Chihuahua, Chih.- En la panadería Geryal, ubicada en la colonia Santo Niño, la producción aumentó ante la llegada del Día de Muertos. Cada pieza es preparada a mano y vendida fresca, sin recurrir a congeladores.
El aroma a naranja, mantequilla y azúcar sale de los hornos de la panadería, donde la temporada de pan de muerto ya está en pleno movimiento. Ante la respuesta de los clientes, el establecimiento ha incrementado su producción hasta alcanzar alrededor de tres mil piezas por semana.
Gerardo Serrano, panadero en jefe del establecimiento, explicó que la elaboración comienza desde mediados de octubre, cuando los primeros compradores empiezan a buscar este tradicional producto para disfrutarlo en familia y tenerlo listo para colocar en sus altares.
“La producción del pan de muerto la empezamos a mediados de octubre para que la gente vaya teniendo el sabor del pan y para que el día 2 ya tengan para su ofrenda. Ahorita hacemos por semana hasta tres mil panes”, comentó.
Detrás de cada pieza hay varias horas de trabajo. La jornada comienza desde muy temprano y el proceso es realizado de manera artesanal, desde la preparación de la masa hasta el momento en que el pan sale del horno.
Serrano destacó que una de las características de la panadería es que no almacenan ni congelan el producto. La elaboración es conforme a la demanda, por lo que el producto que llega a las manos de los consumidores es preparado el mismo día.
La receta incluye harina y un toque de naranja que le da su característico aroma. Una vez lista la masa, los panaderos moldean cada pieza y colocan sobre ella las tiras que representan los huesitos, uno de los elementos que distinguen al pan de muerto. Finalmente, lo cubren con mantequilla y azúcar, que le dan su acabado tradicional.
Pero este pan va mucho más allá de su sabor. Su presencia en las mesas mexicanas forma parte de una de las tradiciones más arraigadas del país: recordar a quienes ya fallecieron y mantener vivo su recuerdo a través de las ofrendas.
Su historia tiene raíces en la época prehispánica y en las costumbres que llegaron con los españoles durante la Conquista. Con la introducción del trigo, la levadura, el azúcar y las técnicas europeas de panadería, las antiguas ceremonias se mezclaron con nuevas formas de elaboración, dando origen al pan que hoy conocemos.
Cada uno de sus elementos tiene un significado. La forma circular representa el ciclo de la vida y la muerte; la pequeña esfera colocada en la parte superior simboliza el cráneo, mientras que las tiras cruzadas representan los huesos y, de acuerdo con algunas interpretaciones tradicionales, los cuatro puntos cardinales.
De esta manera, el pan de muerto ha logrado convertirse en un elemento indispensable de los altares, donde lo colocan como una muestra de cariño y bienvenida para aquellos seres queridos que, según la tradición, regresan simbólicamente a visitar a sus familias.
En Geryal, la preparación de miles de piezas refleja cómo una costumbre que se transmite de generación en generación también representa una de las temporadas de mayor trabajo para los panaderos, quienes mantienen viva la tradición con las manos en la masa y los hornos encendidos. (Francisco López / El Diario)
