La presidenta no deja de asombrarnos con declaraciones fuera de lugar. En “su” mañanera dijo que, respecto al programa Artemis de la NASA “siempre va a quedar la pregunta de si ese recurso debería utilizarse para mejorar la condición de vida de millones de personas que viven en la pobreza o dedicarlo a esto”.
Si lo hubiera dicho AMLO, sin formación académica y menos aún científica, lo justificaríamos porque él decía ocurrencias sin una meditación o estudio previo. Pero Claudia se supone es científica. Eso dice su currículum: estudió física, maestría en ingeniería de la energía y doctorado en ingeniería ambiental en la UNAM y en la Universidad de Berkeley. Debería alegrarse.
Probablemente en su paso por la política olvidó su formación académica. Es falso que cualquier persona que estudie ciencias, trabaje en laboratorios y vista batas blancas sea en automático científica. He aquí un caso claro. La ciencia es un cuerpo de conocimientos, no solo una actividad profesional. A veces, los “científicos” hacen trampas, ocultan información y hasta practican seudo ciencia. También dejó de lado que la ciencia tiene valor por sí misma porque es una búsqueda continua e inacabable de conocimiento y comprensión del universo en todas sus facetas. Desde las ciencias naturales (física, química, biología, etc.), formales (lógica y matemáticas) y sociales (sociología, ciencias políticas, economía y más).
Pero, interpretando a lo dicha por la primera mandataria, ese dinero gastado en Artemis 2 –unos 4,100 millones de dólares- debería dedicarse a combatir la pobreza. Sin embargo, López Obrador, con el pretexto de ahorrar dinero, suspendió la construcción del Nuevo Aeropuerto de la Ciudad de México (se perdieron miles de millones de pesos). Para construir sus obras faraónicas –el Tren Maya (500,000 mmp), el Corredor Interoceánico (62,000 mmp), el Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles (84,000 mdp), la refinería Dos Bocas (20,000 mmd), resucitar Mexicana de Aviación (35,367 mmp) y otras más- sacrificó el presupuesto a Salud, Educación y por supuesto al entonces CONACYT. (Una aclaración, estas cantidades son estimaciones porque las fuentes difieren entre las cifras del gobierno y otras no oficiales. Existe información oficialista oculta y datos de periodistas e investigadores independientes). Sume usted esas cantidades y recuerde que la Refinería Olmeca está en dólares. A eso agregue sin tomar en cuenta los incrementos los cuales, por seguridad nacional, no se hacen públicos. La UNAM, por ejemplo, ejercerá en 2026 un presupuesto de 59,878 millones de pesos, es decir, aquellas cantidades son unos diez años para nuestra máxima casa de estudios. Lo malo es que esas “inversiones públicas” no solo fueron carísimas, sino que no redituaron lo esperado. Es más, siguen sumando pérdidas. El Tren Maya, sea el caso, registró mermas en 2025, según datos oficiales, de 3,600 millones de pesos.
Y así siguen las otras extravagancias que pagamos los mexicanos. ¿Qué hubiese pasado si esos fondos se hubiesen destinado a salud, educación, obra pública que sí beneficiara a la población, estímulos a la investigación científica, tecnológica y humanística y a las instituciones de educación –preprimaria, primaria, secundaria, preparatorias, universidades y tecnológicos públicos?
Pero no, según la mentalidad del régimen, estos apoyos no son significativos, lo importante es el populismo y cumplir caprichos. Ni un paso atrás, aunque cuesten lo que cuesten.
Invertir en ciencia y tecnología no solo es por el conocimiento en sí, sino que al final del camino trae beneficios en todos los sentidos. Promover las ciencias, las tecnologías, las humanidades son las mejores inversiones. Ella piensa que los 4 mil millones de dólares, costo de Artemisa 2, debieron haberlo repartido entre los pobres. Al fin y al cabo, la Luna, Marte, estrellas y galaxias del universo conocido, están demasiado lejos. Y la física cuántica y la mecánica cuántica ¿para qué? Ni se ven a simple vista.
Tal vez por eso Albert Einstein rechazó ser presidente de Israel. Prefirió dedicarse a la investigación científica porque posiblemente haya pensado, que el universo sea más fácil de entender y no quiso contaminarse con la impredecible y más de las veces sucia política.
Mi álter ego considera que Javier Hernández, el Chicharito, a pesar de lo que dijo, de lo que hizo, merece un partido de despedida. Fue un gran jugador que lo sacaron por la puerta trasera. Solo recordemos que es el máximo anotador de la Selección: 52 goles.
