“El narcisismo es una trampa del ego y un reflejo de la enfermedad social contemporánea, donde el "yo" impera a gritos.
Jodorowsky
El narcisismo en la política y la sociedad combina una necesidad profunda de atención personal, el foco excesivo en la imagen individual y la polarización colectiva. Esto afecta cómo votamos, cómo nos relacionamos y cómo los líderes ejercen el poder para manipular o dividir a los ciudadanos.
El Narcisismo en la Política.
Atracción por el poder: Los puestos públicos atraen a personalidades con rasgos narcisistas porque ofrecen atención masiva, control y validación constante.
Discurso de división: Los líderes usan enemigos comunes y promesas exageradas para crear una base de seguidores incondicionales que los vean como figuras infalibles.
La política se convierte en un escenario digital de símbolos e imagen personal en lugar de enfocarse en la transparencia y el servicio real.
Como se analiza en textos sobre el narcicismo como estrategia política, el ego del líder busca desplazar la rendición de cuentas institucional por la lealtad ciega.
El Narcisismo en la Sociedad
Cultura del "yo": La vida moderna fomenta el individualismo extremo, donde la valía personal depende de los "likes", la estética digital y la aprobación ajena.
Narcisismo colectivo: Muchas personas adoptan la creencia de que su grupo, clase social o nación es superior a los demás, volviéndose muy sensibles a las críticas y propensos a creer desinformación.
Empatía debilitada: La falta de interés genuino por el sufrimiento o la realidad del prójimo dificulta el diálogo social y debilita la solidaridad comunitaria.
Consecuencias Compartidas
Polarización: Las sociedades polarizadas facilitan el ascenso de líderes autoritarios o populistas que explotan las frustraciones de la gente.
Degradación democrática: Las instituciones pierden fuerza cuando el debate público se reduce a quién grita más fuerte o quién defiende mejor el ego del líder o del grupo.
Estas pequeñas líneas las encuentro en los “diálogos” entre la sociedad, más la suma de los poderos con un ego que no les cabe en el pecho. Llámese Morena. La oposición tiene muy poco para maniobrar, aunque no guste estamos inmersos en una alberca de narcicismo.
El término narcisismo fue ampliamente utilizado por los psicoanalistas para describir a aquellas personas que parecían estar enamoradas de sí mismas o, como vulgarmente se dice, “están encantadas de haberse conocido”. Pero ¿qué elementos componen la personalidad narcisista?
Sin entrar en los aspectos patológicos descritos en la literatura psiquiátrica, las investigaciones más recientes han considerado que las dos facetas que se integran en el narcisismo son la búsqueda de admiración y la rivalidad. Ambas sirven para mantener una imagen positiva de uno mismo.
Siguiendo el esquema mostrado en la figura adjunta, las personas con rasgos pronunciados de narcisismo tienen una especial habilidad para detectar en qué situaciones pueden o no darse “autobombo”. En el primer caso, la persona se lanza, de manera inmisericorde, a la autopromoción, a exhibir sus logros, a intentar seducir al auditorio. En el caso de que el ambiente no sea el más favorable para hablar de sus múltiples éxitos, puede que intente ridiculizar o ningunear a alguno de los que estén siendo el centro de la reunión. A su vez, los comportamientos de autopromoción y de ninguneo podrían provocar reacciones que, o bien generan admiración, o, en caso contrario, rechazo, lo que desencadenaría de nuevo uno u otro proceso.
En los últimos años se han desarrollado dos interesantes líneas de investigación que relacionan la política con el narcisismo. De un lado, resultaba importante conocer si los líderes políticos eran, o son, cada vez más o menos narcisistas; y de otro, averiguar si precisamente los rasgos narcisistas son los que favorecen que las personas que los poseen se involucren en política.
Los resultados de los trabajos señalados indican que los políticos narcisistas pueden obtener resultados positivos, como sería el caso de Alejandro Magno, y también negativos, como el de Benito Mussolini. Los líderes con acusados rasgos narcisistas suelen ser locuaces, valorados por la facilidad con la que se desenvuelven en las relaciones sociales y por la capacidad para alcanzar la fama, a pesar del acreditado escaso talento. Son muy hábiles en vender sus ideas como innovadoras, incluso sin serlo.
Por el contrario, el lado oscuro de estos líderes se caracteriza por su exceso de confianza a la hora de tomar decisiones, su capacidad para el engaño y por sus dificultades para aprender de sus errores. Todos ellos anteponen sus deseos a las necesidades de las organizaciones que dirigen y la ausencia de ética en la actividad política se convierte en norma.
En situaciones sociales complejas, como las de las crisis económicas, la gente tiende a interpretar las señales que reflejan autoconfianza en sí mismo como indicios de capacidad. La seguridad que trasmiten los “vendedores de humo” puede convencer a muchas personas de que él o ella son los que mejor pueden liderar un país en crisis. La otra cara de la moneda es que esa sobreexpresión de autoconfianza se encuentra especialmente entre los líderes narcisistas.
Podría decirse que las crisis económicas son el terreno abonado para la tormenta perfecta: una sociedad necesitada de líderes que sean capaces de pilotar la recuperación y unos líderes capaces de prometer lo que el público está deseando escuchar, pero que, una vez hayan conseguido el poder, se ocuparán de aquello que únicamente a ellos o a ellas les satisface: alimentar su vanidad.
Algo similar apuntaba el Premio Nobel Bertrand Russell cuando se lamentaba del ascenso del nazismo alemán: “La causa fundamental del problema es que en el mundo moderno los estúpidos son engreídos, mientras que los inteligentes están llenos de dudas”.
Estas consideraciones tienen una especial trascendencia en el diseño de las campañas. De un lado, porque muchos líderes tienden a incluir en sus agendas aquellas cuestiones que “los votantes desean”. Por otro lado, si los posibles votantes más activos son precisamente los que tienen puntuaciones más elevadas en narcisismo, es muy posible que el resultado de las políticas se centre en las propuestas del sector del electorado más egoísta.
En conclusión, es muy probable que, en las actuales crisis, las agendas políticas incluyan de forma diferenciada y manifiesta aquellas cuestiones planteadas por los grupos más activos, que según lo estudiado serían los que poseen mayores rasgos de narcisismo, y por lo tanto afectarían a sectores concretos, dejando de lado políticas de gran calado para el bien común.
Salud y larga vida
Profesor por Oposición de la Facultad de Derecho de la UACH.
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