Con un empate técnico entre Luiz Inacio Lula da Silva y Flávio Bolsonaro, más de 158 millones de brasileños acuden hoy a las urnas para elegir Presidente en unas elecciones que definirán el rumbo

La última encuesta de Datafolha publicada ayer reportaba a Bolsonaro con 51 por ciento de los votos válidos y a Lula con 49 por ciento.

De ganar Bolsonaro consolidaría el avance de la derecha en la región latinoamericana, en tanto daría un aliado más al Presidente estadounidense, Donald Trump.

En total, 13 países están gobernados por Mandatarios de derecha o centro-derecha. Sólo quedarían México y Uruguay como los únicos países en los que hay elecciones y son gobernados por partidos de izquierda.

La permanencia de Lula mantendría la oposición a Trump en la economía más grande de América Latina.

"Una victoria de Flavio Bolsonaro podría implicar quizá que Brasil ponga más atención a su relación comercial con Estados Unidos sin prestar tanta atención a la relación, a la búsqueda de una mayor integración en la relación latinoamericana o, particularmente, a la relación bilateral entre México y Brasil", explicó Roberto Zapata, socio en Ansley Consultores Internacionales.

En la balanza comercial, en 2025, el País tuvo un déficit comercial con Brasil. La nación sudamericana representó 0.7 por ciento de las exportaciones del País y 1.71 por ciento de las importaciones.

La izquierda sueña con una remontada: un triunfo de Lula asegura cierta distancia entre la potencia económica de la región y Washington.

Lula y Bolsonaro movilizaron ayer a decenas de miles de simpatizantes que tiñeron con banderas las calles en Brasil.

Frente a la famosa playa de Copacabana de Río de Janeiro, una marea roja, el color del Partido de los Trabajadores de Lula, avanzó junto al Presidente, de casi 81 años, que saltó en una camioneta pick-up al ritmo de la música.

"El pueblo tiene que elegir entre alguien que besa la bandera nacional o alguien que besa la bandera estadounidense. Es un asunto de soberanía: no permitiremos que Brasil sea el patio trasero de nadie", dijo el líder de izquierda con la voz más ronca de lo habitual tras días intensos de campaña.

Nícolas da Silva, un empleado de hotel de 25 años, reconoció que el esfuerzo en la calle y en las redes para remontar "está siendo muy pesado".

"Pero no hay cómo descansar", dijo. "Estamos dando vuelta votos, luchando contra el fascismo, a favor de la democracia".

En Belo Horizonte, capital del estado de Minas Gerais, familias y motociclistas llenaron la emblemática Praça da Liberdade junto a Flávio Bolsonaro, de 45 años.

"El partido hoy en el poder quiere dejar a la gente dependiente del Estado. Nosotros valoramos la libertad", dijo el empresario Ebert Dorigo, al hacerse eco de una crítica frecuente entre los bolsonaristas a los programas sociales de Lula.

El senador se desplazó luego al acomodado barrio de Barra da Tijuca, en Río.

Carteles de "Fuera Lula" y banderas de Estados Unidos e Israel sobresalían entre los miles de asistentes, entre ellos un grupo de niños con los que el senador se hizo selfies al llegar.

Lula acusa a Washington y a Meta de intentar interferir en los comicios, en medio de un pulso judicial por supuestas acciones ilegales de ambas campañas en redes sociales. La empresa estadounidense lo niega.