Ciudad de México .-Sigamos con la mirada a este hombre. Se llama José Montano. Ha llegado al estadio en que se jugará el Super Bowl, pues es fanático del futbol americano, y soñaba con estar ahí. Ahorró penosamente durante todo el año para comprar el boleto de entrada. Busca su asiento. Sube las gradas; sube, sube; busca, busca, busca. Por fin encuentra su lugar. Está en la última fila, más cerca del dirigible de la Goodyear que del emparrillado. Desde ahí los jugadores se ven del tamaño de hormiguitas, y el ovoide no se ve. Termina el primer cuarto, del cual José no ha visto ni un octavo. (Declaro que él es inocente de este pésimo juego de palabras. Cúlpese al narrador). Nuestro personaje baja por el graderío en busca de una cerveza, pues los vendedores no llegan a donde él está. En eso ve algo que lo sorprende mucho: en la fila primera, la de las localidades más caras, a la altura de la yarda 50, hay un lugar vacío. Decide jugarse el todo por el todo -un perdido a todas va- y se dirige hacia él. Le pregunta a la dama que se halla junto al asiento: "¿Está ocupado?". Responde la señora: "No. Puede usted sentarse". A Montano le parece increíble su buena fortuna. Ocupa el lugar, feliz, aunque siente la inquietud de que llegue después el dueño del boleto. "No esté nervioso, joven -lo tranquiliza la bondadosa dama-. El asiento es mío. Mi esposo y yo compramos estos dos lugares. Desgraciadamente él falleció". "¡Cuánto lo siento! -exclamó José, apenado y conmovido-. Pero ¿por qué quedó vacío su lugar? ¿No tiene usted alguna persona amiga, o un familiar, que hubiera podido ocupar su asiento?". "Sí los tengo -respondió la dama-, pero todos están en el sepelio". Quizás el símil que voy a desprender de ese relato está muy jalado de los pelos, pero de cualquier modo lo jalaré. Abro un paréntesis para decir que el verbo "jalar", admitido por la Academia, viene de "halar", vocablo que ya nadie usa. Hasta donde sé la docta corporación no ha recogido, entre las acepciones del verbo "jalar", la de trabajar, que en México empleamos cotidianamente. "Los domingos jalo en la Lagunilla". "No me gustan las puertas donde dice 'Jale'". Cierro el paréntesis y jalo el símil. En el mundo de la industria automotriz, que conozco bien porque tengo una camioneta, no hay lugares vacíos. China está ocupando los que han dejado, o descuidado, otras marcas de vehículos. Antaño oíamos decir: "Te engañaron como a un chino", o: "Se quedó como el chinito, nomás milando". Eso pertenece ya a un pasado muy sobrepasado. Ahora China es una potencia mundial, y los laboriosos y aguzados chinos tienen algo más que lavanderías y cafés. "Go West, young man! Go West!", exhortaba Horace Greeley a la juventud americana en el antepasado siglo. Yo me permito sugerir a nuestro gobierno que mire hacia el oriente, de modo de diversificar nuestros mercados. No es bueno poner todos los huevos en una sola canasta, con perdón sea dicho. Cumplida ya la modesta labor que a mí mismo me he asignado, de orientar a la República, puedo entonces narrar un cuentecillo final, y luego pasar a retirarme, como decían los merolicos de antes. Candidito era un imberbe mozo sin ciencia de la vida. Rara vez salía de las cuatro paredes de su casa (las paredes eran más, pero de cualquier modo casi no salía). Un domingo invitó a su prometida a ir al campo, y ahí le hizo una insólita proposición de claro contenido carnal (lo cortés no quita lo caliente). "¡Ah, no!" -rechazó ella indignada. Candidito se azaró: "¿Ofendí, vida mía, tu honestidad, tu pureza y castidad?". "No -respondió ella-. Pero no quieras que haga en domingo lo que hago todos los días de la semana". FIN.
MIRADOR Por Armando FUENTES AGUIRRE. Mansa es la lluvia, lenta y suave como caricia de mujer. Apenas se oye su pespunte sobre el techo de la casa del Potrero. En la cocina se alarga la tertulia tras la cena. Doña Rosa, la mujer de don Abundio, nos cuenta una más de las ocurrencias de su esposo: -Era chiquillo de 8 años, y su mamá les dijo a él y a su hermanito menor que no cogieran las manzanas que estaban en un frutero sobre la mesa de la sala: eran para el señor cura, que llegaría de visita. "Diosito las está cuidando -les advirtió-, y los va a ver si agarran una". Tampoco debían acercarse a la nata en la olla de la leche. Al padre le gustaba mucho; se la serviría en la merienda. Cuando la señora se retiró Abundio le dijo a su hermanito: "Ven, vamos a chingarnos la nata. Diosito está ocupado cuidando las manzanas". Todos reímos, menos don Abundio. Dice entre dientes, atufado: -Vieja habladora. Doña Rosa figura con índice y pulgar el signo de la cruz, se lo lleva a los labios y jura. -Por ésta. ¡Hasta mañana!... MANGANITAS Por AFA. ". 'Paso de Cortés' no, ordena la Presidenta. 'Paso de los Pueblos Indígenas'.". Tan grande su fobia es contra todo lo de España, que prohibirá con saña decir que alguien es cortés.
Opinión
12 Ago, 2026
No es bueno poner todos los huevos en una sola canasta
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Armando Fuentes Aguirre
