Chihuahua, Chih.- Con una muy sentida y profunda acción de gracias a Dios, el P. José Luis De Haro Treviño arriba a 50 años de ministerio sacerdotal, que estará celebrando en próximos días "rodeado de mucha gente que quiero: mi familia, mis hermanos sacerdotes, amigos...", el miércoles 25 de marzo a las 6 de la tarde en Catedral; y, por supuesto, con su comunidad parroquial, el domingo 12 de abril.
Entrevistado por Notidiócesis con ocasión de este 50º aniversario, que cumple junto con el periódico de la Arquidiócesis de Chihuahua siendo la invitación a su Ordenación la primera que se publicó, en la edición número 2 del domingo 21 de marzo, estas fueron sus impresiones:
"Me voy, y me voy"
Hijo de Luis De Haro Beltrán y Rebeca Treviño Ramos, ambos fallecidos, José Luis nació en Camargo, Chih., el 22 de abril de 1951. Sus padres, originarios de Zacatecas y Coahuila, respectivamente, se establecieron en Camargo durante el boom del algodón. Son sus hermanos Rosa Elba(+), Rebeca(+), Carolina, Luis Raúl, Margarita Ivonne y Luis Esteban. Platicó que "todos los hijos de mis hermanos llevan el 'Luis', por mi papá", y que el apellido De Haro se pone indistintamente con mayúscula o minúscula el "de".
La casa paterna, ubicada frente al Santuario de Guadalupe local, entonces una capellanía de la parroquia Santa Rosalía, fue oportunidad inigualable para cultivar la vocación, ya que de pequeño fue monaguillo y también, al estudiar su primaria en escuela de inspiración católica, las actividades que ahí se realizaban también contribuyeron a este llamado. Recordó: "Los viernes primeros nos llevaban a Misa, a confesar, hacíamos colecta en el Día del Seminario, había un ambiente católico totalmente, incluso el P. Alfonso Payán, que en aquel tiempo era el promotor vocacional, algunas veces visitaba la escuela, nos daba una platiquita, alguna exhortación y así fue como de alguna forma, comencé a pensar en ser sacerdote".
Compartió que tendría unos 12 años de edad cuando "una tardenoche el P. Payán fue al restaurant, el 'San Luis', que era de mi papá y hasta la fecha está ahí en Camargo; yo de niño trabajaba todas las tardes ahí, era cajero, hacía mi tarea y ya me despachaba a eso de las 6-7pm. Ese día el padre me pidió si lo invitaba a cenar un pescado, le dije sí. Era muy famoso el blackbass que se servía, y ese pescado fue como de alguna forma la puerta de la vocación, ¡qué curioso! Me invitó al Preseminario y yo asistí".
José Luis pretendía entrar al Seminario al terminar la primaria, "pero no me permitieron. Mi padre me dijo que terminara la secundaria y después viera si sí o si no. Hice un año y al término del cual le dije: 'Me voy, y me voy'. 'Está bien, es tu decisión', y me apoyó".
Relató que el Preseminario consistía en una semana de clases por parte de las religiosas del Colegio Patria: geografía, matemáticas, etc., junto con deportes y algunos temas de fe y vida cristiana. "Al final fui admitido, se llegó luego el tiempo de las vacaciones y yo iba a ingresar en septiembre, pero un día antes de esa fecha el P. Payán llegó a mi casa y me dijo: 'Sabes qué, te voy a pedir que mejor te esperes y no entres en el Seminario este año'. '¿Por qué, padre?'. 'Porque no estuviste bien calificado en tus clases'. Y le dije: 'Pues en ese caso, aquí terminó. ¡Gracias! Ni este año ni tampoco el siguiente', y ya le dije yo todo lo que había hecho para poder entrar. Al fin se retractó y me dijo: '¡Ándale pues, sí entras!'. Yo siempre al P. Payán lo quise mucho y él me quiso también. Le decía: '¡Fíjese, usted me dijo que no y al fin que sí, y fui el único que se ordenó de ese grupo!', del que entramos 33".
En tres Seminarios
Ingresó al Seminario Menor en 1964, para cursar cinco años de Latín. De esa época narró la siguiente anécdota: "Yo tenía dieces en Latín o en materias de humanidades, pero en álgebra troné el examen y tuve que venir un verano para hacer un examen extraordinario. El maestro, Profr. Villegas, me dejó hacer el examen con el P. Márquez y él me permitió ver el libro para que resolviera el examen. Hice lo que pude y me fui. Ya cuando regresé al
Seminario, el profesor me dijo: 'No pasaste el examen, pero viendo tus otras calificaciones decidí ponerte el mínimo aprobatorio porque el álgebra, para el sacerdocio, no te va a servir para nada, y no por eso vas a frustrar tu vocación'".
De Chihuahua, el grupo marchó al Seminario en Montezuma, Nuevo México, a cursar la Filosofía. Era 1969, "mi padre murió en enero y yo iba a salirme del Seminario para apoyar a la familia, porque éramos siete, y aunque tenía dos hermanas mayores, yo era el mayor de los varones; pero mi hermano no me permitió que me saliera: 'Yo me hago cargo como quiera de la familia y tu síguele en tu vocación'... Toda mi familia me apoyó; toda la vida me han apoyado, respetado y querido mucho, he bautizado a todos mis sobrinos y a algunos los he casado".
Cuando concluyó los tres años de Filosofía, se cerró Montezuma en 1972: "Hay muchos recuerdos incluso todavía tenemos un chat que se llama 'La Cartuja', porque había un lugarcito ahí que así se llamaba, y todos los días mandan los aniversarios y las defunciones, yo soy de los más jóvenes 'montezumences'... Me tocó la clausura y el cambio de todo Montezuma a Tula, Hgo., para iniciar el Seminario Interregional, que abarcaba varias diócesis. El Seminario lo acogió Mons. Jesús Sahagún de la Parra, obispo de Tula, que es actualmente el obispo más longevo del mundo, con 104 años".
Refirió que para el estudio de la Teología se abrieron tres comunidades externas al Seminario, una especie de experimento del que le tocó ser parte: no vivían en el Seminario sino en un pueblo cercano llamado Tlahuelilpan, cada quien diseñaba su tiempo de estudio, de pastoral y de comunidad, "nada más íbamos al Seminario en las mañanas a clases, cada quien tenía una asignatura pastoral, yo manejaba la economía de la parroquia, otros eran catequistas y así. Teníamos dos sacerdotes asesores y así estuvimos tres años. Cuando llegamos para 4º de Teología se abrió una nueva casa en Tulancingo y nos tocó hacer ese año viviendo ahí, en la parroquia Nuestra Señora de los Ángeles, donde había sido párroco Mons. José Fernández Arteaga".
Seis eran los seminaristas de Teología IV, de los que José Luis era el superior: "tres de Tulancingo, uno de Tepic, otro de Tacámbaro y yo, era el único de Chihuahua, por eso me ordené solo, porque algunos después de la Filosofía en Montezuma se fueron quedando en el camino".
De esos doce años de formación en tres Seminarios, expresó: "Para mí fue un tiempo maravilloso. Año tras año nunca vacilé, nunca dudé, siempre me fui con toda la seguridad del mundo, pasé mis años unos tras otros con esa decisión inquebrantable. Y las experiencias, pues Dios pone las cosas, fueron muy interesantes porque fueron diferentes sabores, se abrieron más perspectivas, uno aprende cosas nuevas".
En Camargo
Después de recibir el Lectorado y el Acolitado, fue ordenado diácono en la misma celebración en que Mons. Adalberto Almeida ordenó sacerdotes a los PP. Jesús José Mata y Silvestre Méndez, el 24 de junio de 1975, en la Catedral Metropolitana.
Comenzó su cuarto año de Teología siendo diácono y en 1976, recién lanzado Notidiócesis, se publicó en la edición #2 del domingo 21 de marzo, la invitación a la Ordenación el 25 de marzo a las 19:30hrs. en el Santuario de Guadalupe en Camargo, la primera celebrada en la hoy parroquia.
"Hablé con don Adalberto y estuvo de acuerdo en ordenarme en marzo y que fuera en Camargo, porque no se usaba eso, él todo lo hacía en Catedral. No fue la primera ordenación en Camargo, esa fue la del P. Luis Burrola y fue en Santa Rosalía. Estaba don Antonio presente, pero don Luis Mena fue el ordenante. Eso cuenta también para mi vocación porque nunca había ido a una ordenación. Era un niño, estábamos varios amigos trepados en el enrejado, agarrados viendo todo. Para mí ver sacerdotes y los obispos, yo ni los conocía, fue parte de algo que se asimiló como experiencia vocacional".
"Recuerdo con mucha emoción y mucha gratitud, porque para mí era muy impresionante que gente con pocos recursos se hicieron de medios para poder acompañarme, porque vinieron desde Tulancingo y de Tlahuelilpan tres camiones hasta acá. Recuerdo también con mucha gratitud que todo el Seminario me acompañó, eso no se usaba, tuvo mucho que ver el P. Gaspar Moreno. Mi madre y mis hermanos me acompañaron".
El Cantamisa fue al día siguiente, 26 de marzo, también en el Santuario, siendo párroco el recién ordenado P. Jesús José Mata.
Destinos
En cuanto a sus destinos pastorales, reseñó en breve: El Seminario, como promotor vocacional, durante dos años, y contó que le tocó en un Preseminario recibir a Mons. Luis Martín Barraza, obispo de Torreón. El 3 de octubre de 1980 se convirtió en el primer párroco de Santa Teresita, hasta entonces vicaría fija, comunidad en la que construyó los templos parroquial y el de San Jorge. En 1987 llegó como párroco de Catedral y estando ahí el P. Duarte "me invitó a dar clases en el Seminario, siendo el Regional; desde entonces he sido maestro, ya con más de 30 años".
De 1994 a 1996 cursó en dos años la licenciatura en Derecho Canónico en la Pontificia Universidad Gregoriana. Llegado a Chihuahua fue enviado a la Divina Providencia, de donde marchó en 2003 al Santuario de Guadalupe, Delicias, y de ahí a la Santa Cruz en Rosales, de 2009 a 2011, cuando asumió como primer párroco de Nuestra Señora de los Ángeles en Chihuahua (norte). Al año siguiente, 2012, fue nombrado vicario judicial del Tribunal, en el que colaboraba ya desde 1980, ¡más de 40 años!
En 50 años, el P. José Luis ha tenido numerosas encomiendas: "Tengo cien o más nombramientos como vicario episcopal, miembro del Consejo Presbiteral, del Colegio de Consultores, de Pastoral Juvenil, encargado bastantes años de los bienes inmuebles de la diócesis, postulador de la causa de don Adalberto...", entre tantas otras.
¡Cincuenta años!
"Siento ciertamente mucha gracia y bendición de Dios, porque yo no soy nadie para haber llegado a este momento. De mi parte, yo he puesto lo que en mí ha estado y creo que la fuerza que viene de lo Alto me ha hecho siempre estar en una postura indeclinable, pues desde seminarista nunca flaqueé en cuanto a mi opción vocacional, siempre le seguí desde que comencé el Seminario Menor hasta que terminé, y en los 50 años de ministerio me ha pasado lo mismo".
Compartió que nunca ha sentido un deseo o un pensamiento de dejar el ministerio, "¡jamás, jamás!, y aunque no sea la misma capacidad ni la misma fortaleza, sigue siendo el mismo sentimiento, la misma emoción de ser sacerdote desde el día que me ordené hasta el día de hoy". Y, admitiendo que ya no es el mismo en el sentido físico, "ciertamente no aguanto tanto, tengo muchos achaques, estoy enfermo del corazón y tengo varios cateterismos, pero la emoción y la convicción es completita, íntegra, eso sí, y el lema que escogí para mi ordenación sigue siendo el mismo: 'Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad'".
De su ministerio, aseveró ser muy hermoso y disfrutarlo mucho; por ejemplo, "el dar clases es algo que no cambiaría por nada, la parroquia es un ámbito de trabajo muy noble, que te retribuye mucho; ser vicario judicial es algo muy delicado, y también tengo ya 15 años viendo enfermos en los hospitales y eso me ha dado más de lo que yo doy, porque muchos de ellos te enseñan fe, fortaleza y gratitud".
También externó: "Siempre lo he dicho: todo lo que soy y todo lo que tengo a Él se lo debo total y absolutamente"; por ello, manifestó "una inmensa y profunda gratitud con Dios, primero, y segundo con todos aquellos que han sido parte de mi vida... Me siento muy arropado por mucha gente, desde mi familia, mis amigos y mi comunidad parroquial. Yo sé que oran por mí... porque si no, no habría esta capacidad. Y entonces, lo único que le pido a Dios es: Peto quod petivit latro penitens, 'Pido lo que pidió el ladrón arrepentido', ¡Jesús, acuérdate de mí!".
