Hay momentos en los que un sector productivo deja de hablar únicamente de precios, mercados o ciclos económicos para comenzar a hablar de algo mucho más profundo: la confianza.

Ésta es la que permite que una inversión se concrete, que una frontera permanezca abierta, o que un consumidor, a miles de kilómetros de distancia, continúe creyendo en la calidad de un producto.

La ganadería de Chihuahua vive precisamente uno de esos momentos. Durante meses, la conversación pública se ha concentrado en una pregunta legítima: ¿cuándo se reabrirá la frontera para la exportación de ganado hacia Estados Unidos?

Pero quizá la pregunta más importante sea otra: ¿Qué hicimos durante este tiempo para que, cuando esa frontera vuelva a abrirse, Chihuahua llegue más fuerte que antes? Porque las crisis tienen una característica que pocas veces se menciona: también revelan la calidad de las instituciones.

Y hoy podemos afirmar que la fortaleza de la ganadería chihuahuense nunca ha dependido únicamente del número de cabezas de ganado que produce, sino de la capacidad que ha desarrollado durante décadas para construir confianza.

Nuestra ubicación geográfica, la calidad genética de nuestro ganado, los programas permanentes de mejoramiento, la trazabilidad, la infraestructura de exportación y el prestigio sanitario que históricamente ha distinguido al estado nos convierten en uno de los principales proveedores de becerros para el mercado estadounidense.

La aparición del Gusano Barrenador del Ganado en distintas regiones del país cambió por completo la conversación. Hoy más que nunca se ve el por qué en Chihuahua siempre hemos sido estrictos en ese tema.

La sanidad no es sólo un requisito: Es una política pública, es competitividad, estabilidad económica y confianza internacional.

Ha existido una narrativa equivocada que presenta la reapertura de la frontera como una necesidad exclusivamente mexicana. No es así.

Estados Unidos requiere cadenas de suministro estables, confiables y cercanas.

Ese espacio lo ha ocupado históricamente Chihuahua, no por casualidad, sino por décadas de inversión privada, mejoramiento genético, profesionalización del productor, infraestructura sanitaria y organización gremial.

Toda organización enfrenta momentos difíciles. La diferencia radica en cómo decide enfrentarlos. En la Unión Ganadera Regional de Chihuahua entendimos que la incertidumbre también debía convertirse en una oportunidad para evolucionar.

No podíamos depender únicamente de la dinámica exportadora. Era necesario fortalecer nuestro patrimonio institucional y diversificar nuestras fuentes de desarrollo.

Por ello trabajamos en proyectos como la plaza comercial “El Pastizal”, el fortalecimiento de la planta de alimentos, el crecimiento de los corrales de servicio y los corrales de preacondicionamiento, así como la modernización de los esquemas de subastas, los que responde a una visión estratégica: construir una institución financieramente sólida, con mayor capacidad de inversión y preparada para acompañar a los productores frente a cualquier escenario.

Cada generación ha enfrentado sus propios desafíos, la nuestra enfrenta el reto de fortalecer la sanidad, consolidar nuestras instituciones y aprovechar las oportunidades que ofrece una Norteamérica cada vez más integrada.

Porque la esperanza no consiste en esperar tiempos mejores, consiste en construirlos.

Y si alguien sabe hacerlo, es el productor chihuahuense, ese hombre y esa mujer que todos los días, antes de que salga el sol, vuelven a demostrar que el trabajo, la palabra y el compromiso siguen siendo los valores sobre los que se levanta el campo de Chihuahua.

La ganadería seguirá siendo uno de los grandes motores económicos de nuestro estado, una expresión de nuestra identidad y de nuestra convicción de que el futuro siempre pertenece a quienes tienen el valor de construirlo.

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