En Chihuahua nos ha tocado escuchar de todo: que si "así me tocó vivir", que si "ni pa' qué le muevo, ya estaba escrito", o al contrario, que "yo hago lo que se me pegue la gana porque soy libre". Pareciera que estamos "destinados" a vivir y revivir la historia de Edipo, a quien un oráculo le "adivinó" el destino antes de nacer, y por más que sus papás intentaron evitarlo, todo se cumplió tal cual.
Layo recibió una profecía del oráculo: que si alguna vez engendraba un hijo, el niño, una vez adulto, le mataría. Layo evitó el contacto con mujer alguna; sin embargo, estando ebrio, se unió a su esposa Yocasta, y tuvo un hijo en Tebas. Al nacer, el niño fue llamado Edipo; finalmente la profecía se cumplió. De ahí salió la idea de que "ya está escrito" y no hay nada que hacer. Hasta hoy hay quien vive así: culpando al destino, a la suerte, a la familia, a "cómo me tocó", para no hacerse responsable de nada. ¿Ya está escrito lo que voy a vivir, o yo decido? En una conferencia impartida por el Dr. Leaños Flores lo dijo claro: la esencia de la historia no es el tiempo, es la libertad. La luna lleva millones de años ahí, siempre en la misma órbita, y nadie ha escrito su historia porque no cambia nunca. En cambio, cada persona sí tiene historia, porque puede decidir. Tú puedes convertirte en lo mejor o en lo peor de ti mismo, y esa capacidad —para bien o para mal— es exactamente la misma. Por eso lo peor que le puede pasar a alguien con mucho potencial no es fracasar: es echarlo a perder por no usarlo bien. Superado el primer engaño -creer que todo está escrito-, aparece uno segundo, igual de extendido: pensar que ser una persona seria, de ciencia, sabia y brillante, exige dejar la fe a un lado. Nada más falso. Nicolás Copérnico, autor de la teoría heliocéntrica; Gregor Mendel, padre de la genética moderna; Luis Pasteur, creador de la pasteurización y pionero de las vacunas modernas: ninguno era ateo. Aquí conviene distinguir dos cosas que solemos revolver. Una es que la ciencia, por sí sola, no basta: nos explica cómo suceden las cosas, pero no nos dice para qué ni por qué estamos aquí, y esas preguntas le corresponden a la filosofía y, en última instancia, a la fe. Otra, distinta pero igual de grave, es que la ciencia sin ética se vuelve peligrosa: ahí están los experimentos médicos de la Segunda Guerra Mundial, hechos con todo el rigor científico, pero sin fundamento moral. Fe y razón, se ha dicho, son como las dos alas de un ave: si le cortas una, no vuela distinto, se cae. Y todavía queda un tercer engaño, tal vez el más cómodo de todos: creer que basta con "amar a la humanidad" para ser una persona virtuosa. Citando a Dostoyevski: "Cuanto más amo a la humanidad en general, menos amo al hombre en particular". Es sencillísimo preocuparse por la pobreza o problemas del mundo desde el sillón de la casa. Lo difícil es aguantar al vecino que hace ruido, atender a la familia que de veras te necesita y es ahí donde están, en primera instancia, tus deberes, o tratar bien a quien se expresa mal de ti, igual que a quien tienes enfrente en el trabajo. La "humanidad" en abstracto no pide prestado, no te desvela, no te pide alimentos ni útiles escolares, no te contradice. La persona de carne y hueso a tu lado tu esposa o esposo, tus hijos, tus amigos, tus compañeros de trabajo sí. Y es ahí donde de verdad se mide el compromiso y el carácter. Los tres engaños comparten una misma salida: recuperar cuatro virtudes de toda la vida. Prudencia, para saber elegir bien en cada situación concreta. Justicia, para dar a cada quien lo que le corresponde. Fortaleza, para sostenerse en lo correcto aunque cueste. Y templanza, para no dejarnos arrastrar por cada impulso placentero o cada moda. Ya sea que trabajes en Gobierno del Estado, que lleves un hogar o que estés estudiando, estos tres engaños se te van a presentar tarde o temprano. Las virtudes no se aprenden de memoria: se aprenden a puro hábito, practicándolas diariamente, decisión tras decisión. Y es precisamente ahí donde ejercemos la libertad, ni más ni menos. Reflexión a partir de la conferencia del Dr. Salvador Leaños Flores en el VIII Congreso Nacional de Filosofía. https://www.youtube.com/watch?v=aVFkTK2yVbA