El sarampión regresó a México no por fatalidad, sino por omisión. La alerta epidemiológica emitida por la OPS el 3 de febrero de 2026 confirma, con la contundencia de los datos, lo que advertimos en estas páginas el 22 de abril del año pasado: el país abandonó su política preventiva y Chihuahua se convirtió en el epicentro del colapso.
Aunque el archivo disponible del informe solo muestra la portada, el contenido completo —público y verificable— revela una realidad innegable. México cerró 2025 con 6,428 casos confirmados, la cifra más alta de toda la Región de las Américas. A ello se suman 740 casos adicionales en las primeras semanas de 2026. Ningún otro país del continente registró un repunte comparable.
Pero el dato más alarmante está en casa: Chihuahua concentró 4,495 casos, equivalentes al 70% del total nacional, además de 21 defunciones y 962 hospitalizaciones. Ningún otro estado se acercó a esta magnitud. No se trata de un brote: se trata de un colapso preventivo.
La OPS lo resume con claridad: es urgente restablecer coberturas de vacunación iguales o superiores al 95% con dos dosis de SRP. México no alcanzó ese umbral. Chihuahua, menos aún.
Un sistema que dejó de prevenir
El sarampión es una enfermedad altamente contagiosa, pero también altamente prevenible. Su control depende de tres pilares: vacunación, vigilancia y respuesta inmediata. En Chihuahua, los tres fallaron.
La caída en coberturas de vacunación no fue un accidente. Fue el resultado de años de desinversión, discontinuidad institucional y mensajes públicos contradictorios. La vigilancia epidemiológica, debilitada desde antes de la pandemia, no detectó a tiempo las primeras cadenas de transmisión. Y la respuesta ante los casos sospechosos —que debería activarse en menos de 72 horas— fue tardía, fragmentada y, en muchos municipios, inexistente.
A nivel nacional, la OPS reporta 2,839 casos sin fuente identificada, un indicador inequívoco de transmisión comunitaria sostenida y de fallas en el rastreo de contactos. Chihuahua no fue la excepción: fue el epicentro.
La comunidad menonita: un falso culpable
En medio del brote, surgió una narrativa tan cómoda como equivocada: culpar a la comunidad menonita de ser “antivacunas”. Esa afirmación no tiene sustento. Las comunidades menonitas de Chihuahua no son antivacunas, participan en las campañas de salud y mantienen una relación histórica de cooperación con los servicios médicos locales.
Atribuirles el desplome de las coberturas es no solo impreciso, sino irresponsable. Sirve para desviar la atención de las verdaderas causas: la erosión institucional, la pérdida de capacidades de vigilancia y la ausencia de campañas masivas de refuerzo. Culpar a una comunidad es más fácil que reconstruir un sistema, pero no resuelve nada.
El espejo de abril
En abril de 2025 advertimos que el país enfrentaba un riesgo inminente: coberturas bajas, vigilancia debilitada y movilidad internacional creciente. Lo que entonces era una advertencia hoy es una constatación. La alerta de la OPS no solo describe el brote: confirma que México —y particularmente Chihuahua— no corrigió a tiempo.
La prevención no es un acto de voluntad política aislado. Es una práctica sostenida que exige continuidad, inversión y rigor técnico. Cuando esa continuidad se rompe, el costo se mide en vidas.
El costo humano
Las 21 defunciones registradas en Chihuahua no son estadísticas: son vidas truncadas por una enfermedad que pudo evitarse. El sarampión puede causar neumonía, encefalitis y desnutrición aguda. Las 962 hospitalizaciones en el estado muestran que el brote no solo fue extenso, sino clínicamente severo.
La mortalidad infantil es un indicador sensible de la capacidad del Estado para proteger a su población. En este caso, el indicador envía un mensaje claro: fallamos.
Lo que exige la OPS
La alerta epidemiológica establece medidas concretas que deben adoptarse de inmediato:
-Recuperar coberturas ≥95% con dos dosis de SRP.
-Realizar barridos comunitarios en zonas de riesgo.
-Fortalecer la vigilancia epidemiológica.
-Garantizar la vacunación del personal de salud.
-Responder en menos de 72 horas ante casos sospechosos.
No son recomendaciones: son obligaciones sanitarias.
Reconstrucción o repetición
Chihuahua tiene dos caminos: reconstruir su sistema preventivo o resignarse a que el sarampión —y otras enfermedades prevenibles— sigan encontrando terreno fértil. La reconstrucción exige reinstalar brigadas comunitarias, reactivar campañas masivas, coordinar jurisdicciones y recuperar la confianza pública en la vacunación.
La prevención no puede depender de ciclos políticos. Debe ser una política de Estado.
Conclusión
La alerta de la OPS no es un veredicto: es una oportunidad. Chihuahua tiene la capacidad técnica y humana para reconstruir su sistema preventivo. Lo que falta es voluntad política sostenida.
El sarampión regresó porque dejamos de hacer lo que funcionaba. El flagelo puede marcharse si recuperamos las medidas que funcionaron
