Las autoridades de salud canadienses están investigando la muerte de dos personas que donaron plasma en clínicas con fines de lucro de Winnipeg, Manitoba. Las muertes se produjeron con poco más de tres meses de diferencia. Una de las personas era una estudiante internacional de 22 años que se preparaba para ser trabajadora social, y se desconocía la identidad de la otra persona.
Health Canada, el departamento federal que regula las clínicas de plasma, dijo que había recibido informes de los lugares donde se realizaron las donaciones sobre reacciones adversas mortales tras procedimientos en octubre de 2025 y enero de 2026. Las clínicas están obligadas a informar de tales sucesos.
Los pacientes murieron tras donar plasma en clínicas gestionadas por Grifols, empresa española de salud que tiene 17 centros en Canadá, dos de ellos en Winnipeg. Health Canada dijo que había enviado personal a los centros para inspeccionarlos tras las muertes.
La donación de plasma es similar a la donación de sangre, pero una vez extraída la sangre, el plasma, un líquido amarillo pálido, se separa de los glóbulos rojos, y éstos se devuelven al cuerpo del donante. El proceso, utilizado para obtener plasma rico en anticuerpos, suele considerarse extremadamente seguro.
En Estados Unidos se realizan cada año decenas de millones de donaciones de plasma remuneradas. Aunque no se dispone de cifras comparables en Canadá, el país ha visto cómo se abrían más clínicas de plasma desde 2022, cuando Grifols llegó a un acuerdo con los Servicios Canadienses de Sangre, la organización sin fines de lucro que gestiona el suministro nacional de sangre, para “aumentar el abastecimiento” de plasma. Los medicamentos derivados del plasma constituyen un mercado importante y en crecimiento, impulsado por la creciente demanda de estos productos, que ofrecen tratamientos vitales y a menudo insustituibles para muchas enfermedades crónicas y raras.
La empresa anuncia que los donantes habituales pueden recaudar unos 6000 dólares canadienses, unos 4400 dólares, al año. Dos donantes que hablaron con el Times dijeron que recibían unos 40 dólares canadienses por la primera donación y 75 por la segunda, si volvían la misma semana.
Un comunicado de Grifols expresaba sus condolencias a las familias de las personas fallecidas, pero decía que, basándose en la información disponible actualmente, “no tenemos motivos para creer que exista una correlación entre el fallecimiento de los donantes y la donación de plasma”.
El comunicado decía que cada donante se somete a una exhaustiva evaluación de su historial médico y a un examen físico antes de ser considerado apto para donar. Grifols dijo que había informado de los incidentes en un plazo de 72 horas, como está establecido, y que había iniciado su propia investigación interna.
Stephanie Holfeld, directora general de la Oficina del Jefe Médico Forense de Manitoba, dijo que quien falleció en 2025 dejó de reaccionar durante una donación de plasma en la clínica y murió poco después.
Ni la oficina del forense ni Health Canada facilitaron los nombres de los donantes, citando las leyes de privacidad, pero varios amigos de la persona que murió en octubre la identificaron como Rodiyat Alabede, de 22 años, estudiante internacional cuyos padres son de Nigeria y Costa de Marfil, y que realizaba trabajos de voluntariado en la comunidad musulmana nigeriana.
“Tenía un lado maternal, era protectora y dulce”, dijo Chioma Ijoma, estudiante de enfermería y amiga de Alabede, quien también la calificó de muy trabajadora. “Nunca se rendía, ni siquiera cuando las cosas se ponían difíciles para ella”.
Holfeld, de la oficina del forense, dijo que aún no se ha documentado que la muerte de Alabede esté relacionada con una donación de plasma, y que “es posible que aún se estén llevando a cabo ciertos pasos de la investigación”.
Las inmunoglobulinas o anticuerpos del plasma refuerzan el sistema inmunitario y se utilizan para prevenir infecciones, mientras que sus factores de coagulación ayudan a controlar las hemorragias tras un traumatismo y se utilizan para tratar a pacientes con trastornos hemorrágicos y enfermedades hepáticas. Se advierte a los donantes de plasma de que pueden sufrir efectos secundarios como fatiga, deshidratación, mareos, hematomas y desmayos.
Los informes sobre muertes asociadas a la donación de plasma en Estados Unidos son poco frecuentes. En 2020, The Miami Herald informó de que varias decenas de muertes en Estados Unidos podían estar relacionadas con una máquina de plasmaféresis, que separa el plasma de los glóbulos rojos, posiblemente defectuosa.
Grifols también se enfrenta a una demanda presentada en julio de 2025 por un donante de Winnipeg, un técnico aeronáutico de 43 años de las Fuerzas Armadas canadienses, quien sufrió una lesión renal aguda que, según afirmó, se produjo cuando un error de la máquina durante una donación de plasma hizo que le inyectaran glóbulos rojos que se habían roto. Estuvo hospitalizado cerca de una semana y sigue sometido a vigilancia renal, según documentos judiciales.
La empresa ha pedido a un juez que desestime el caso y negó las acusaciones en un documento judicial presentado en septiembre de 2025, al afirmar que el donante estaba “plenamente informado de los riesgos y efectos secundarios” del procedimiento y dio su consentimiento para proceder.
Los defensores de la seguridad de los pacientes dijeron que les sorprendió enterarse de las muertes a través de los informes de los medios de comunicación, y que ni la empresa ni las autoridades de salud habían informado al público, a pesar de que la primera muerte se produjo hace casi cinco meses.
“El público tiene derecho a conocer los riesgos que entraña acudir a estos centros”, dijo Curtis Brandell, defensor de la seguridad de la sangre, presidente de la sección independiente de Columbia Británica de la Sociedad Canadiense de Hemofilia, y quien tiene familiares que se infectaron de VIH y hepatitis C en la década de 1980 a través de productos sanguíneos contaminados.
“Debido a mi historia familiar, conozco los malos resultados que se producen cuando una agencia de sangre mantiene las cosas en secreto”, dijo. “La transparencia es clave no solo para la seguridad, sino para la confianza pública”.
La crisis de la sangre contaminada de la década de 1980, que infectó a unas 2000 personas de VIH y a más de 30.000 de hepatitis C, dio lugar a una importante investigación gubernamental. En 1997, la Comisión Krever recomendó, entre otras reformas, que Canadá no permitiera el suministro de sangre con fines de lucro. A raíz de ello, Canadá reconstruyó su sistema de donación de sangre, y estableció los Servicios Canadienses de Sangre y Héma-Québec en Quebec, ambas organizaciones sin fines de lucro.
Las muertes, de las que informó por primera vez la Canadian Broadcasting Corporation, centran la atención en los posibles problemas de salud asociados a la donación de plasma, que durante mucho tiempo se ha considerado una práctica segura a pesar de la escasez de investigaciones rigurosas sobre los efectos en la salud de los donantes, a quienes se paga por el producto y se ofrecen primas para que donen con la frecuencia permitida.
La empresa tiene un “Programa de recompensas para superhéroes” que incentiva las donaciones frecuentes y ofrece bonificaciones a quienes son habituales. El lunes, Grifols impuso un nuevo periodo de espera entre donaciones, pero sigue permitiendo dos por semana.
