Es terrible que en México haya familias que necesiten protección para buscar a sus desaparecidos. Terrible porque la desaparición de un ser querido ya representa una de las experiencias más dolorosas que puede atravesar una persona. Terrible porque, además de cargar con la incertidumbre, el duelo suspendido y la ausencia, muchas de esas familias deben convivir con el miedo a ser amenazadas por quienes sembraron la violencia que les arrebató a sus seres queridos.
La imagen observada en Ciudad Juárez resulta devastadora. Familiares de personas desaparecidas recorrieron calles para colocar pesquisas bajo la custodia de elementos de la Guardia Nacional. Madres, padres, hermanos e hijos difundieron fotografías y datos de sus seres queridos mientras realizaban labores de búsqueda en espacios públicos. La presencia de elementos de seguridad durante esta actividad refleja el clima de temor que rodea a muchas familias que continúan buscando respuestas sobre el paradero de quienes siguen ausentes.
Esa escena retrata la dimensión del daño provocado por el crimen organizado en México. Durante años, miles de familias han quedado marcadas por desapariciones, asesinatos y desplazamientos. Sin embargo, el dolor no termina ahí. En muchos casos continúa a través de amenazas, intimidaciones y el temor permanente que acompaña a quienes se niegan a dejar de buscar.
Por eso también vale la pena reflexionar sobre la manera en que el país consume y normaliza ciertos mensajes. Mientras familiares pegan pesquisas en postes y bardas con la esperanza de encontrar una pista, continúan multiplicándose canciones que convierten a delincuentes en símbolos de admiración, riqueza o éxito. Detrás de esas narrativas suelen quedar ocultas las víctimas reales de la violencia.
Los rostros colocados en las calles de Ciudad Juárez recuerdan algo fundamental. Los responsables de buena parte del sufrimiento que vive México no son personajes heroicos ni figuras dignas de homenaje. Son quienes han dejado miles de desaparecidos y una herida que sigue abierta en innumerables familias mexicanas.
