Rechazo a Donald Trump por su xenofobia, racismo, narcisismo, provocar la polarización de sus conciudadanos y de la población del mundo entero, por su extrema vanidad, su machismo exacerbado, su tono violento, sus insultos a todos lo que no piensen como él o no le rendían pleitesía, por su intervencionismo militar, político y económico en el país que le plazca, por su ilimitada misoginia, porque quiere hacer muros por aquí y por allá, por su política de expulsar de su país a quien se le ponga enfrente y mil cosas más. Si llegase algún mal día a encontrármelo sería el peor de mi vida y cuento los días que aún le quedan en la Casa Blanca si es que no le da por reelegirse.

Tampoco estuve de acuerdo en la forma y fondo de la detención de Nicolás Maduro. Y no es que este dictador de cuarta transformación sea santo de mi fervor, pero ¿qué beneficios trajo a los venezolanos la caída de quien dijo “venga por mí, aquí los espero en Miraflores, cobarde”? Por eso, ya saben quién no dice “venga por mí, aquí lo espero en Palenque, fifi” o el otro “si es tan valiente, venga por mí, aquí estoy en Badiraguato”. Por andar abriendo de más la boca, pues sí, fue capaz de ir por aquel y de venir por éstos.

En lo que sí estoy de acuerdo con él es en el llamado turismo de maternidad. He de reconocer que tengo parientes que sí lo han hecho. Cuando mis hijos iban a nacer me decían que fuera a El Paso para que vieran por primera vez la luz gabacha y ya ¡serían gringos por naturaleza! ¿Y para qué quiero que mis hijos nazcan en el Chuco? Pues para que tengan los beneficios de los güeros –me respondían- ¿cuáles? ¿Qué los anden discriminando por ser de sangre orgullosamente latina? ¿no les crean que sus documentos están en regla? ¿para que estudien en Estados Unidos una carrera universitaria? ¿de dónde obtendré entre ochenta mil dólares anuales para pagar la colegiatura? Claro, dependiendo de la universidad. Y sobre manera si ellos lo desquitan, porque como dice el sabio proverbio español “lo que natura no da, Salamanca no lo otorga”.

Pero qué juicio de hacer circo, maroma y teatro para ser american citizen. Cuando vienen de vacaciones ya se les olvidaron las costumbres mexicanas, hablar español o para qué carajos sirve un azadón. Para qué ser norteamericanos si viven aquí.

Existen excepciones como es el caso del mexicano, egresado de la UNAM, Mario Molina. Le convenía ser americano, porque fue un ciudadano del mundo. Pero nunca negó su verdadera nacionalidad y creó la fundación que lleva su nombre. “Nos distinguimos, dice en su página del Centro Mario Molina, por nuestro enfoque imparcial, rigor científico y carácter apartidista”. Pero él es un garbanzo de a kilo. A él le pudieron dar la nacionalidad cualquier país del mundo.

Volviendo al tema. No soy patriotero ni me rasgo las vestiduras por mi país. Quiero a mi tierra, me siento orgullosamente mexicano a pesar de los gobiernos que nos han tocado soportar y que a pesar de sus esfuerzos no han podido –todavía- destruir a nuestra nación. Si eres bueno, muy bueno, en tu área, los países del primer mundo te invitarán a que te integres a su nación. Desde científicos –como el mencionado- hasta directores de cine, artistas y sobre todo, deportistas.

Ser gringo por decisión de tus padres, no lo considero un gran logro ni fue mi sueño dorado. Si destacas, los headhunter terminarán por encontrarte. En pocas palabras, compatriotas, no sean malinchistas.

Mi álter ego recomienda opciones a quienes desean ingresar a la neoliberal UNAM. Están disponibles las 215 Universidades para el Bienestar Benito Juárez en toda la república. En Chihuahua se encuentran en Guadalupe y Calvo, Urique y Bocoyna. No tienen instalaciones ni maestros, pero de que aquí están aquí están. También la Universidad Autónoma de la Ciudad de México y para ingresar no se requiere examen de admisión, sino es por sorteo. Y la Universidad Rosario Castellanos. Ninguna cuenta con puntajes que les den un lugar en el rating académico nacional, pero son excelentes. No sean aspiracionistas ni fifís.