Cd. de México.- El verdadero salto de Nemesio Oseguera Cervantes, "El Mencho", fue químico.

Bajo su mando, el Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) dejó atrás el modelo tradicional del narcotráfico basado en cultivos y corredores de cocaína para convertirse en una potencia industrial de drogas sintéticas.

Esa decisión estratégica, tomada cuando aún era un grupo emergente, permitió a la organización romper la frontera de Estados Unidos con un flujo constante de metanfetamina primero y fentanilo después.

Desde los primeros años del CJNG, Oseguera entendió que la metanfetamina ofrecía ventajas decisivas frente a las drogas vegetales.

A diferencia de la marihuana o la amapola, la producción química no dependía de temporadas agrícolas ni de grandes extensiones de tierra. Bastaban precursores, químicos especializados y laboratorios ocultos.

Con esa lógica, el grupo comenzó a instalar cocinas clandestinas en la franja occidente del País, particularmente en Jalisco, Michoacán y Colima, donde la geografía serrana y la cercanía con puertos estratégicos facilitaban la operación.

La metanfetamina se convirtió rápidamente en la columna financiera del CJNG.

La organización perfeccionó procesos de producción de alta pureza que le permitieron competir agresivamente en el mercado estadounidense.

Informes de agencias de seguridad señalaron que el cártel apostó por estandarizar la calidad del producto, reducir costos y aumentar volúmenes, replicando en la clandestinidad una lógica casi industrial.

Esta etapa coincidió con la expansión territorial del grupo, financiada en gran medida por las ganancias del negocio sintético.

Control de suministros

Uno de los movimientos más relevantes fue el control de la cadena de suministro químico.

Bajo la conducción de "El Mencho", el CJNG fortaleció la importación de precursores desde Asia, utilizando puertos del Pacífico mexicano como puntos de entrada. El puerto de Manzanillo se volvió estratégico. Desde ahí, la organización movía sustancias hacia laboratorios en la sierra y posteriormente distribuía el producto terminado hacia la frontera norte mediante células compartimentadas.

Con el tiempo, el modelo evolucionó. El CJNG dejó de depender de pequeñas cocinas dispersas y comenzó a operar complejos clandestinos de mayor escala, capaces de producir toneladas.

Los aseguramientos federales empezaron a revelar instalaciones cada vez más sofisticadas: reactores industriales, sistemas de ventilación improvisados, bodegas químicas y perímetros de seguridad armada.

La producción de metanfetamina alcanzó niveles que posicionaron al grupo como uno de los principales proveedores del mercado estadounidense. Pero el giro que redefinió el negocio ocurrió con la irrupción del fentanilo.

Conforme la crisis de opioides sintéticos se profundizó en Estados Unidos, "El Mencho" y su círculo cercano identificaron la oportunidad.

El fentanilo ofrecía márgenes de ganancia mucho mayores pues pequeñas cantidades generaban enormes utilidades y facilitaban el contrabando.

El CJNG, que ya dominaba la logística química, estaba en posición de dar el salto. La transición no fue inmediata, pero sí progresiva.

Primero aparecieron indicios de mezclas y pruebas de producción; después, laboratorios dedicados y prensas para pastillas.

El grupo adaptó su infraestructura existente de metanfetamina para procesar opioides sintéticos, aprovechando la misma red de importación, reportaron fuentes militares.

En pocos años, el CJNG se convirtió en un actor central en la manufactura y tráfico de fentanilo hacia el norte.

La estrategia de Oseguera combinó volumen, diversificación y fragmentación de rutas.

A diferencia de los grandes cargamentos de cocaína que cruzaban por corredores definidos, el fentanilo permitió envíos más pequeños, más frecuentes y más difíciles de detectar.

Las autoridades estadounidenses comenzaron a identificar al CJNG como una de las organizaciones más dinámicas en el abastecimiento de opioides sintéticos.

En paralelo, el cártel fortaleció su presencia en plazas fronterizas clave y consolidó redes de distribución en territorio estadounidense mediante células asociadas.

La metanfetamina seguía fluyendo, pero el fentanilo se convirtió en el producto de mayor crecimiento. Para entonces, la organización de "El Mencho" ya no era sólo un grupo violento en expansión territorial: era una maquinaria química transnacional.

Otro elemento clave fue la capacidad de adaptación. Cada golpe a laboratorios o cargamentos era seguido por reconfiguraciones rápidas.

El CJNG dispersó instalaciones, rotó sustancias químicas y movió centros de producción para reducir vulnerabilidades. Esta flexibilidad operativa complicó la estrategia de interdicción y permitió que el flujo de sintéticos hacia Estados Unidos se mantuviera constante.

Seguridad binacional

Diversos reportes de Estados Unidos colocaron al CJNG entre las principales amenazas por tráfico de metanfetamina y fentanilo.

La organización había logrado lo que pocos grupos antes: combinar poder de fuego territorial con una cadena industrial de drogas sintéticas capaz de abastecer mercados internacionales de forma sostenida.

Para "El Mencho", la apuesta por los sintéticos fue también una forma de blindaje. Al reducir la dependencia de cultivos, el cártel disminuyó la exposición a erradicaciones masivas y a disputas por zonas agrícolas.

El negocio se volvió más móvil, más compacto y más rentable. Esa transformación explica en buena medida la rapidez con la que el CJNG pasó de ser una escisión regional a una de las estructuras criminales más poderosas del continente, dijeron las fuentes.

Sin embargo, la misma expansión química atrajo presión creciente de México y Estados Unidos.

Operativos contra laboratorios, controles sobre precursores y sanciones financieras comenzaron a golpear la infraestructura del grupo. Aun así, durante años la red sintética construida por Oseguera mostró resiliencia.

"Bajo su mando, el CJNG industrializó la metanfetamina, incorporó el fentanilo a gran escala y diseñó un modelo de producción y tráfico que perforó la frontera estadounidense con flujos constantes y difíciles de contener", reconoció un mando militar retirado.

"Por todos lados entraba su droga (a Estados Unidos)", admitió.