Cd. de México.- El primer año de la segunda gestión de Donald Trump al frente de Estados Unidos reconfiguró la relación bilateral con México bajo una lógica de presión constante, amenazas abiertas y exigencias unilaterales que han sido una pesadilla gestionada por la Presidenta Claudia Sheinbaum.
Para Sheinbaum, el balance del primer año de Trump 2.0 ha sido descrito en círculos diplomáticos y de seguridad como un auténtico calvario político, marcado por amagos arancelarios, reclamos por una deuda de agua y, sobre todo, una ofensiva retórica y operativa contra el narcotráfico que ha escalado hasta la amenaza explícita de incursiones militares en territorio mexicano.
Desde el arranque de su segundo cuatrienio, el republicano colocó a México en el centro de su narrativa de seguridad nacional. El fentanilo ilegal fue clasificado por Washington como un arma de destrucción masiva bajo el argumento de que el opioide sintético, cuyo tráfico se atribuye a cárteles basados en territorio mexicano, mata a más personas en Estados Unidos que cualquier bomba.El tráfico de esta droga ha sido utilizado como palanca para condicionar la relación comercial, migratoria y de cooperación.
En los primeros meses de 2025, la Casa Blanca amagó con imponer aranceles de hasta 25 por ciento a exportaciones mexicanas, bajo el argumento de que el País no hacía lo suficiente para frenar el flujo de opioides sintéticos. La amenaza, formulada al margen del espíritu del T-MEC, encendió alertas en sectores industriales y financieros, obligando a la Administración de Sheinbaum a desplegar una intensa ofensiva diplomática para evitar una guerra comercial con su principal socio, con el que tuvo un intercambio de 839.9 mil millones de dólares durante 2024. El frente del agua se sumó a la presión. Trump retomó los reclamos de Texas por los históricos adeudos de México en el marco del Tratado de Aguas de 1944, convirtiendo un diferendo técnico en un instrumento político. Las advertencias de represalias y congelamiento de fondos binacionales obligaron a negociaciones aceleradas y a liberaciones extraordinarias del recurso, en un contexto de sequía y estrés hídrico interno que tensó aún más el margen de maniobra del Gobierno mexicano.El factor Maduro
El punto más crítico de las presiones del magnate republicano llegó con la escalada en el discurso de seguridad.
El Presidente estadounidense no sólo insistió en que los cárteles mexicanos "controlan amplias regiones de México", sino que dio un paso más al designar formalmente a varios grupos criminales, entre ellos el Cártel de Sinaloa y el Cártel Jalisco Nueva Generación, como organizaciones terroristas extranjeras.
La decisión abrió un abanico legal para sanciones financieras, operaciones encubiertas y, potencialmente, acciones militares directas. En entrevistas y discursos públicos, Trump habló de atacar por tierra a los cárteles si México no mostraba resultados "contundentes".
El precedente que encendió todas las alarmas fue la captura de Nicolás Maduro en una operación estadounidense en Venezuela la madrugada del pasado 3 de enero.
El operativo, desplegado con militares de élite en Caracas envió un claro mensaje de que la seguridad nacional estadounidense está por encima de cualquier acuerdo internacional.
En México, el
episodio fue leído como una advertencia directa de que la soberanía no sería un freno si el Gobierno de Washington consideraba que sus intereses estaban en juego. Ante ese escenario, la respuesta de Sheinbaum combinó contención diplomática y despliegue de fuerza interna.
La Presidenta rechazó de manera pública y privada cualquier posibilidad de intervención extranjera, subrayando que la cooperación con Estados Unidos debía ser "con coordinación, no subordinación".
Al mismo tiempo, ordenó la puesta en marcha de la Operación Frontera Norte desde inicios de 2025, un despliegue de más de 10 mil elementos de la Guardia Nacional, el Ejército y la Marina a lo largo de la frontera y en corredores estratégicos.
El objetivo fue doble, frenar el tráfico de drogas y enviar una señal política clara a la Casa Blanca de que México estaba actuando.
En paralelo, el Gobierno federal intensificó los golpes a la infraestructura del narcotráfico. Se multiplicaron los operativos contra laboratorios clandestinos de fentanilo y metanfetaminas, con decomisos históricos de precursores químicos y la destrucción de instalaciones industriales del crimen organizado.
Las detenciones de alto perfil se aceleraron y, en un giro sin precedentes, México entregó a Estados Unidos a decenas de capos y operadores relevantes del narcotráfico en 2025, muchos de ellos mediante traslados directos, sin los largos procesos de extradición que caracterizaron años anteriores.
Estas entregas, defendidas por el Gobierno de Sheinbaum como actos de cooperación dentro del marco legal, generaron tensiones internas.
Sectores políticos y sociales en México acusaron una cesión excesiva ante las exigencias de Trump, mientras que en Washington fueron leídas como avances importantes, aunque insuficientes.
Trump, fiel a su estilo, reconoció los resultados, pero mantuvo la presión insistiendo en que "se puede hacer más".
Diplomacia presidencial
Sheinbaum sostuvo al menos 15 llamadas telefónicas directas con su homólogo estadounidense en menos de un año, un nivel de contacto inusual que refleja la fragilidad de la relación.
En el primer año de la segunda Administración del republicano, la Mandataria sólo sostuvo un breve encuentro directo con Trump, en el que también participó el Primer Ministro de Canadá, Mark Carney. La reunión trilateral tuvo lugar en el marco del sorteo para el Mundial FIFA 2026, que tendrá lugar en las tres naciones.
Cada conversación telefónica sirvió para desactivar crisis inmediatas: aranceles, declaraciones incendiarias o anuncios de medidas unilaterales. El costo político fue alto, pues la agenda bilateral quedó prácticamente secuestrada por la urgencia de evitar una escalada.
A un año del arranque del segundo mandato de Trump, el balance es ambiguo.
México logró evitar aranceles generalizados, contuvo una intervención directa y mostró resultados medibles en decomisos y detenciones en el combate al narcotráfico.
Pero el precio ha sido una presión permanente sobre su política de seguridad, una erosión del margen soberano y una relación marcada por la desconfianza.
Para Claudia Sheinbaum, el primer año de Trump 2.0 ha sido un ejercicio constante de equilibrio entre firmeza y concesión.
La relación México-Estados Unidos no se rompió, pero quedó redefinida bajo una lógica de fuerza.
Un año de contención mexicana
El próximo 20 de enero se cumple un año del regreso de Donald Trump a la Casa Blanca, un periodo marcado por la reactivación de una política de seguridad hemisférica más agresiva, el endurecimiento del discurso contra los cárteles y la reinstalación de la amenaza de una intervención militar limitada en México.
"El retorno de Trump no sólo reconfiguró la relación bilateral, sino que elevó el nivel de incertidumbre institucional en América Latina, particularmente en países con alta penetración criminal. México aparece como un caso crítico: un Estado funcional, pero sometido a presiones externas sin precedentes y a una violencia criminal que Trump ha utilizado como argumento político y de seguridad nacional", dice Ghaleb Krame, experto en seguridad nacional, a REFORMA.
"En ese contexto, la Presidenta Claudia Sheinbaum ha tenido que administrar una relación tensa, caracterizada por la narrativa trumpista que equipara a los cárteles con organizaciones terroristas y que plantea acciones directas, quirúrgicas y limitadas, en territorio mexicano", considera.
Advierte que esta lógica no es retórica vacía, sino responde a una visión estratégica en Washington que considera a México como un "eslabón débil" en la seguridad continental.
"La presión de Trump se inserta en un entorno de fragilidad regional: Estados con control territorial parcial, corrupción estructural y fuerzas de seguridad sobrecargadas. Bajo esa lectura, la violencia en México es vista desde Washington no como un fenómeno interno complejo, sino como una amenaza transnacional que justifica medidas excepcionales.
"Frente a ese escenario, Sheinbaum ha optado por una estrategia de contención política y diplomática. De acuerdo con el análisis, su Gobierno ha buscado mantener la cooperación en inteligencia, control fronterizo y combate al tráfico de fentanilo, sin aceptar una lógica de subordinación ni la presencia directa de fuerzas estadounidenses.
"La intervención limitada no resuelve las causas estructurales de la violencia y puede detonar efectos contraproducentes", agrega Krame.
El especialista sostiene que cualquier incursión militar estadounidense, incluso de carácter selectivo, implicaría una ruptura del equilibrio institucional mexicano, fortalecería el discurso nacionalista de los grupos criminales y aumentaría el riesgo de escalamiento armado.
"En ese sentido, la Presidenta ha tenido que navegar entre la exigencia de resultados en seguridad y la defensa de la soberanía nacional, bajo una administración estadounidense que privilegia soluciones rápidas y de alto impacto mediático".
Krame identifica además un factor clave, que Trump ha utilizado la presión sobre México como instrumento de política interna, vinculando migración, narcotráfico y terrorismo en una sola narrativa. Esto ha obligado al Gobierno mexicano a responder no sólo en el plano operativo, sino en el simbólico y discursivo, evitando que la relación bilateral derive en una crisis abierta.
"México no ha cedido a una intervención directa, pero sí ha tenido que reforzar su postura de control territorial, despliegue de fuerzas y cooperación selectiva. Para Sheinbaum, el reto ha sido sostener esa línea en un entorno de alta ingobernabilidad regional y con un vecino del norte dispuesto a tensar los límites.
"El segundo año de Trump podría intensificar estas presiones si la violencia no muestra reducciones claras. Para México, el desafío no es sólo contener al crimen organizado, sino administrar una relación bilateral donde la seguridad se ha convertido en el principal campo de disputa estratégica", anticipa el experto.
Sheinbaum: entre la espada y la pared...
A un año del regreso de Donald Trump a la Casa Blanca, la relación bilateral con México se ha sostenido bajo una lógica de presión constante, donde la seguridad se convirtió en el principal instrumento de chantaje político, alerta el especialista y consultor en seguridad nacional David Saucedo.
"El balance del primer año es desfavorable para México y deja a la Presidenta Claudia Sheinbaum atrapada entre exigencias externas y compromisos internos heredados. Donald Trump lo que ha hecho en materia de política internacional es generar incendios y después venderse como bombero, cuando en realidad él es un pirómano", dice en entrevista.
Saucedo explica que esta estrategia ha sido funcional para Trump, pues crea crisis arancelarias, migratorias o de seguridad, y luego exige concesiones para desactivarlas.
En el caso de México, el eje ha sido la violencia criminal y el tráfico de drogas, un flanco que Washington considera vulnerable.
"Su talón de Aquiles es el tema de seguridad, y este tema le ha permitido avanzar en concesiones en materia comercial, migratoria y de seguridad. Durante el primer año, Trump utilizó ese argumento para presionar en múltiples frentes, desde la imposición de gravámenes a productos chinos hasta acuerdos sobre agua transfronteriza y el despliegue de la Guardia Nacional en la frontera norte y
sur.
"Lo más reciente fue imponerle a México el decretar impuestos para China, no tanto para blindar a la industria mexicana, sino para reducir la influencia china en México y en América Latina".
El especialista subraya que el problema central fue estratégico cuando México aceptó responder a las exigencias sin establecer métricas claras que delimitaran el alcance de la cooperación.
"Nunca se establecieron métricas. Nunca se definió cuántas toneladas de cocaína o fentanilo tenían que incautarse, ni cuántos narcotraficantes debían ser extraditados".
Esa omisión, advierte, dejó al Gobierno mexicano expuesto a una presión permanente.
"Como no hubo métricas, estamos sujetos a un chantaje al infinito".
Saucedo considera que la Presidenta Sheinbaum subestimó el perfil político de Trump y descartó una confrontación comercial que hubiera equilibrado la negociación.
"La Presidenta y varios países del mundo desestimaron la posibilidad de ir a una guerra comercial con Estados Unidos, y esa decisión fue crucial".
Según el analista, influyeron tanto el temor del empresariado a un conflicto económico como el cálculo político interno.
"La élite empresarial mexicana no quería pelear con Trump y la izquierda pensó que la derecha podía aprovechar esa coyuntura".
Al responder positivamente a las amenazas, Trump detectó una debilidad estructural.
"Basta con que Donald Trump amenace con aranceles para que en automático haya una respuesta mexicana".
Con el paso de los meses, la presión se amplió hacia otros frentes. Saucedo identifica una ofensiva directa contra el brazo empresarial del narcotráfico, ejemplificada en el caso de Alfonso Romo y su firma financiera.
"Los norteamericanos ya no sólo pidieron la detención de los Chapitos o del Mayo, sino también descarrilar al brazo empresarial del narcotráfico".
A ello, dijo, se suma el tercer pilar: la estructura político-policial.
"Los norteamericanos tienen la cabeza de Gobernadores en funciones, integrantes del gabinete y Alcaldes fronterizos que colaboran con el crimen organizado".
Ese escenario coloca a Sheinbaum en una posición límite, advierte.
"La Presidenta está entre la espada y la pared, porque muchos de estos personajes son aliados de Andrés Manuel López Obrador".
Saucedo anticipa que, ante la presión de Washington, la Mandataria tendrá que tomar decisiones de alto costo político.
"Claudia Sheinbaum va a tener que sacrificar a algunos personajes ligados al sexenio anterior para satisfacer las exigencias de Donald Trump".
El analista añade
una cuarta vertiente de la ofensiva estadounidense: la narcocultura.
"Estados Unidos también está combatiendo el ecosistema cultural que normaliza al narcotráfico, desde los narcocorridos hasta figuras del espectáculo".
El cierre del primer año de Trump coincide con un calendario crítico: violencia interna en Sinaloa, el Mundial de Futbol, la renegociación del T-MEC y la elección intermedia en Estados Unidos.
"Donald Trump necesita trofeos y éxitos para mejorar su imagen rumbo a la elección intermedia".
¿Cuál es balance?, se le preguntó.
"Fue una estrategia fallida de negociación con los americanos. Ellos tienen objetivos claros y el Gobierno mexicano se ha ido adecuando sobre la marcha. O se redefinen reglas y límites claros, o los amagos de Trump se van a eternizar".
