Esa tarde de miércoles de ceniza, la niña Evelina Estrada llevaba un plato con frijoles a un encarcelado en las instalaciones municipales de Santa Isabel -General Trías-. Su madre la previno de tomar cuidado.
Al entrar, Evelina se estremeció al escuchar los golpes, aun así se asomó y presenció una brutal escena: guardias municipales golpeaban con las culatas de sus rifles al Padre Maldonado, él, caído y con ojo hundido, no podía sostenerse. La niña soltó el plato. 10 de febrero de 1937. Horas antes, el padre Pedro Maldonado se encontraba en el Rancho de La Boquilla, en la casa del finado José Ángel Loya. Allí había oficiado misa e impartió la ceniza, luego se dedicó a confesar. Como las autoridades tenían restringido severamente el ejercicio del culto, el sacerdote ejercía su ministerio en viviendas particulares. Jesús Salcido, presidente municipal de Santa Isabel, que estaba tras el sacerdote, le informaron que, en ese momento, se encontraba en desacato de la Ley de Cultos y, además, se le imputaba un incendio en la escuela del municipio. Inmediatamente ordenó al capitán Rafael Armendáriz, encargado de los guardias municipales, trasladarse con sus hombres a La Boquilla y aprehenderlo. Según declaraciones judiciales. Cerca de diez municipales, armados y, según testimonios, algunos ebrios, rodearon la vivienda del finado José Ángel Loya para impedir que el sacerdote escapara. Golpearon la puerta con las culatas de los rifles. Para ese entonces, varias personas se habían reunido en la casa asediada para defender al padre. Quienes estaban con él no le permitieron salir y lo llevaron a un cuarto abandonado de atrás, en la huerta. Los guardias llegaron hasta allí, fueron a traer gasolina y amenazaron con quemarlo. El padre Maldonado tomó el control de la situación: salió en calma para entregarse, solo les pidió ir por su sombrero, como pretexto para recoger en el relicario las hostias consagradas que habían quedado.Años después, Armendáriz habría relatado al hijo del entonces comandante del Cuerpo de Policía Rural que el padre “se entregó sin protestar y con mansedumbre”, de acuerdo a la investigación de Mendoza Portillo.
Los hombres lo condujeron hacia Santa Isabel. Caminó descalzo por tres kilómetros delante de los caballos, acompañado por decenas de pobladores. El padre en ayunas, como lo pide el inicio de cuaresma, logró mal comer un taco de frijoles que le ofrecieron en el camino. Aquí, se presenta la golpiza fatal. Al llegar a las instalaciones municipales, varias mujeres intentaron defender al padre. Los guardias se impusieron y logran meterlo hasta el pasillo interior al pie de la escalera.Allí empezó la golpiza. Los guardias cruelmente golpearon al padre con las cachas de pistolas y rifles. Uno de ellos, Andrés Rivera, uno de los caciques de la región, le arrancó mechones del cabello y asestó un fuerte golpe seco en el cráneo con su pistola.
El padre Maldonado se desmoronó. El ojo izquierdo le salta y la sangre empezó a cubrir su rostro. Los esbirros, ante el desfallecimiento, lo cargaron y lo llevaron a la planta superior.Un testigo declaró: “Andrés Rivera lo sujetó del cabello y le dijo: ¡Así te queríamos coger, desgraciado!. Y enseguida tanto el Presidente como el agente Frescas también sujetaron de los cabellos al prisionero y con las armas que traían lo golpearon en la cabeza hasta hacerlo caer”.
Otro describió una escena desgarradora: “El sacerdote bañado en sangre, cayó casi inconsciente; el relicario se abrió y se cayeron las hostias. Uno de los verdugos las recogió y con cinismo se las dio al sacerdote diciéndole: ¡Cómete esto!”.El verdugo, que pretendía humillar al padre terminó, sin saberlo, cumpliendo su deseo. El sacerdote había expresado su anhelo de recibir la sagrada eucaristía antes de morir.
A la mañana siguiente, el padre, en estado grave, fue trasladado al Hospital Civil de la ciudad de Chihuahua -hoy Hospital Central-. Llegó en estado agonizante.“Tenía el cráneo materialmente levantado, cara golpeada, dientes quebrados, pierna quebrada”. Murió pocos minutos después.
Al momento de su muerte, tenía en la mano derecha, aferrada sobre su pecho, su relicario vacío. ¿Qué hace que la muerte de un mártir sea heroica? Antonio Caso, filósofo mexicano, ofrece una respuesta que parece escrita para comprender la muerte del padre Maldonado: Cuando el hombre realiza el bien aun sabiendo que puede costarle la vida, el acto adquiere una dignidad extraordinaria. Al final, el bien siempre prevalece. El valor del sacrificio no depende de su utilidad ni de la recompensa, vale por perseguir el bien. La esperanza es la verdadera fuente de la acción heroica, pues, ¿Qué sentido tendría buscar el sacrificio si no hay un Bien que llegará? Nunca el instinto de conservación ni el egoísmo han dado lecciones de vida, la cultura se construye con ejemplos privilegiados de mártires y héroes. La historia tiene su punto de inflexión en la acción del héroe. El padre Maldonado encarna esta idea: había sido amenazado, perseguido y desterrado. Sin embargo, regresó. Regresó para hacer aquello que consideraba su deber. El cura Maldonado había sido párroco de Carretas, San Lorenzo, Cusihuiriachi, ciudad Jiménez y Santa Isabel, además encargado en San Francisco de Borjas. “El constante trabajo pastoral del sacerdote en los alrededores de Santa Isabel lo había hecho muy conocido entre sus habitantes, lo cual permitió que la noticia del fallecimiento del padre Maldonado, se expandiera con rapidez. Al funeral acudieron miles de personas”. Los arreglos que pusieron fin a la Guerra Cristera (1926-1929) no modificaron las leyes anticatólicas, solo toleraron, en cierta medida, el ejercicio religioso. Seis años después, en 1934, el gobernador de Chihuahua, Rodrigo M. Quevedo, las aplicó con rigor. Renombró las poblaciones con connotación religiosa -Santa Isabel pasó a llamarse General Trías-; impulsó la educación socialista; y redujo el número de sacerdotes autorizados para oficiar en el estado de nueve a cinco. Durante este periodo el padre Maldonado fue arrestado, maltratado, amenazado de muerte y desterrado por la policía a El Paso, Texas. Pronto regresó a servir en su pueblo. En 1936, Quevedo, mediante el decreto número 183, volvió a endurecer las leyes y redujo a uno el número de sacerdotes autorizados. Esto obligó a algunos sacerdotes a ejercer su ministerio en la clandestinidad. En estos momentos, el sacerdote fue víctima de emboscadas en los caminos que recorría. Su oposición a las leyes restrictivas y a la educación socialista tuvo una reacción decidida de las autoridades. El martirio del padre Maldonado tuvo consecuencias en la vida religiosa y social de Chihuahua, y en el país. Después de su muerte hubo un proceso lento y paulatino de restablecimiento de la tolerancia religiosa y de la libertad de conciencia. Meses después, el Congreso del Estado aumentó a cinco los sacerdotes autorizados en el estado, La cifra estaba muy por debajo de los requerimientos que se estimaban en 100 sacerdotes. Mendoza Portillo señala: “El violento asesinato del padre Maldonado fue el punto de partida para este camino de restablecimiento”. El padre Pedro de Jesús Maldonado fue víctima “In odium fidei”. Es el santo heroico. El relicario vacío aferrado al pecho, en la muerte, es el testimonio que presenta una voluntad plena de fe, basta, esperanzadora. Un acto de caridad, entrega pura, donde la sangre del mártir arrebata el cielo. Fuentes: Agradezco especialmente al periodista Heriberto Barrientos M. por compartir testimonios de fuentes directas. 1. Archivo del Juzgado Primero de lo Penal del Distrito Morelos. Febrero 1937. Por el homicidio de Pedro Maldonado. Causa No. 18/937. 2. Mendoza Portillo, Victor. Pedro de Jesús Maldonado: de su asesinato al restablecimiento del culto católico en Chihuahua. Revista académica Chihuahua Hoy, Vol. 23, Uacj. https://portal.amelica.org/ameli/journal/733/7335214006/html/ 3. Curia Romana, https://www.vatican.va/news_services/liturgy/saints/ns_lit_doc_20000521_maldonado-lucero_sp.html 4. Contreras, J. (1992). El mártir de Chihuahua. Persecución y levantamientos de católicos: vida y martirio del P. Pedro Maldonado. La Prensa. 5. Quiñones, M. (2024). El Padre Maldonado. Editorial AHACh, AC. 6. Vázquez, D. (2019). San Pedro de Jesús Maldonado. Ejemplo de santidad sacerdotal. ppc.
