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Chihuahua, Chih.- La fortaleza canina tiene nombre y patas; “Violeta” es la perrita que sobrevivió a un cruel acto de maltrato animal el 8 de marzo de 2025, tras ser arrojada a un tambo de basura lleno de chapopote.

Ella y su “mamá humana”, Cristina Ibarra, visitaron las instalaciones de El Diario de Chihuahua para dar a conocer la noticia de su nueva profesión como “dogtora”, lo que generó emoción entre el personal de esta casa editora.

Lo que en un inicio fue una historia de terror, con el paso del tiempo fue convirtiéndose en una anécdota llena de amor, esperanza y de un mensaje de lucha, puesto que, afortunadamente, “Violeta” logró sobrevivir a algo muy trágico para convertirse en un “ángel” que lleva alegría y paz a todas aquellas personas que por alguna u otra razón están postradas en la cama de un hospital.

Esta perrita llegó a la vida de Cristina el año pasado, cuando a través de redes sociales fue dada a conocer la agresión.

“El 8 de marzo, aproximadamente a las 10:00 de la mañana, vi en el Facebook una publicación en donde estaba un perrito en un tambo de chapopote; vi que estaban pidiendo ayuda, por lo que contacté a mis amigas rescatistas y entre varias nos organizamos. Fuimos algunas personas: Oni Pérez, de Rescate y Bienestar Animal; Nelson Rivas y Mérida Güereca. Nelson no dudó en subirla en su Chevy y nosotros ya estábamos esperándola en la veterinaria del doctor Arias Wilches”.

Relató que ahí duraron alrededor de 12 horas, lo único que traía destapado era su hocico.

“Fue un impacto muy grande, además, del lado izquierdo estaba completamente pegada al tambo, tardamos cinco horas en saber si era hembra o macho porque venía amarrada de sus patitas; también, en el lugar de los hechos, Mérida le quitó un alambre que traía amarrado en el cuello. Fue con mucha saña lo que hicieron con ella”.

Pese a todo el daño, nunca supieron la verdad y el resultado final que dio la Fiscalía General del Estado (FGE) fue que ella sola entró al tambo.

“Nunca aceptamos esa versión, entonces la carpeta sigue abierta, pero no ha habido avance”.

Cuando eso ocurrió, había alrededor de 600 personas, era una masa; nadie sabía si sobreviviría porque cada 40 minutos había que estarla sedando y eso hizo que entrara en shock dos veces.

“Su temperatura bajó demasiado, es una guerrera y un milagro, su proceso de recuperación fue de 21 días porque las quemaduras estaban vivas”.

Al principio, Cristina no pensaba quedarse con la perrita porque ya tenía otros ocho.

“Los hogares temporales no me funcionan a mí, los animalitos se quedan de manera permanente. Ahorita tengo nueve perros en casa y tres más en estancia temporal en lo que los adoptan. Yo no pensaba quedármela, pero pues desde el día uno hasta el 21 estuve yendo, iba dos veces al día a visitarla, a ayudarle al doctor, me llevaba su camita a lavar, trataba de estar con ella e intentaba generarle confianza en los humanos”.

Pese a todo lo que la perrita “Violeta” vivió, su nobleza hizo que recuperara la confianza rápidamente .

“A mí me sorprendió porque eso fue un sábado y el domingo yo no la vi porque el doctor se quedó a dormir ahí en la veterinaria con ella, el lunes fui a verla, la tenían en la transportadora y en el momento en el que la sacaron lo primero que hizo fue abrazarme, realmente me sorprendió, ¿cómo era posible, después de tanto daño que le hicieron? No sé qué habrá sentido, nosotros no supimos si fue un día o dos los que había estado ahí en el tambo sin poder gritar, pero gracias a Dios alguien pasó, la escuchó llorar y difundió el caso”.

La situación fue viralizada en redes, la policía que recibió el reporte hizo una publicación para pedir auxilio, ya que ella tenía que estar en la marcha del 8M y no podía quedarse.

El apoyo y la solidaridad fue increíble, "Violeta" logró reponerse de anemia. Al momento de ser rescataba pesaba entre siete y ocho kilos y actualmente pesa 18.

En un inicio, la custodia legal la tenía el doctor, pero finalmente el fiscal le cedió la custodia a Cristina.

“Fue complicado pero lo logramos, fui a firmar la custodia y la llevé a casa, yo llegué con mucho miedo porque dije: “¿donde no la acepten?”, le hablé a mi esposo, le pedí que sacara a todos los perros al patio -porque viven adentro, incluyendo las dos gatas-, y cuando entramos y Violeta salió con ellos, interactuaron como si se conocieran de toda la vida. Los animales son más sabios que nosotros, definitivamente”.

Para Cristina todo esto ha sido una de las experiencias más bonitas que le ha tocado vivir.

“Me siento muy bendecida porque he aprendido muchísimo de ella, de la resiliencia que tuvo y de cómo de sobrevivir. Ahora ella es plena, tiene una vida alegre, la veo feliz y ella disfruta todo”.

Del terror a un noble propósito

“Violeta” no sólo es una valiente sobreviviente, sino que además, es una perrita “dogtora” que lleva tranquilidad y amor a pacientes en el Hospital Christus Muguerza.

-¿Cómo se convierte “Violeta” en una perrita “dogtora”? - “Todo fue por medio de Rubén García, él es entrenador y tiene un criadero que es de perros de terapia; él invitó a varios a participar en ese proyecto y pues obviamente yo acepté luego, luego; yo iba a entrar nada más como técnica, es decir, no iba a entrar yo con mis perros”.

Esto, es realizado por medio de 'Manada K-9 de Monterrey', quienes en conjunto con la clínica, tienen a nivel nacional el programa de 'Dogtores', que inició hace dos años allá en Monterrey y que el pasado 4 de diciembre fue inaugurado aquí.

“Chihuahua es el segundo estado que está innovando. Entonces, ya que entramos al programa, empezaron a conocer a mis perras, me decían que el requisito de esos programas es que más bien sean perros, ya programados genéticamente, entonces tienen que ser casi siempre de criadero, perros con pedigrí y todo; yo tenía mi Golden y pensé que ella podría ser, entonces la examinaron y me dijeron que Matilda sí era apta, por lo que entró a un proceso de entrenamiento y de socialización”.

Cristina es maestra de piano en la Facultad de Artes de la Universidad Autónoma de Chihuahua (UACH) y “Violeta” la acompaña a algunas de sus clases; fue ahí donde ella notó que su perrita se acercaba mucho con los alumnos, sobre todo con aquellos que tenían temor.

“Yo empecé a notar su empatía y fue cuando le dije al entrenador; él al ver los videos la examinó y, en efecto, ella tenía esas aptitudes e inclusive Violeta entró antes que Matilda al hospital; ella cumplió con todos los requisitos, con la empatía y sentir la tristeza y/o la ansiedad en las personas, ellos saben manejar esas emociones”.

En enero fue cuando comenzaron las primeras visitas médicas y también hay otros perritos que son “dogtores”.

“Nosotros, como cuidadores, tomamos varios cursos en línea con la Universidad de Monterrey que tiene perros de terapia en los hospitales –y de búsqueda-, es una asociación que tiene más de 15 años”.

Los perritos “dogtores” ayudan a producir oxitocina, que es la hormona del amor.

“Nos ayuda con la relajación, tanto a los pacientes como a los familiares; hemos visto los cambios cuando llegamos, pasa que está el paciente con cara de dolor o los familiares con cara de angustia y al ratito de que ya estamos ahí, pues ellos lo cambian totalmente. Todo es con base en actividades y juegos, nosotros somos sus asistentes y, por ejemplo, llevamos memorama, lotería, sopa de letras y ponemos las tarjetas y ellos juegan con sus patitas”.

La presencia de estos animalitos ha sido fundamental e, incluso, los mismos médicos dicen que sí ha habido bastante mejoría.

“Todo es hecho con el consentimiento del médico y de la familia; todo depende de las circunstancias de la persona, nosotros programamos y hacemos una limpieza previa, les limpiamos sus encías, sus orejas, sus patitas, les desinfectamos todo. porque tienen que entrar lo más limpios posibles; tienen que estar bañados por lo menos un día antes de asistir al hospital y también cuidamos mucho la integridad del perro, hay que estar alertas de que estén cómodos”.

Cabe señalar que los “dogtores” reciben atención previa y posterior a la consulta para no tener afectaciones. Cristina dijo sentirse muy orgullosa de Matilda, su otra perrita, de “Violeta” y de su hija.

“Quiero decir que también estoy muy orgullosa de mi hija, me gusta nombrarla, y en cuanto a "Matilda" y "Violeta", es muy satisfactorio, es bonito salir plena de las consultas, ver que pudimos cambiar algo”.

“Violeta” es ahora una perra feliz que corre, come premios, llega a su casa y duerme en un lugar seguro.

“Violeta para mí es el amor, la esperanza, la lucha y el no rendirte nunca, no cabe duda de que el límite es el cielo”.

Al cuestionarle a Cristina qué le diría a la gente que comete actos en contra de los animales, ella hizo un llamado a la consciencia.

“No sólo son los actos de agresión, sino de abandono, el estar reproduciendo animales es incorrecto. De verdad, el interior del animal es lo más bello y cuando lo ves, cuando ves esa transformación y todo lo que aprendes de él es asombroso; yo le diría a la gente que se de la oportunidad de rescatar un animalito porque es como un niño, es un alma pura que no tiene maldad, que no sabe por qué lo agreden o por qué lo abandonan”.

Por último, Cristina dijo sentirse agradecida con la vida y con "Violeta", quien tiene poco más de un año y a quién le celebrarán su cumpleaños el próximo 12 de octubre. “Nosotros le pusimos ese día por la fundación de Chihuahua, entonces tiene un año y tres meses; ella tenía como cinco meses cuando pasó todo”.

El nombre “Violeta” surgió debido a que ese mismo día estaba la Marcha del 8 de marzo.

“El nombre surgió en un momento en el que yo tuve que salir, regresé y me dijeron: “oye, ya le pusimos nombre”, y yo pensé que fue perfecto, me gustó y, bueno, ella es “Violeta”, una perrita valiente y resiliente”, finalizó.