Estamos a punto de celebrar en México la fiesta patria más importante de nuestro país. Todo se vuelve fiesta y convierte a septiembre en el mes de la patria, pero quizá algunas cosas mucha gente desconoce. Detrás del Grito, la campana y hasta los chiles en nogada existen historias que han sobrevivido durante más de dos siglos.
La Campana de Dolores, aquella que Miguel Hidalgo hizo sonar la madrugada del 16 de septiembre de 1810 en Dolores, hoy Dolores Hidalgo, Guanajuato, ya no está en su campanario original. Desde 1896 se encuentra sobre el balcón central de Palacio Nacional, en la Ciudad de México, y cada septiembre vuelve a repicar.
Otro dato se esconde en La Marquesa, entre el Estado de México y la Ciudad de México. Ahí ocurrió la batalla del Monte de las Cruces, donde los insurgentes derrotaron a las fuerzas realistas en octubre de 1810. El camino hacia la capital quedó abierto, pero Hidalgo decidió retirarse.
Hasta la comida guarda memoria. La tradición relaciona los chiles en nogada con religiosas de Puebla, quienes habrían preparado el platillo para Agustín de Iturbide en 1821. Sus colores quedaron asociados con la bandera trigarante.
Y aunque la insurrección comenzó la madrugada del 16, el Grito se celebra la noche del 15. Durante años se atribuyó el cambio a Porfirio Díaz y su cumpleaños, aunque existen registros anteriores. En 1843, durante la época de Antonio López de Santa Anna, ya había celebraciones la noche previa.
Así llega septiembre, entre banderas, comida y campanas, acompañado de pequeñas historias que también forman parte de la memoria de México.
