(Segunda parte-última)

En el último párrafo, de la primera parte, indicamos que ‘las diversas investigaciones concuerdan en afirmar que la desnutrición se encuentra dentro de un contexto ecológico social. Contexto que se caracteriza por variables económicas, educativas, culturales y sanitarias deficientes, constituyendo un hábitat de marginación y privación social.’

De ahí la necesidad de estudiar el problema para posibles soluciones, tomando en cuenta:

“1. Los aspectos sociales, políticos y económicos dentro de un país determinado que influyen en la disponibilidad de alimentos para la unidad familiar. Disponibilidad de alimentos para la unidad familiar que a la vez depende de su organización social, política y económica y de la PRODUCCIÓN DE ALIMENTOS, distribución del trabajo, ingresos, etcétera.

“2. El funcionamiento de la familia y su habilidad para proporcionar alimentos al niño. El factor más importante que influye en la capacidad para alimentar a los niños es el ingreso. También pueden jugar un papel importante las costumbres, la educación, los valores, etcétera.

“3. La propia contribución del niño a su función nutricional. Algunos factores que operan en el niño influyen en su nutrición, como los fisiológicos (por ejemplo, enfermedades del sistema nervioso central que actuan en el apetito) u otros que causan que la asimilación de los alimentos sea inadecuada. Estos pueden interactuar con el desarrollo emocional o con complicaciones psicológicas, en cuyo caso resulta un síndrome psiconutricional más complejo.”

Se afirma, que en la última década del S. XX, en la mayor parte de los países de Latinoamérica y del Caribe la desnutrición constituía un problema grave. Por ejemplo, en México, según datos del Instituto Nacional de la Nutrición (INN), el 40 por ciento de los mexicanos sufre algún grado de desnutrición. Otro 40 por ciento carece de suficientes alimentos de alto valor proteínico. Sólo el 7 por ciento se alimenta correctamente.

Lamentablemente, entre la población infantil, por lo menos UN MILLÓN de niños nace cada año, de padres desnutridos. A inicios de la década de los 80, de dos millones 500 mil criaturas nacidas, un millón 500 mil sufrieron daños físicos y cerebrales causados por la desnutrición.

Por otro lado, los datos sobre nutrición infantil del último censo de población (1981) muestran una situación alarmante. De 11 millones 356 mil 963 niños mexicanos menores de seis años, únicamente 123 mil 581 (aproximadamente el 1 por ciento) consumieron leche, carne, huevos, y pescado, de cuatro a siete días por semana, nivel considerado óptimo para una buena nutrición. Datos que demuestran el poco acceso que tiene la población infantil de menos de seis años al consumo de los productos básicos indispensables.

Obviamente, esta grave situación repercute necesariamente en el ÁMBITO EDUCACIONAL. Se está incrementando el ingreso a la educación pública, empero esos niños traen consigo deficiencias nutricionales que repercuten en su desarrollo cognoscitivo y por ende en su rendimiento escolar; en el proceso de enseñanza-aprendizaje.

Ante tan nada deseable realidad, en Latinoamérica y el Caribe se ha venido investigando la relación que existe entre DESNUTRICIÓN y APRENDIZAJE entre los educandos, buscando establecer la correlación entre la variable desnutrición y la variable INTELIGENCIA, medida a través de pruebas psicométricas. Estableciendo dos tipos de desnutrición severa:

“a. Marasmo. Es el resultado de una dieta inadecuada en proteínas y calorías. Se desarrolla generalmente después del nacimiento y se manifiesta como un estado crónico.

“b. Kwashiorkor [condición descrita en 1932, que significa en un dialecto africano “niño desplazado del pecho materno por otro hermano”. En otro, significa “niño rojo”, debido a la decoloración rojiza del cabello que sufren estos niños], resultado de una dieta deficiente en calorías y aparece generalmente en el segundo año de vida.”

Las citadas investigaciones en la región citada, además de considerar a otros países en vías de desarrollo, reportan que una desnutrición severa de proteínas y calorías en el primer año de vida tiene efectos negativos en el desarrollo intelectual de las criaturas. A diferencia del marasmo, los efectos negativos del Kwashiorkor pueden aminorar con el tiempo y aun llegar a desaparecer.

Las investigaciones y estudios latinoamericanos y, por supuesto, en los EUM, comentados, “presentan evidencia sólida y consistente de los efectos adversos de la pobreza y la desnutrición en el desarrollo cognoscitivo de los niños. Considerando que la investigación de la desnutrición infantil debe orientarse también al contexto social, cultural y familiar en que los niños se desenvuelven.

En ese contexto y ubicando la pobreza desde el punto de vista económico, algunos autores interesados en el tema, sustentan lo siguiente: “Pobres son aquellas personas, familias y grupos de personas cuyos recursos (materiales, culturales y sociales) son tan limitados que los obligan a estar excluidos de una forma de vida mínimamente aceptables en los Estados en los que viven.”

Que los “pobres extremos son las personas que no tienen un nivel de nutrición suficiente, lo cual incide en un desempeño físico y mental deficiente que no les permite participar en el mercado de trabajo ni en actividades intelectuales como LA EDUCACIÓN.”

En tanto que los pobres moderados son los que no cubren lo que se considera como necesidades básicas. Se diferencian de los pobres extremos en que sí tienen la capacidad, pero no las oportunidades, de participar en actividades económicas e intelectuales. […] Los habitantes en extrema pobreza requieren medidas inmediatas para salir de la marginación y para reducir su debilidad y su ‘vulnerabilidad’ al medio.”

Finalmente, se reconoce que con el “Paquete Básico de Servicios de Salud” que se echó andar durante la presidencia de Zedillo y quizás continuada por dos presidentes panistas y el último priista, entre otras acciones se instruyó “la vigilancia de la nutrición y el crecimiento infantil, que comprende la identificación de menores de cinco años, diagnóstico, seguimiento del niño con desnutrición, diagnóstico del estado nutricional, orientación nutricional, capacitación a las madres y suministro de micronutrientes.”

(Bibliografía: Pablo Latapí Coord., “Educación y Escuela, II. Aprendizaje y rendimiento”, SEP Nueva Imagen, 1991- Edmundo Flores, “La alimentación problema mundial”, FCE, Testimonios del Fondo, 1975, México- Paulette Dieterlen, “La pobreza: un estudio filosófico Problemas de ética práctica”, UNAM, FCE México, 2003- Rodolfo Tuirán, Susana Quintanilla, “90 años de educación en México”, FCE, SEP, 2012).