Lo único bueno que tiene Madre siniestra, esta película de mala calidad que a veces da miedo y a veces más bien risa, es que va directo al grano. A los pocos minutos de conocer a Bela (Arabella Olivia Clark), de 7 años, a su padre amo de casa (Jay Duplass) y a su madre jefa empoderada (Jessica Chastain), la “otra mami” sale del clóset de Bela: una versión pantanosa y gótica, con una sonrisa en forma de rictus (y también interpretada por Chastain), de la verdadera mamá de Bela.
Y en lugar de mantener a la otra mami contenida en el cerebro o la habitación de Bela, no pasa mucho tiempo antes de que la entidad demoníaca que cambia de forma salga e irrumpa en la fiesta de aniversario de los padres de Bela, con lo que envía a la desesperada familia a huir en un intento inútil por escapar de su tormento. En el camino, hay algunas bajas y empalamientos espantosos; una sesión espiritista junto al mar con un equipo de cazafantasmas; y varias extremidades que son convertidas en masilla y luego pulverizadas en una nube de polvo brillante.
Todo esto plantea la pregunta: ¿qué se supone que es la otra mami? Bueno, bajo el paraguas de Blumhouse, el director Rob Savage hace del personaje una especie de mezcla exagerada entre Samara de El aro y el payaso Pennywise. La sonrisa de esposa de Stepford de Chastain hace gran parte del trabajo pesado, pero lo divertido de la actuación proviene de ver a la actriz de manicura inmaculada transformarse (entre los muchos disfraces de la otra mami) en un Slender Man viscoso o un insectoide de brazos torcidos con poderes aparentemente ilimitados.
Para satisfacer los gritos y alaridos que pide un público de terror alborotado, la película es más que generosa con sus sustos, pero a medida que avanza, este ritmo implacable también atenúa un poco su efecto. En lugar de periodos en los que se acumule la tensión acentuados por sobresaltos repentinos, Savage opta por secuencias prolongadas y surrealistas que son bastante ingeniosas en teoría, pero que a menudo se sienten flojas y dispersas, como en una escena (orquestada de manera fluida, hay que admitirlo) en la que Bela es succionada por una piscina de pelotas, para después salir a la superficie en el océano y reaparecer en el asiento trasero de su auto familiar.
Por su parte, el guion de Nathan Elston crea una explicación bastante superficial para la razón de ser de la otra mami.
La creciente conciencia de Bela sobre los problemas de sus padres —mamá podría estar enamorada del mejor amigo ultramillonario de papá (Arian Moayed)— hace que la promesa de un final feliz de la otra mami suene reconfortante. Afortunadamente, estas tensiones matrimoniales se desarrollan sin mucho alboroto ni esfuerzo. (¿De verdad estamos viendo Madre siniestra por la sofisticación de su drama doméstico?). Aunque están muy por encima del material que les han dado, Chastain y Duplass, al menos, demuestran que no se toman a sí mismos demasiado en serio, y no tienen que hacer mucho para interpretar a la perfección sus “personajes” —una reina de hielo que se está derritiendo y un bobo adorable— con un carisma decente.
Según su publicidad, la película parece prometer un enfrentamiento entre la mamá malvada y la mamá buena (eh, digamos, real), pero cualquier oportunidad de escaramuzas entre doppelgängers queda de lado por lo que en realidad es una película de terror sobrenatural sobre el paso a la madurez en la que Bela aprende a aceptar las imperfecciones de su familia. Muy lindo —y Clark es una excelente niña conmocionada—, pero yo habría elegido emociones más fuertes y un caos sangriento por encima de las sutilezas temáticas cualquier día.
