A propósito de la entrada en vigor de la Ley General de Economía Circular, publicada el pasado 19 de enero de 2026, se vuelve necesario dar una visión desde la ciencia, de algunas de sus implicaciones. Para ello debemos reflexionar un poco sobre nuestro actual modelo de producción -consumo de bienes y servicios.
Hoy en día, casi todo lo que consumimos, sea calzado, alimento, vestido, incluso entretenimiento, sigue un proceso de extracción, producción, consumo y desecho, llamado economía lineal. Este modelo consiste en extraer de la naturaleza materias primas vírgenes, transformarlas mediante procesos artesanales e industriales en bienes que serán consumidos principalmente en las ciudades. Una vez que el consumidor satisface su necesidad con el bien adquirido se desecha convirtiéndose en un residuo. Los materiales de desecho ahora deben integrarse a un sistema de manejo de residuos que debe incluir al menos las actividades de almacenamiento temporal, recolección, tratamiento y disposición final. La disposición final consiste en depositar los residuos permanentemente en sitios adecuados para evitar daños al ambiente.
Así funciona el modelo de producción actual, el cual ha sufrido muy pocos cambios desde la primera revolución industrial. Es un modelo que extraer intensivamente materias primas vírgenes y energía de la naturaleza, hace algunos años The Global Reporting Initiative estimaba que 82 mil millones de toneladas de materias primas vírgenes ingresaban al sistema económico. Una parte significativa de estos recursos son desechados en forma de residuos. The Waste Atlas estimó una generación de mil 900 millones de toneladas de basura por año, cifra que nos muestra el nivel de desperdicio del modelo de economía lineal. De mantener estos niveles de extracción de recursos naturales se compromete la capacidad de las generaciones futuras de contar con fuentes de suministro para satisfacer sus necesidades básicas.
Por ello se vuelve necesario hacer una disrupción al actual modelo de producción, para romper el flujo lineal de materiales de la “cuna a la tumba” prolongando su uso, evitando su descarte e impulsando la valorización de los residuos. La Ley General de Economía Circular es un estímulo para transitar a un modelo de economía sustentable, pero antes deben superarse muchos retos.
La Economía Circular se define en la Ley General como un “Modelo económico de Producción y Consumo sostenible que incluye soluciones sistémicas para el desarrollo económico, que disminuyen el impacto ambiental mediante ciclos técnicos y biológicos que permiten la permanencia y reintegración sustentable de los materiales de los productos a la economía, el cual tiene como principios rectores la eliminación de residuos y la contaminación, mantener productos y materiales en uso, así como regenerar los sistemas naturales”. Operacionalizar esta definición en las prácticas de producción de las empresas en México constituye un reto mayúsculo, pues la mayoría de los productos contemplan la producción de basura desde el diseño y son pocas las empresas que han analizado los ciclos de vida de sus productos para asumir su Responsabilidad Extendida como Productores.
Sin duda esta Ley podría poner en crisis al sector productivo en México, entendiendo como crisis a un momento decisivo o punto de inflexión entre el pasado y el futuro. El empresariado mexicano podría gestar un cambio profundo hacia la innovación de sus procesos y el desarrollo de nuevas tecnologías productivas. Desde el Centro de Investigación en Materiales Avanzados, en su Departamento de Medio Ambiente y Energía, se puede apoyar a las empresas Chihuahuenses para analizar el ciclo de vida de sus productos, buscando alternativas para reducir la huella hídrica y la huella de carbono de sus productos. En CIMAV se ha hecho investigación de vanguardia en materia de tratamiento y valorización de residuos sólidos. También se cuenta con investigación sólida en sistemas de gestión de residuos y en la minimización de impactos ambientales. La importancia de hacer una simbiosis entre el sector industrial y los centros públicos de investigación para materializar modelos de economía circular es evidente.
Investigador por México
Departamento de Medio Ambiente y Energía
Centro de Investigación en Materiales Avanzados
