Nueva York.- Entre los más de 150 aviones de guerra estadounidenses que sobrevolaron Venezuela el fin de semana pasado se encontraba el Growler, un avión que ataca señales, no a personas.
El Boeing EA-18G Growler es especialista en guerra electrónica, una arista del conflicto bélico otrora descuidado que ha experimentado un renacimiento tras su uso masivo en la guerra en Ucrania. El Growler, pilotado por un escuadrón de la Armada apodado los "Zappers" y otras unidades navales, probablemente jugó un papel clave en Venezuela, donde las defensas aéreas se vieron rápidamente rebasadas.
En la guerra electrónica, las comunicaciones, el radar y otras señales son blanco de ataque o se protegen. El avión, basado en el F/A-18F Super Hornet de Boeing, es un pilar de la guerra electrónica estadounidense, un campo que se marchitó en gran medida después de la Guerra Fría, dijo Thomas Withington, experto en guerra electrónica en el grupo de expertos Royal United Services Institute (RUSI)."El Growler constituye el pilar del componente de guerra electrónica del poder aéreo estadounidense y habría localizado radares venezolanos, los habría bloqueado y realizado una tarea similar con las comunicaciones militares", destacó.
Este fin de semana, Estados Unidos utilizó una gran variedad de aeronaves -incluyendo cazas F-22, F-35, F-18, bombarderos B1 y drones- para suprimir la defensa aérea y las comunicaciones venezolanas mientras fuerzas especiales capturaban a Nicolás Maduro, el Presidente del país. Aunque Estados Unidos pudo penetrar fácilmente el espacio aéreo de Venezuela, lo hizo contra un enemigo menos sofisticado con una defensa aérea decente, pero limitada, señaló Nick Cunningham, analista de defensa en la firma de investigación Agency Partners. Las tácticas empleadas "probablemente serían menos efectivas contra un adversario casi equiparable y bien equipado como Rusia o China", añadió. En Venezuela, el Growler y otros aviones estadounidenses pudieron sortear fácilmente los anticuados sistemas de defensa aérea del país, predominantemente de fabricación soviética y rusa. Por ejemplo, Venezuela contaba con 12 sistemas de defensa antimisiles S-300, de acuerdo con el Instituto Internacional de Estudios Estratégicos, un centro de estudios. Versiones de este sistema ampliamente utilizado y desarrollado por los soviéticos también fueron fácilmente burladas y destruidas por la fuerza aérea israelí durante sus ataques a Irán el año pasado. Venezuela también cuenta con algunos sistemas de radar chinos, aunque los que ha mostrado eran modelos más antiguos, de acuerdo con Janes, una compañía de inteligencia de defensa. La guerra electrónica no es nueva; la Armada británica interfería e interceptaba comunicaciones de radio desde hace tanto tiempo como principios del siglo pasado. En el caso de Estados Unidos, los conflictos más recientes en Afganistán y Medio Oriente requirieron menos guerra electrónica. Esto generó preocupación de que el Pentágono hubiera hecho caso omiso a este campo. Luego vino la guerra de Ucrania, considerada ampliamente el mayor conflicto de guerra electrónica en la historia. Desde entonces, los ejércitos han estado buscando nuevas capacidades. "La guerra electrónica no es tan bien entendida por la gente, y no es tan visible ni atractiva como comprar barcos o aviones de combate", señaló Frank Kendall, quien se desempeñó como Secretario de la Fuerza Aérea de Estados Unidos durante la Administración Biden. "Pero es de vital importancia, como hemos visto en Ucrania". En Ucrania, el uso masivo de drones brindó oportunidades para interferir y falsificar sus señales. Rusia ha desarrollado un especial dominio en este campo y también ha bloqueado equipo estadounidense como el Sistema de Cohetes de Artillería de Alta Movilidad, o Himars. Esto puede hacerse de manera tan sencilla como bombardear un dron o un cohete con señales que ahogan la conexión con su operador o guía satelital. Pero plataformas como el Growler, un jet entregado por primera vez en el 2008, tienen más herramientas a su disposición. Por ejemplo, pueden simular múltiples aeronaves en el radar de un enemigo muestreando su pulso y enviándolo de regreso, dijo Withington de RUSI. El Growler también porta los llamados misiles antirradiación que detectan y luego destruyen el radar de un adversario. Casi todas las aeronaves modernas emplean la guerra electrónica, principalmente para defender sus propias comunicaciones. El jet caza estadounidense F-35 tiene una capacidad particularmente potente, producido principalmente por la británica BAE Systems, dicen los analistas. Pero el Growler está repleto de equipo de guerra electrónica, gran parte del cual lleva en grandes cápsulas bajo sus alas y panza. También tiene una tripulación de dos personas, una de las cuales está especializada en guerra electrónica. Su precio en el 2021 rondaba los 67 millones de dólares. Boeing remitió las preguntas a la Armada de Estados Unidos, que no respondió de inmediato a las solicitudes de comentarios. La guerra electrónica se ha convertido en uno de los negocios más lucrativos de la industria de la defensa. Aunque las grandes empresas de defensa estadounidenses no desglosan las ventas relacionadas con la guerra electrónica en sus resultados, sus homólogas europeas reportan algunos de sus márgenes más altos en este campo. MBDA, el fabricante europeo de misiles, está comercializando un misil cuyo propósito es interferir con las comunicaciones y los radares. Hay empresas que venden señuelos, que siguen a aviones o barcos, a veces con la apariencia de un misil, y emiten señales para confundir a los adversarios y hacer que los ataquen en lugar de a su nave nodriza. Para defenderse de las interferencias de señales, los ejércitos están comenzando a comunicarse mediante láseres, cuando es posible. Rusia y Ucrania han optado por una solución a la antigüita y conectan muchos de sus drones a cables de fibra óptica. La inteligencia artificial presenta nuevas oportunidades para la guerra electrónica. Sin embargo, los analistas se preguntan si Estados Unidos y Europa se han quedado rezagados, en particular respecto a China. Por ejemplo, las actualizaciones de las cápsulas de guerra electrónica del Growler, de las que Estados Unidos depende para proteger sus flotas aéreas, han sido retrasadas. "El progreso del programa ha sido extremadamente lento", declaró Kendall, el ex Secretario de la Fuerza Aérea. (Alistair MacDonald / THE WALL STREET JOURNAL)
