Durante mucho tiempo, el crecimiento urbano se entendió como una buena noticia en sí misma. Más población, más empresas, más vivienda y más actividad económica eran señales inequívocas de desarrollo. Lo siguen siendo, pero hoy sabemos que también plantean una pregunta fundamental para cualquier gobierno local: ¿la infraestructura está creciendo al mismo ritmo que la ciudad?
Chihuahua enfrenta ese desafío. El dinamismo económico y poblacional amplió la mancha urbana y modificó nuestros patrones de movilidad. Hemos superado el millón de habitantes y todos los días circulan por nuestras avenidas más de 600 mil vehículos. Esta realidad nos obliga a pensar la infraestructura como una herramienta para anticipar los retos de las próximas décadas.
Por eso, en septiembre de 2024, al iniciar esta administración, propusimos tres grandes soluciones viales: Fuerza Aérea y carretera a Aldama; Nogales e Industrias; y la gaza de Teófilo Borunda con Periférico de la Juventud. Son proyectos que forman parte de una misma estrategia para mejorar la conectividad y ordenar el crecimiento de Chihuahua.
La semana pasada entregamos el paso superior de Fuerza Aérea y carretera a Aldama, cuya construcción inició el 23 de octubre de 2025. La obra representó una inversión de 148.8 millones de pesos y beneficiará a más de 350 mil personas. De acuerdo con los estudios del proyecto, el tiempo de espera en ese crucero se reduce a una cuarta parte y el consumo de combustible disminuye en más de la mitad.
Aunque estos datos permiten dimensionar la obra, su importancia cotidiana se entiende mejor de otra manera. Menos tiempo detenido significa llegar antes al trabajo, a la escuela o a casa. Menor consumo de combustible representa ahorro para las familias y menos emisiones. Una circulación más eficiente facilita el movimiento de mercancías y servicios y mejora las condiciones para comercios y empresas. La infraestructura vial tiene efectos que trascienden al automóvil: incide en productividad, medio ambiente y calidad de vida.
Existe además un componente metropolitano. La Zona Metropolitana de Chihuahua está integrada por Chihuahua, Aldama y Aquiles Serdán. Entre estos municipios hay una relación cada vez más estrecha: personas que viven en uno y trabajan o estudian en otro; desarrollos habitacionales que se aproximan a los límites municipales; servicios y actividades económicas que atienden todos los días a habitantes de los tres.
El cruce de Fuerza Aérea y carretera a Aldama ilustra esa realidad. Es uno de los accesos principales a la capital y conecta con el Aeropuerto Internacional de Chihuahua y con Aldama. Por ahí se desplazan familias, estudiantes, trabajadores, transportistas y visitantes. Mejorarlo no significa resolver sólo un crucero; significa fortalecer uno de los corredores que articulan nuestra zona metropolitana.
Esta obra debe entenderse también dentro de una política de inversión más amplia. Entre 2025 y finales de 2026, el Gobierno Municipal de Chihuahua habrá contratado 2 mil 137 millones de pesos en obra pública. La cifra importa por lo que representa: destinar recursos a infraestructura que acompañe el crecimiento y atender problemas que, si se postergan, terminan siendo más costosos y difíciles de resolver.
Una ciudad no mejora por acumular concreto, sino cuando la inversión pública resuelve necesidades, conecta comunidades y genera mejores condiciones de vida. Por eso cada proyecto debe partir de planeación y sustento técnico. Las tres soluciones viales fueron desarrolladas con criterios de sustentabilidad y eficiencia, estudios de impacto vial, ingeniería de tránsito y diseño estructural.
En los próximos días concluiremos el paso superior de Nogales e Industrias, mientras avanza la solución de Teófilo Borunda y Periférico de la Juventud. Son intervenciones distintas, pero responden a una visión integral de movilidad y a una misma responsabilidad: preparar a Chihuahua para el crecimiento que viene.
Ahora bien, construir también genera afectaciones. Durante varios meses, vecinos de Encordada del León, Romanzza, Montolivo y Lomas del León, además de escuelas, comercios, empresas y usuarios del corredor, enfrentaron desvíos, ruido y cambios en sus recorridos. A todos ellos debemos agradecer su paciencia y comprensión. Las molestias fueron temporales; los beneficios permanecerán durante años.
Cuando anunciamos estas soluciones en septiembre de 2024 partimos de una convicción: Chihuahua necesita decisiones que vean más allá de un periodo de gobierno. La infraestructura que construimos hoy será utilizada durante décadas. Por eso debemos atender las necesidades presentes sin perder de vista la ciudad que tendremos mañana.
La entrega del paso superior de Fuerza Aérea y carretera a Aldama permite medir esa convicción con hechos. Se identificó una necesidad, se planteó una solución, se destinaron recursos, se ejecutó la obra y hoy está al servicio de las familias.
Y existe otro aspecto que considero indispensable. En política, la confianza depende también de la capacidad de cumplir. Una promesa pública adquiere verdadero valor cuando se convierte en presupuesto, calendario, trabajo y resultados. Hace casi dos años empeñamos nuestra palabra para construir estas soluciones viales. Hoy una está terminada; otra será entregada en las próximas semanas y la tercera continúa avanzando.
Chihuahua seguirá creciendo y con ello surgirán nuevos desafíos. Nuestra responsabilidad es lograr que ese crecimiento se traduzca en mejores condiciones de vida y no en problemas acumulados para las siguientes generaciones. Eso exige visión de largo plazo, inversión responsable y capacidad para convertir los planes en resultados. Porque gobernar también significa poder regresar ante aquellos a los que un día se les prometió algo, y rendir cuentas sobre el resultado. Las obras cambian la manera en que funciona una ciudad; cumplir la palabra cambia la manera en que los ciudadanos pueden confiar en su gobierno. Y ambas cosas son necesarias para construir el Chihuahua que viene.
