El próximo domingo 12 de abril, Perú no solo acudirá a las urnas para elegir a un nuevo mandatario o mandataria (en caso de que todo se resuelva en esta primera vuelta electoral); se enfrentará a un espejo que refleja la fragmentación más profunda de su historia republicana. Con un récord inédito de 36 aspirantes presidenciales y una oferta partidaria que supera las 40 agrupaciones inscritas, el país se adentra en un proceso electoral marcado por la incertidumbre, el retorno a la bicameralidad y una crisis de representatividad que parece no tener techo.
En este vasto océano de símbolos y rostros, tres figuras emergen como puntos de referencia de distintas corrientes: la resiliencia estratégica de Keiko Fujimori, el conservadurismo pragmático de Rafael López Aliaga y la irrupción del orden militar representado por Wolfgang Grozo.
En esta elección, el electorado peruano jamás había tenido que procesar tal cantidad de información. El número de candidatos no solo es un dato estadístico; es el síntoma de una reforma política que, buscando democratizar la participación, terminó atomizando el voto.
Entre esos casi 40 perfiles que buscan ser la máxima autoridad de Perú, hay tres que llaman la atención:
Keiko Fujimori.
Para Keiko Sofía Fujimori Higuchi, el 2026 representa la prueba de fuego definitiva. Tras tres intentos fallidos de llegar a la presidencia en 2011, 2016 y 2021 —todas perdidas en segunda vuelta por márgenes estrechos—, la lideresa del partido Fuerza Popular encabeza una candidatura que busca capitalizar la "estabilidad" y la experiencia frente a la improvisación.
A diferencia de campañas anteriores centradas en la figura de su padre, Alberto Fujimori, esta versión de Keiko Fujimori se enfoca en la microeconomía y la seguridad alimentaria. Su plan de gobierno busca conectar con el sector informal, aquel que mueve el 70% de la economía peruana. Como propuestas destacan:
Una reforma tributaria: Propone una "amnistía para emprendedores", eliminando sanciones punitivas contra las micro y pequeñas empresas y transformando a la SUNAT (Superintendencia Nacional de Aduanas y de Administración Tributaria, el equivalente al SAT mexicano) en un ente orientador en lugar de recaudador agresivo.
Seguridad y Orden: Su discurso ha girado hacia un "orden con rostro humano", fortaleciendo la inteligencia policial, pero manteniendo la defensa del libre mercado como eje innegociable.
Sin embargo, su principal obstáculo sigue siendo el rechazo. Aunque lidera las encuestas de intención de voto sólida (alrededor del 10.5%), también encabeza el rechazo popular. Su capacidad para romper ese "techo de cristal" en una eventual segunda vuelta será el centro del debate político durante todo el proceso.
Rafael López Aliaga.
El actual alcalde de Lima, Rafael López Aliaga, representa el ala de la derecha conservadora y empresarial bajo el símbolo del partido Renovación Popular. Su candidatura es una de las más visibles debido a su constante exposición mediática desde la alcaldía de la capital peruana, lo que le ha permitido mantenerse en el primer lugar de las preferencias electorales con un 16%.
López Aliaga propone trasladar su modelo de gestión municipal —basado en fideicomisos y búsqueda de capitales externos— al nivel nacional.
El Ministerio del Ser Humano: Una de sus propuestas más ambiciosas y comentadas es la fusión de los ministerios de Desarrollo e Inclusión Social, Mujer y Poblaciones Vulnerables, y Salud en una sola megasecretaría. Según el candidato, esto eliminaría el gasto corriente en burocracia para destinarlo directamente a programas sociales como "Hambre Cero".
Seguridad ciudadana radical: Su propuesta incluye la implementación de "jueces sin rostro" para casos de sicariato y extorsión, además del uso de tecnología de reconocimiento facial integrada a nivel nacional, similar a modelos aplicados en otras capitales de la región.
El reto de López Aliaga será convencer al electorado de provincias, donde su discurso capitalino suele encontrar resistencia, y gestionar las críticas a su actual gestión municipal, la cual sus opositores señalan como inconclusa.
Wolfgang Grozo.
En un contexto donde la criminalidad organizada y las bandas transnacionales han puesto en jaque la paz pública, la figura de Wolfgang Mario Grozo Costa ha ganado tracción como el candidato del orden. Postulando por el partido Integridad Democrática, este Mayor General en retiro de la Fuerza Aérea y exdirector de Inteligencia se presenta como el outsider técnico-militar.
Grozo no se define bajo las etiquetas tradicionales de izquierda o derecha. Su discurso es pragmático y enfocado en la soberanía estatal.
Corrupción como Traición a la Patria: Es el único candidato que ha planteado formalmente reformar el Código Penal para que los actos de corrupción de altos funcionarios (Presidente, Ministros, Congresistas) sean juzgados bajo la figura de traición a la patria, con penas de cadena perpetua.
Intervención en Zonas de Conflicto: Propone una estrategia de "inteligencia total" para desarticular las mafias de minería ilegal en Madre de Dios y el narcotráfico en el Valle de los ríos Apurímac, Ene y Mantaro, utilizando tecnología de vigilancia satelital y drones de combate.
Postura ante la CIDH: Grozo ha sido vocal sobre la necesidad de que el Perú evalúe su salida o reforma de su relación con la Corte Interamericana de Derechos Humanos, argumentando que los tratados actuales limitan la capacidad del Estado para aplicar penas severas contra delincuentes peligrosos.
Su candidatura representa a un sector del electorado que clama por una mano dura que no provenga de los partidos tradicionales involucrados en escándalos judiciales.
Más allá de los tres mencionados, el abanico incluye perfiles de todo tipo que podrían dar la sorpresa debido a la baja fidelidad del voto peruano:
Carlos Álvarez (País para Todos): El humorista busca capitalizar su popularidad y su discurso contra la inseguridad, apelando al sentimiento de "indignación" del ciudadano común.
Alfonso López-Chau (Ahora Nación): El rector de la UNI se posiciona como una opción de centro-izquierda intelectual, buscando el voto joven y académico.
Álvaro Paz de la Barra (Fe en el Perú): Con una campaña basada en redes sociales, intenta atraer a un electorado joven y desencantado.
Un factor que hace a esta elección distinta a las de los últimos 30 años es que los peruanos volverán a elegir a 60 senadores y 130 diputados. Este cambio busca elevar la calidad de las leyes y permitir una mejor revisión de estas, pero en la práctica, los partidos están utilizando sus figuras presidenciales como locomotoras para arrastrar votos hacia sus listas parlamentarias.
El riesgo es que Perú tenga un Ejecutivo débil frente a un Senado que podría convertirse en un nuevo foco de obstruccionismo si no se logran consensos mínimos.
El 12 de abril de 2026, el Perú no solo elegirá a un administrador del Estado. Elegirá entre la continuidad de un modelo con reformas sociales (Fujimori), la transformación conservadora del Estado (López Aliaga) o la restauración del orden mediante la disciplina de inteligencia (Grozo), entre otras 33 opciones.
La extensión de la oferta electoral es una señal de vitalidad democrática, pero también un síntoma de una sociedad que no termina de encontrar un proyecto común.
ESPRESSO COMPOL
El reloj electoral corre, y el Perú se prepara para una jornada que definirá su rumbo hasta el 2031 o si hay una segunda vuelta en junio. ¿Logrará alguno de estos candidatos romper la fragmentación, o estamos ante el inicio de una nueva etapa de crisis de gobernabilidad?
