Durante los primeros días de este año, en enero, en varias ciudades de Irán brotaron manifestaciones masivas, supuestamente de ciudadanos que rechazaban al gobierno iraní y el sistema de gobierno encabezado por el Ayatolá Jamenei, también supuestamente había un descontento generalizado en toda la nación persa por sus “libertades”, en busca de “democracia” y todas esas cosas que tienen el mismo efecto que la miel a los osos, pero al ejército de Estados Unidos.

Los medios de comunicación occidentales, todos, dirigidos por líneas narrativas que se enfocaron en señalar y calificar al gobierno de Irán como “dictadura”, “el régimen de los Ayatolás”, “gobierno teocrático” y otros calificativos que intentaron denostar en todos los aspectos aquel país, en busca claro, de justificar una invasión o lo que se convirtió en una agresión en contra de Irán por parte de Israel y Estados Unidos dos meses después.

Esta agresión, guerra que detonó el 28 de febrero, fue la última opción que tuvieron para iniciar la escalada militar, debido a que el plan A, había fracasado, ese plan que fracasó era haber iniciado una revolución de colores, típico plan estadounidense para derribar gobiernos no alineados a sus intereses, y es que la inteligencia iraní logró desactivar la mayoría de las redes de espionaje e inteligencia de Israel y Estados Unidos, que impulsaron aquellas manifestaciones de inicio de año, y que fueron desactivadas.

Por parte de Israel, principalmente se trató de agentes de espionaje del Mossad, mientras que de Estados Unidos, eran de la CIA, quienes también contrataron a una gran cantidad de ciudadanos de Afganistán, Pakistán y otros países vecinos de Irán para generar las violentas manifestaciones donde hubo muertos debido a los ataques de esta masa enfurecida, se habla incluso de una cantidad desconocida de detenidos y posiblemente ejecutados por el gobierno de Irán.

Estados Unidos había planeado que las protestas escalaran al interior del país para justificar la invasión o derrocar a la República Islámica “desde dentro”, incluso se hackearon señales de la televisión pública con mensajes en persa donde convocaban a los iraníes a derrocar a su gobierno, semanas después de iniciada la agresión y en donde la derrota moral y mediática de los Estados Unidos comenzaba a mostrarse, el presidente Donald Trump reveló en una entrevista a un medio estadounidense, que habían enviado armas a los grupos Kurdos en Siria, para que fueran ellos quienes ingresaran las armas a las manifestaciones en Irán, pero este plan también fracasó; seguramente esta operación de llevar armas a los kurdos fueron agentes encubiertos de la CIA.

La CIA, (Central Intelligence Agency - Agencia Central de Inteligencia) es la principal agencia de inteligencia de los Estados Unidos, que opera de forma encubierta en todo el mundo, se trata de una agenda de espionaje, sabotaje y para desestabilizar países a los que el imperio estadounidense no controla, ya sea para imponer gobiernos títeres y ajustarse a las leyes del mercado o para robar descaradamente sus recursos naturales, se trata pues de una agencia que nació para someter a sus intereses los gobiernos aliados, pero también para derrocar al bloque aliado a la extinta URSS, sin embargo aún continúa en operación.

Esto de Irán es solo un ejemplo, de lo que la CIA hace en países ajenos, no son una agencia que promueva la democracia, no lleva ayuda humanitaria ni desarrollo a los países, sus agentes no entran por la puerta principal, siempre se trata de trabajos de inteligencia de manera encubierta, tampoco es una agencia que trabaje de la mano con los gobiernos a los que infiltra y mucho menos desmantela a los grupos criminales del narcotráfico, para eso está supuestamente la DEA.

De lo que se tiene constancia internacional, de lo que sí hace la CIA, es en armas a grupos terroristas en Medio Oriente, como el Daesh, Alqaeda y otros a fin de derrocar a gobiernos que no se alinean a Israel o a los que roban sus recursos naturales como Irak, también entrenan a estos “terroristas”, les dotan de instrumentos de inteligencia para desde Washington mecer la cuna sin que Estados Unidos se vea exhibido como injerencista de manera directa, así es como opera el imperio en contra de los pueblos soberanos.