Ciudad Juárez.- Durante enero de este año, las líneas de emergencia en Chihuahua no dejaron de sonar. Tres mil 895 llamadas alertaron sobre violencia contra la mujer, situando al estado en el segundo lugar nacional en términos absolutos y en primer lugar en tasa por cada 100 mil mujeres. La Ciudad de México lo superó sólo en cantidad, con 4 mil 898 reportes, mientras que el Estado de México registró 2 mil 810. Juntas, estas tres entidades concentraron más de la mitad de los reportes del país, 57.7 por ciento del total nacional.
Pero los números, fríos en su crudeza, esconden la historia más profunda: una sociedad que sigue atrapada en prácticas que parecen del Siglo XVIII. La violencia no solo se combate desde los despachos gubernamentales; hace falta coordinación entre los tres niveles de gobierno, sí, pero también una evolución cultural que transforme los hábitos y mentalidades que normalizan la agresión.
De acuerdo con una nota publicada por El Diario, los incidentes de abuso sexual sumaron 50 llamadas en el estado, 8.6 por ciento del total nacional. El acoso y hostigamiento sexual dejó 71 reportes, y los casos de violación, nueve. En violencia de pareja y familiar, Chihuahua reportó mil 583 llamadas, el rubro más denunciado a las líneas de emergencia. Cada cifra es un grito que resuena en hogares y calles, un recordatorio de que las políticas públicas deben ir acompañadas de trabajo comunitario.
Quizá la respuesta no esté solo en la aplicación de la ley, sino en acercar talleres de arte y cultura a las zonas más vulnerables, en construir espacios donde la educación, la creatividad y el diálogo enseñen nuevas formas de convivir. Porque mientras la sociedad siga atrapada en patrones arcaicos, el gobierno por sí solo no podrá revertir la violencia que desgasta a Chihuahua.
