En lo alto de los Andes ecuatorianos hay un bosque de niebla que alberga cientos de criaturas extraordinarias en peligro de extinción, muchas de las cuales parecen haber salido directamente de los cuadros de Hieronymus Bosch, como el ratón bolsero ecuatoriano, la orquídea Dracula, la rana de cristal y el colibrí turmalina. En esta región envuelta en niebla nacen numerosos ríos de aguas claras, cuyos caudales se nutren del proceso de condensación y escorrentía llamado captación de agua de niebla. Caminar por la vegetación húmeda y resplandeciente de este bosque de niebla —conocido como Los Cedros— es lo que sentirías al caminar por el musgo húmedo si te hubieran miniaturizado.
Hace cuatro años, Los Cedros estuvo a punto de ser destruido por proyectos mineros de oro y cobre. Pero en noviembre de 2021 ocurrió algo extraordinario para evitar esta catástrofe, algo que, de hecho, solo podría haber ocurrido en Ecuador.
La Corte Constitucional del país emitió una sentencia histórica que reconocía a Los Cedros como persona jurídica y entidad titular de derechos, y dictaminó que los proyectos mineros propuestos violarían esos derechos. La sentencia del tribunal era a la vez filosóficamente radical y jurídicamente poderosa. Se exigió a las empresas mineras que repararan los daños que habían causado y abandonaran la zona. Se marcharon en un plazo de 10 días.
Esta decisión innovadora es solo una de las formas en que Ecuador ha desempeñado un papel destacado en la política mundial de la naturaleza. Durante casi dos décadas, este pequeño país ha sido pionero en nuevas formas de imaginar y legislar la relación humana con otras formas de vida en la Tierra, y ha inspirado innovaciones similares en todo el mundo.
Ahora, sin embargo, ese progreso ecológico se ve gravemente amenazado por una serie de reformas impulsadas por el joven presidente populista de Ecuador, Daniel Noboa. Noboa es el heredero de un imperio agroindustrial, y llegó al poder con la promesa de combatir el crimen organizado. Sus reformas abrirán los impresionantes paisajes de Ecuador a la minería y la perforación petrolera, desmantelarán organismos gubernamentales en nombre de la “eficiencia”, perseguirán a funcionarios públicos y organizaciones cívicas que, según él, obstruyen su agenda y concentrarán amplios poderes de emergencia en sus propias manos.
En conjunto, estas medidas constituyen el ataque más grave a la protección del medioambiente y a la integridad constitucional en la historia reciente de Ecuador. También llegan en un momento peligroso para un país en el que las tasas de homicidio se multiplicaron por seis entre 2020 y 2023, y en el que ahora también está aumentando la violencia contra los activistas medioambientales.
La primera y más audaz medida de Noboa fue disolver el Ministerio del Ambiente, Agua y Transición Ecológica el 24 de julio y entregar sus competencias al Ministerio de Energía y Minas. Se trata de un claro caso de poner al zorro a cargo del gallinero, y deja a Ecuador sin una institución independiente que proteja sus extraordinarios ecosistemas.
Cinco días después, su gobierno presentó la llamada Ley de Fundaciones, un proyecto de ley de emergencia que permitiría al gobierno vigilar e incluso clausurar organizaciones de la sociedad civil por “cualquier actividad que atente contra los derechos fundamentales de las personas, el orden público o la seguridad del Estado”. Estos amplios poderes se hacen eco de la normativa, ya desaparecida, que el expresidente Rafael Correa utilizó para perseguir y disolver organizaciones medioambientalistas hace una década. Aunque el gobierno afirma que la ley tiene por objeto combatir el lavado de dinero y la actividad delictiva, no ha ocultado que también persigue a las organizaciones medioambientalistas que critican sus políticas económicas.
La tercera medida de Noboa adoptó la forma de una ley relativa a las áreas ecológicas protegidas, que abre la puerta a la privatización de los parques nacionales y las reservas forestales y despoja a las comunidades locales de las competencias para gestionarlos.
Dado que muchas de estas medidas son claramente inconstitucionales, ya han sido impugnadas ante la Corte Constitucional, que podría anular o forzar cambios en partes de este desastroso paquete legal. Pero el gobierno de Noboa ya ha atacado a la Corte en público y ha propuesto una consulta popular para cambiar la Constitución y hacer que los jueces disidentes sean más susceptibles de destitución mediante juicio político. El 12 de agosto, después de que la corte suspendiera algunos de sus poderes de emergencia, Noboa intensificó la intimidación encabezando una marcha contra ella. Los partidarios del presidente desplegaron enormes pancartas por las calles de la capital, Quito, con los nombres y fotografías de los jueces del tribunal bajo el titular “Estos son los jueces que nos están robando la paz”.
Es vital que la comunidad internacional ayude a los ecuatorianos a resistir este drástico retroceso de las protecciones medioambientales y el asalto a la integridad constitucional. El mundo se ha beneficiado enormemente de la imaginación moral de Ecuador en lo que respecta a la naturaleza. El reconocimiento por parte del país de los derechos de la naturaleza en 2008 catalizó el movimiento mundial por los derechos de la naturaleza, que desde entonces ha visto cómo Nueva Zelanda aprobaba una ley parlamentaria que declaraba la personalidad jurídica del río Whanganui y cómo el Senado español reconocía los derechos de la vasta laguna del Mar Menor.
El archipiélago ecuatoriano de las Galápagos fue también la primera biorregión reconocida como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO y recientemente se convirtió en el lugar del mayor canje de deuda por naturaleza de la historia, sentando un precedente mundial para liberar millones de dólares destinados a financiar la conservación de la biodiversidad en países muy endeudados. Pueblos indígenas como los sarayakus han ganado importantes batallas legales para defender la Amazonia, y sus jóvenes activistas se han convertido en figuras de la lucha internacional contra el cambio climático. (Ambos hemos participado estrechamente en los últimos tres años en la protección de Los Cedros y en la búsqueda del reconocimiento legal de la coautoría del bosque de niebla sobre una canción).
Ha llegado el momento de que el mundo sea recíproco con el visionario liderazgo medioambiental de Ecuador. Los activistas, expertos jurídicos y naciones indígenas que siguen defendiendo la tierra, el agua y la vida allí están trabajando en condiciones que se deterioran rápidamente. Si no se les ofrece apoyo para resistir los peores excesos de las reformas propuestas por Noboa, los costos para la vida en la Tierra —desde los colibríes hasta los seres humanos— serán enormes.