No es lo mismo ser
borracho que cantinero….
Por lo visto, solo “el pueblo” goza de derechos humanos; el resto, los ciudadanos comunes y corrientes que no consideran dentro del rango de “pueblo” según los gobiernos populistas y socialistas no pueden disfrutar de ese privilegio.
Eso, según se deduce del eslogan de la Comisión Nacional de Derechos Humanos que pregona en intensas campañas propagandísticas que “en la CNDH defendemos al pueblo”.
Cuando fue creada en México en 1990, quedó asentado que era un órgano autónomo y que su fin principal es proteger, defender y promover los derechos de todas las personas frente a abusos de autoridades federales. De todas las personas, ricas, pobres, hombres, mujeres, jóvenes, empresarios y cualquier mexicano que fuera víctima de abusos del poder del gobierno federal. No solamente del pueblo como ahora lo presumen en todas las instancias del gobierno.
A 35 años de su creación, ahora la CNDH no es autónoma, no defiende a todas las personas, solo al que consideran “pueblo” y extrañamente la actual presidenta que fue reelecta por otros 4 años más, lejos de actuar en congruencia con su filiación de izquierda ha sorprendido y decepcionado a pesar de ser hermana de un guerrillero de la Liga Comunista 23 de Septiembre, de quien oficialmente “no se sabe nada” de su paradero desde 1974.
¿Quién no recuerda a grupo de las “Doñas” de Eureka encabezadas por doña Rosario Ibarra de Piedra, ¿haciendo plantones, huelgas y movilizaciones de presión al gobierno federal para que les dieran información de sus hijos desparecidos, especialmente de quienes participaron en la década de los 70 y 80 en grupos guerrilleros en el país?
Doña Rosario, hasta el día de su muerte el 16 de abril de 2022 en la ciudad de Monterrey, abogó por la presentación de su hijo Jesús Piedra Ibarra, quien desapareció el 18 de abril de 1975, cuando fue detenido por policías y militares, e interrogado sobre varios hechos de violencia.
Jesús Piedra Ibarra, fue estudiante de medicina en la Universidad Autónoma de Nuevo León hasta el tercer año, cuando participó en movimientos de izquierda y luego se radicalizó al integrarse a la clandestinidad de la Liga Comunista 23 de Septiembre. Su seudónimo o nombre dentro de la guerrilla fue “Rafa” o “Rafita” y participó en expropiaciones y acciones guerrilleras como secuestros y asaltos bancarios. Fue involucrado en el intento fallido de secuestrar al líder empresarial regiomontano Eugenio Garza Sada, donde el empresario lamentablemente murió.
Al dedicarse de tiempo completo a la guerrilla se separó de su familia y su novia. Todavía en enero de 1974, Jesús Ibarra envió desde la clandestinidad una carta a su familia para avisarles que estaba con vida, firmado con su apodo familiar Wu-Lee.
“Me encuentro bien, supongo que deben imaginarse en lo que ando espero que no los hayan molestado los quiero mucho y sé que van a poder entenderlo. Estoy lejos y no sé si volveremos a vernos. De ser así, espero que lo comprendan y lo tomen con calma. Saluden a mis hermanos y díganles que espero que se incorporen a la revolución. Los quiero mucho a todos. Wu-Lee”.
Sin embargo, todo cambió el 18 de abril de 1975, pues ese día un sujeto o policía infiltrado dentro de la célula guerrillera que conocía todos los movimientos de Jesús Piedra lo denunció ante la Policía. Fue el policía judicial Juventino Romero a quien comisionaron para su detención. Con varios elementos se situaron en lugares estratégicos entre las calles Arteaga y Félix U. Gómez. Eran las 20:30 cuando vieron que Jesús se acercaba. Entre la oscuridad, los agentes se abalanzaron contra Jesús. Aunque se resistió, lo sujetaron, pero cuando el agente Garza Espinoza lo inmovilizaba de la cabeza, Jesús le mordió un dedo. Tan grave fue la herida que le causó, que se lo tuvieron que amputar.
Estuvo detenido, sometido a interrogatorios y tortura, revelando datos y nombres de otros integrantes de la Liga Comunista 23 de Septiembre y sobre su participación en atracos, secuestros y en el asesinato de don Eugenio Garza Sada.
Desde ese momento, su madre emprendió una campaña exigiendo informes sobre el paradero de su hijo. El peor dolor de una madre es no saber dónde está el hijo, vivo o muerto. Por supuesto que acudió a la Secretaria de Gobernación, a Presidentes, a la Comisión de Derechos Humanos en México y organismos internacionales.
En 2018 llega a la Presidencia de la República Andrés Manuel López Obrador, generando una gran expectativa de esclarecimiento de ese grupo de madres del grupo Eureka y que un gobierno de izquierda, coincidente con la lucha de los 70, les abriría las puertas para saber la verdad y el paradero de sus hijos.
Aún más, nombran a Rosario Piedra Ibarra, presidenta de la Comisión Nacional de Derechos Humanos con el respaldo de toda la bancada mayoritaria de izquierda, hija de doña Rosario Ibarra de Piedra y hermana de Jesús Piedra Ibarra, militante de la Liga Comunista 23 de Septiembre.
Por fin, verían coronados todos sus esfuerzos y penurias de varios años de las Doñas rascando datos para saber de sus hijos, con la hermana de un exguerrillero desaparecido en la CNDH, cuya madre inició la lucha.
Pero la decepción ha sido enorme para quienes siguen luchando por saber del paradero de sus familiares víctimas de la etapa de represión.
En la CNDH de Rosario Piedra, no ha habido eco. Al contrario, han recibido resoluciones en contra. Se ha diluido la responsabilidad del Ejército en esas acciones. Lo que antes gritaban y coreaban en las calles y en las plazas, cuando, por fin, llega una de ellas a la alta responsabilidad y posibilidad de esclarecer todo, resulta que hay opacidad, sumisión o complicidad. Nadie se explica de la actitud de la presidenta de la CNDH.
También ha mostrado la mínima sensibilidad hacia las madres buscadoras que, si no estuvieran en el gobierno, estarían encabezando ese movimiento y exigencia para presionar a las autoridades en turno.
Este gobierno que exigía que el Ejercito se regresara a los cuarteles, que rechazaban la militarización del país, ahora en el poder, le han dado el máximo poder al Ejército. La única explicación posible a la actitud de la hermana del exguerrillero de la LC23S e hija de doña Rosario es que está de parte de quienes desparecieron hace décadas a los guerrilleros. Existe la versión de que el Ejército negoció con la presidenta de la CNDH dándole a ella información concreta en donde estaban los restos de su hermano Jesús a cambio de impunidad y no dar oídos a otros casos de familiares de guerrilleros que piden su intervención.
Y la Comisión Nacional de Derechos Humanos solo repite en costosas campañas “defienden al pueblo” en un lenguaje populista y demagógico, dando la espalda a descubrir en archivos escondidos del gobierno federal y del Ejército donde están cientos de desparecidos.
Bien lo dice la sabiduría popular: no es lo mismo ser borracho que cantinero. Cuando se está al otro lado de la barra, cambian los intereses y las convicciones.
