El bullicio de la tradicional Feria del Hueso en Chihuahua no logra entenderse del todo sin esa voz rasgada y rítmica que resuena entre el murmullo de la multitud, promoviendo su vistosa mercancía.
En el corazón del tianguis, el puesto de José Miguel Luna exhibe una viva mezcla de textiles donde destacan los eternos e infaltables cobertores estilo San Marcos con el majestuoso rostro del tigre, esa pieza icónica que ha acompañado las noches frías de generaciones enteras en los hogares mexicanos y que se niega rotundamente a pasar de moda.
Junto a este clásico indiscutible, cuelgan vistosas piezas que adaptan la tradición a los tiempos modernos: desde coloridos estampados infantiles con personajes de Disney, hasta coberturas afelpadas con rostros de artistas del momento y exponentes de los corridos tumbados, transformando la tela en un auténtico lienzo de la cultura popular.
Con el micrófono firme en la mano y la mirada puesta en los transeúntes, José Miguel Luna Tobón atiende entre esta maraña de cobijas, edredones y cortinas.
“Pásele, pásele por sus cobertores, de todos tamaños y precios, pásele…”, dice el insistente vendedor.
Originario del estado de Tlaxcala, José Miguel carga sobre los hombros el peso y la satisfacción de una tradición familiar que supera ya los 50 años de historia.
Aunque él lleva alrededor de un cuarto de siglo dedicado al oficio, la verdadera esencia de su labor le fue heredada de generación en generación, perfeccionando el arte de envolver a las familias en abrigo y calidez.
Para José Miguel, la venta va mucho más allá del simple intercambio comercial.
Según relata con orgullo, el alma del negocio radica en el perifoneo y el dinamismo del remate en vivo, una técnica donde la agilidad mental del vendedor y la emoción de las ofertas al micrófono logran captar de inmediato la atención del público.
“¡¡No le doy uno, le doy dos; es más, le doy tres, al precio de dos, pásele!!”, grita en el micrófono.
Es esa atmósfera festiva la que provoca que la gente se aproxime entusiasmada al mostrador improvisado, atraída tanto por los precios como por el espectáculo popular que evoca las ferias tradicionales de antaño.
La variedad del inventario está pensada para responder a todos los gustos y presupuestos de la comunidad chihuahuense.
Las opciones parten desde sencillas y ligeras cobijas de 100 pesos, ideales para el uso diario, pasando por cobertores matrimoniales e infantiles de gran colorido que oscilan entre los mil doscientos y mil quinientos pesos.
Para quienes buscan el máximo resguardo contra las bajas temperaturas de la temporada, la oferta culmina con edredones de lujo pesados en tamaño king size que alcanzan los dos mil cuatrocientos pesos, garantizando materiales de alta durabilidad.
En esta nueva edición de la festividad, la calidez tlaxcalteca traída por la familia Luna Tobón promete volver a arropar los hogares de la ciudad.
Entre el canto del mercader y el despliegue de colchas que desafían el paso del tiempo, el comercio ambulante demuestra que hay tradiciones que, lejos de apagarse, continúan abrigando a nuevas generaciones.
“¡¡No le doy uno, le doy dos; es más, le doy tres, al precio de dos, pásele!!”
