Kiev, Ucrania.- Agazapada en una trinchera en el frente en el este de Ucrania, Olena sintió que la aplicación de ovulación en su teléfono vibraba.
"Me di cuenta de que realmente necesitaba estar en casa criando un bebé, no sentada en esta trinchera", recordó Olena, médica de combate. Pero esa no era una opción inmediata, y su deseo de formar una familia era tan fuerte como su necesidad de servir.
Tras unos seis meses intentándolo, gestionando citas con médicos especialistas en fertilidad durante su limitada licencia, por fin lo consiguió, dijo Olena, quien, al igual que otras mujeres entrevistada, solicitó que solo se usara su nombre de pila por razones de protocolo militar. Quedó embarazada, pero continuó en el servicio. Aunque algunas personas podrían pensar que luchar en una guerra estando embarazada es una locura, dijo Olena, ella lo ve "un poco diferente"."La guerra es la guerra, pero la vida continúa", añadió.
El Ejército ucraniano tiene dificultades para reclutar hombres jóvenes a medida que la guerra con Rusia se prolonga, pero las mujeres -todas voluntarias- son un punto a favor. El número de mujeres en servicio ha aumentado más de un 20 por ciento, hasta alcanzar unas 70 mil, desde la invasión rusa en 2022. Las que quedan embarazadas a menudo sirven en duras condiciones bajo bombardeos incesantes, viviendo sin calefacción en invierno, ni agua corriente ni baños adecuados. "Es aterrador, cada día", dijo Nadia, de 25 años, quien trabajó como operadora de radio en primera línea hasta los ocho meses y medio de embarazo. "Te despiertas preguntándote si todo está bien, si todos siguen con vida", siguió, describiendo cómo cada mañana limpiaba el yeso de su cama que se había caído del techo tras una noche de explosiones. El embarazo, dijo, lo hizo aún más difícil. La clínica donde le hacían las ecografías cerró. Lo mismo hicieron muchos hospitales cercanos. "Pensabas constantemente en el bienestar de tu hijo", dijo Nadia, quien dio a luz a un niño, Yaroslav, en febrero. "Era un estrés constante todos los días, combinado con actividad física constante". Mientras que el Ejército estadounidense y muchos otros ejércitos retiran a las soldados embarazadas de las zonas de combate, las mujeres ucranianas suelen servir hasta el séptimo mes. Y eso ocurre en un Ejército que, según médicos y soldados, está mal equipado para apoyarlas -desde uniformes que no les quedan bien a las embarazadas hasta la falta de atención prenatal y guarderías-, en medio de los costos y desafíos de la guerra. A pesar de las dificultades, muchas soldados embarazadas dicen que entienden que el ejército tiene prioridades más urgentes y que están motivadas para servir por el futuro de Ucrania y sus hijos. "Nuestros hijos son el futuro de este país", dijo Olya, de 39 años, médica de combate en el este de Ucrania, quien dio a luz a una niña en mayo. "Tenemos que proteger a nuestros hijos. Y tenemos que liberar al país para su futuro". Una vez que dan a luz, las mujeres también enfrentan decisiones difíciles sobre cuánto tiempo quedarse en casa con sus bebés o si regresar a un Ejército que las necesita desesperadamente. Nadia dijo que, tras el nacimiento de su bebé, le concedieron 126 días de licencia remunerada si quería regresar al frente. De lo contrario, podía tomarse tres años sin goce de sueldo. "¿Cómo puedo dejarlo?", dijo que se preguntó, antes de decidir tomar los tres años, con la intención de volver al servicio después de eso. Valentyna acortó su baja por maternidad para volver al servicio. En el Ejército desde 2019, había trabajado como mecánica de infantería antes de la invasión a gran escala, un papel inusual para una mujer. "Quería desafiar a la sociedad diciendo que una mujer en una posición de combate compleja puede realizar sus tareas en igualdad de condiciones que un hombre", dijo Valentyna. Al principio, dudó en volver al servicio tras dar a luz a finales de 2021, preocupada por si el salario militar no le alcanzaría para mantener a su familia. La invasión rusa lo cambió todo, dijo. "A veces hay que tomar decisiones difíciles para mejorar las cosas", dijo. Encontrar una unidad que la aceptara no fue fácil, dijo Valentyna, en parte debido al sexismo que, según los expertos, está generalizado en el Ejército ucraniano. Varias la rechazaron, incluyendo una cuyo comandante le dijo que debía quedarse en casa con su bebé. No obtuvo la aprobación hasta agosto de 2023, cuando su hijo tenía 18 meses. La Mayor Viktoria Kravchenko ha servido en el ejército ucraniano durante más de 16 años y es psicóloga e investigadora del sexismo en las fuerzas armadas. Afirmó que las mujeres que se embarazan pueden enfrentarse a obstáculos considerables, como comandantes que cuestionan su decisión de volver al combate después de tener hijos o su aptitud para el servicio. "No es ningún secreto que existen prejuicios por cuestiones de género", dijo Kravchenko mientras su hija masticaba una rodaja de mango en sus brazos en su casa de Kiev, Ucrania, el invierno pasado. Añadió que las preocupaciones financieras también eran un desafío. En Ucrania, el Ejército cubre 126 días de licencia por maternidad. Después, el estado proporciona unos 170 dólares al mes por el niño. Varias entidades privadas están colaborando. Un grupo, Zemliachky, confecciona y envía uniformes de maternidad a soldados en servicio. Kvitna, una organización sin fines de lucro, ofrece atención médica gratuita a mujeres desde una clínica móvil. "Había una necesidad urgente", dijo Taras Yeftemii, ginecólogo de Kvitna. En una rotación reciente, comentó, la clínica móvil examinó a 573 mujeres soldados. Cinco estaban embarazadas. Los militares ucranianos no respondieron a las preguntas sobre cuántas mujeres estaban embarazadas o habían dado a luz en las filas ni sobre la atención prenatal a los soldados. La Dra. Vita Marchenko, de 62 años, ha atendido a soldados embarazadas en su hospital de Sloviansk, al este de Ucrania. Carece del personal y el equipo necesarios para realizar pruebas avanzadas, pero puede asistir partos. "Nunca pensé que tendríamos tantas mujeres en la guerra", dijo Marchenko. El embarazo de una soldado solo se diferencia del de una civil en que les da "más propósito", dijo Marchenko. "Recuerdan por qué están luchando".