«El martes, El Diario de Juárez llega al medio siglo de existencia. Esfuerzo periodístico tan prolongado solo merece el más amplio reconocimiento a sus trabajadores (los de la redacción y los participantes de la parte técnica, aquella que le permite a los lectores acceder a la versión impresa y la digital) y a su cuerpo directivo -directores y administradores- y en especial a su Director General, Osvaldo Rodríguez Borunda, que gracias a su terquedad y tino empresarial hizo posible que ustedes puedan acceder a su edición 2 mil 700 -aproximadamente, porque en muy escasas ocasiones no salió a la luz alguna de ellas- ¡Larga vida a El Diario!

Po’s de todo da el libro escrito por Jorge Fernández Meléndez, con las vivencias de Julio Scherer Ibarra, «Ni venganza, ni perdón. Una amistad al filo del poder», muchas de ellas implican, además de la probable comisión de múltiples delitos por los actores mencionados en ellas, daño al patrimonio de la nación y a millones de mexicanos.

Entre éstos se encuentran, a juzgar por el testimonio de Scherer, el nombramiento al cargo de Secretario de Agricultura del gobierno anterior, de Víctor Villalobos, un muy grande grupo de chihuahuenses, debido a que el control sanitario que debería ejercer el gobierno, fue prácticamente suspendido por el expresidente, bajo el sambenito que debería permitirse la mayor entrada de ganado extranjero, para bajar los precios de la carne.

Andrés Manuel López Obrador ordenó quitarle el presupuesto a los controles de sanidad animal.

Esta es la parte referente:

«También estaba Víctor Villalobos, en Agricultura, que tenía muy claro lo que debía hacer. Fue mi consuegro, un hombre muy eficaz, que al final del gobierno tuvo diferencias con Andrés Manuel porque en temas sustantivos como el de la sanidad animal, Andrés decía que eso no se necesitaba, que solo era un gastadero de dinero. Víctor, en cambio, argumentaba siempre que sin sanidad nos bloquearían la frontera con Estados Unidos y que se necesitaba una cultura de sanidad animal para que no tuviéramos ninguna bronca con las vacas importadas y la carne exportada. Y eso fue, finalmente, lo que sucedió». (pps. 122-123, versión digital)

Dos años antes, Francisco Javier Trujillo Arriaga, quien llevaba más de 30 años como funcionario del Servicio Nacional de Sanidad, Inocuidad y Calidad Agroalimentaria (SENASICA) durante los Gobiernos de Vicente Fox, Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto, pero solo en el gobierno de AMLO, de diciembre del 2018 a 2022, como Director en Jefe de la dependencia, fue despedido por el presidente, sin más argumentos que llevaba «más de 30 años en el cargo», lapso en el que México alcanzó el más elevado status sanitario que le permitió al país elevar sus exportaciones en esta materia, y que se oponía a la libre importación de carne.

Le pasaron mal el dato al entonces presidente (que poco le importaban las falsedades que lanzaba y las repercusiones de ellas), el Director Jefe de SENASICA durante los gobiernos de Calderón y Peña Nieto fue el MVZ, Enrique Sánchez Cruz.

Esa dependencia es la encargada de proteger los recursos agrícolas, acuícolas y pecuarios de plagas y enfermedades de importancia cuarentenaria.

También regula y promueve la aplicación y certificación de los sistemas de reducción de riesgos de contaminación de los alimentos y su calidad agroalimentaria, para facilitar el comercio nacional e internacional de bienes de origen vegetal y animal, es, además, la encargada de proteger la sanidad animal en México, lo que incluye la prevención, control y erradicación de plagas, destacando actualmente la del Gusano Barrenador del Ganado.

Dos fueron los argumentos usados por López Obrador para que renunciara: Que llevaba una muy larga trayectoria en la dependencia y que se opuso a la la libre importación de carne proveniente de otros países, pues el presidente buscaba bajar los precios de la carne.

Argumentó que no se debía utilizar la ‘cuestión’ de sanidad como un mecanismo para mantener aranceles e impedir la importación.

Además, como lo hizo en muchas ocasiones y con muchos actores, lo acusó de que su permanencia se debía a la ‘defensa’ que de él hacían los ‘grandes productores’.

México había logrado erradicar el gusano barrenador en 2003 y el último estado en lograrlo había sido Chiapas. Esto le había permitido, aprovechando el Tratado de Libre Comercio, ahora Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (TMEC), incrementar el comercio bilateral de proteína animal entre México y Estados Unidos a un mil 59% en valor y 483% en volumen.

Las consecuencias de esas decisiones han sido catastróficas para la ganadería mexicana, especialmente la exportadora, pues la presentación de, ya, cientos de casos del Gusano barrenador originó que el gobierno norteamericano cerrara la frontera a la importación de ganado mexicano, lo que le había causado a este sector, hasta julio pasado, la pérdida de 400 millones de dólares. (Nota de Jassiel Valdelemar, El Financiero, 10/7/25).

La medida del gobierno norteamericano, no tiene explicación pues no regionaliza, cosa en la que productores y gobiernos -federal y estatales- han insistido debido a que Sonora, Durango, Coahuila y Chihuahua no han presentado brotes del gusano y han reforzado sus medidas para evitarlos.

El cierre de la frontera estadounidense al ganado mexicano por el brote de gusano barrenador ha generado pérdidas superiores a los 300 millones de dólares para la ganadería en Chihuahua a finales de 2025, siendo el estado más afectado; en el 2022 Chihuahua exportó más de «200 mil becerros a Estados Unidos y sus ganancias fueron superiores a los 4 mil millones de pesos, más de una cuarta de todo lo que ahora reporta CNOG que está perdiendo el país». (Nota de la redacción, Tiempo, 27/12/25).

Ahora se estiman más de 200 mil cabezas de ganado varadas y una caída del 60% en exportaciones.

Las pérdidas a nivel nacional ascienden a los 700 millones de dólares, de acuerdo con «Homero García de la Llata, presidente de la Confederación Nacional de Organizaciones Ganaderas (CNOG), quien declaró que “dejamos de exportar cerca de un millón de becerros” tras el brote de gusano barrenador». (Ibídem).

Más aún, las medidas de control -exigidas por Estados Unidos con la promesa de reabrir el comercio- encarecieron el proceso productivo pues «representan entre 1 mil 200 y 2 mil pesos más por animal, resultando en un impacto de 3 mil millones de pesos que se traduce en el costo a los productores. (Ibídem).

Pues la carne no bajó de precio en el mercado mexicano, las exportaciones cesaron, algunos miles de empleados de esta industria perdieron su empleo o disminuyeron sus ingresos, los 700 millones de dólares no ingresaron a la economía mexicana ¡Ah, pero Sukarne obtuvo permisos adicionales para importar carne de Centroamérica, ahí que era la fuente de los contagios!

Puras casualidades, el propietario de esa empresa ha estado permanentemente ligado -en la prensa sinaloense- al Cártel de Sinaloa y el gobierno anterior le dio permiso ¡Hasta para venderle carne importada a los estados exportadores, en lugar de comprársela y colocarla en el mercado mexicano!

¿En qué se basó López Obrador para tomar medidas como las que decidió, poniendo fin a décadas de coordinación con el gobierno de EU para la producción de moscas estériles a fin de impedir la llegada del gusano barrenador?

¿De qué le sirvieron los larguísimos trayectos y las múltiples visitas a ‘todos’ los municipios del país, si no fue capaz de aprehender, asimilar, la extrema complejidad de todos los procesos productivos y las repercusiones que se generarían a causa de decisiones sin sustento técnico alguno?

Y cuando un experto le decía que tal o cual medida era incorrecta, lo despedía!

Cierto, las giras de los presidentes de los períodos liberal y neoliberal (Tanto López Obrador, como Claudia, nunca hablan del período ‘liberal’, el de los presidentes anteriores a Miguel de la Madrid) a los estados constituían un auténtico ejercicio de sometimiento, de una auténtica parafernalia presidencialista, pero siquiera se reunían con representantes de los sectores de la sociedad y algo asimilaban, algo escuchaban de las demandas de ellos.

Pero los de la 4T escasamente hablan con protagonistas más allá de sus partidos, estructuras y funcionarios de sus gobiernos ¿No sería bueno que Claudia inicie, en sus recorridos por el país, el ejercicio de reunirse con los gremios, con las organizaciones de la sociedad civil?

Algo aprehendería y, probablemente, no se cometerán los errores de su antecesor.

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