas de la zona minera sinaloense.
No sorprende que las investigaciones de esta barbarie se hallan ralentizado, esto en comparación cuando se trata de víctimas consanguíneas e influyente del régimen actual en los que la justicia es más pronta que expedita.
Mientras la presidenta y el super policía federal maquillan su estrategia de seguridad y voltean al lado contrario de las masacres y barbarie frecuentes, México está de luto permanente por la muerte de sus hijos, de los honestos, inocentes y trabajadores, pero también de aquellos que se pierden en las filas del crimen organizado porque el Estado es incapaz de garantizar un ambiente propicio para las oportunidades.
Ayer marché junto otros centenares de personas en esta ciudad capital para solidarizarme con las familias que perdieron a sus seres amados, y también en apoyo a mis seres amados que abrazaron profesiones ligadas a una de las actividades más antiguas de la humanidad como lo es la minería.
De todo corazón expreso mis condolencias a los padres, hijos y hermanos de los mineros a los que les quitaron la vida y les negaron el derecho de regresar a casa.
Pido porque sean encontrados los otros cinco que faltan y también aquellos que tampoco han regresado a casa. Que sus familiares tengan la oportunidad de localizarlos y los lleven de regreso, aunque sea a su última morada.
Sé que nadie aprende en cabeza ajena, pero que esta lección nos sirva para que, cada quien, en conciencia, haga algo al respecto para que cambiar el trágico rumbo que han tomado las cosas en México.
También por ti Tony.
Es cuanto.
