Bishkek, Kirguistán.- Los Presidentes de Rusia e Irán, Vladimir Putin y Masoud Pezeshkian, se reunieron hoy con los líderes de China e India durante una cumbre de la Organización de Cooperación de Shanghái (OCS) en Bishkek, Kirguistán, en momentos en que ambos enfrentan una creciente presión por sus prolongadas guerras y buscan fortalecer sus alianzas fuera de Occidente.

El encuentro de dos días reúne a diez países y se ha convertido en un importante contrapunto a las agrupaciones políticas y de seguridad lideradas por Estados Unidos y sus aliados.

Para Moscú y Teherán, la cumbre representa una oportunidad para mostrar que aún cuentan con socios dispuestos a mantener sus vínculos económicos y políticos pese a las sanciones occidentales.

En el centro del encuentro está el Presidente chino, Xi Jinping, cuyo país se ha convertido en un respaldo fundamental para las economías de Rusia e Irán.

China es el principal comprador de crudo ruso e iraní y durante los últimos años ha suministrado a Moscú bienes y componentes utilizados en la producción de drones y armamento.

Rusia, que lleva cinco años en guerra contra Ucrania, también ha recibido apoyo militar de Irán.

Poco después de la invasión rusa de 2022, Teherán comenzó a suministrar drones Shahed a Moscú y colaboró para establecer instalaciones de producción de estas armas en territorio ruso.

India también ha desempeñado un papel relevante. Tras la invasión, Nueva Delhi se convirtió en uno de los principales compradores de petróleo ruso. Aunque sus importaciones disminuyeron por la presión de Estados Unidos y las sanciones contra empresas petroleras rusas, la nueva guerra entre Washington e Irán ha alterado los mercados energéticos y favorecido nuevamente las compras indias de crudo ruso.

El conflicto también ha incrementado la importancia de Asia Central como vía para que Rusia e Irán sorteen las restricciones occidentales. Países como Kazajstán y Bielorrusia han enviado recientemente gasolina a Rusia, después de que ataques ucranianos dañaran refinerías rusas.

La creciente influencia china también queda reflejada en la sede del encuentro.

Kirguistán, antigua república soviética que durante décadas estuvo dentro de la esfera de influencia de Moscú, ha estrechado sus vínculos con Beijing. Xi afirmó, durante una reunión con el Presidente kirguís, Sadyr Japarov, que las relaciones bilaterales habían dado un "gran salto adelante" y que la cooperación estaba "floreciendo en todos los ámbitos".

La cumbre permite a Xi proyectar a China como líder del llamado mundo no occidental y promover su visión de un orden internacional menos dominado por Estados Unidos.

Sin embargo, el Mandatario chino mantiene cautela respecto a Irán, pues no busca provocar a Washington a pocas semanas de su viaje a Estados Unidos para negociar la continuidad de la frágil tregua comercial entre ambas potencias.

El encuentro también forma parte de una ofensiva diplomática de Xi que incluye próximas visitas de Estado a Egipto e India antes de su reunión con el Presidente estadounidense, Donald Trump.

"Xi parece ver una oportunidad para demostrar que China tiene amigos y opciones en todo el mundo, precisamente en el momento en que Washington está alejando a muchos de sus aliados", escribió Julian Gewirtz, ex Director para China del Consejo de Seguridad Nacional durante la administración Biden y actualmente investigador de la Universidad de Columbia.

La cumbre, así, exhibe los límites de la estrategia occidental de aislamiento económico: pese a las sanciones y la presión militar, Rusia e Irán han conservado alianzas con importantes potencias asiáticas, mientras China aprovecha las guerras para ampliar su influencia en Eurasia y presentarse como un actor indispensable frente a Washington.