Su cabello es entrecano. Su frente tiene surcos profundos. Sus cejas tienen voluntad propia.
Pero los ojos de Michael Douglas son como siempre han sido, muy juntos y azules, con la mirada penetrante que aportó a su frase más famosa, “La avaricia es buena”, como Gordon Gekko en Wall Street. Quien fuera el chico emblema de los excesos de la década de 1980, Douglas, de 82 años, ha regresado a sus raíces hippies, al menos ideológicamente. “Las obsesiones no son saludables. Tenemos que reavivar una filosofía sobre tratar de ayudarnos mutuamente”, dijo, inclinándose hacia adelante como para enfatizar el punto. “Entrénate para ayudar a los demás”. Algunas memorias de celebridades esquivan lo bueno, pues ofrecen un carrete de momentos destacados más que un artículo de fondo. “One Helluva Ride” es un éxito de taquilla: íntimo y sin censura, digno de un balde de palomitas de maíz con mantequilla extra. Aparte de Clint Eastwood, Robert Redford y tal vez George Clooney en una o dos décadas, pocos actores-productores han tenido la vigencia de Douglas. Seis décadas de cine, drogas y romances Su libro de memorias lo cubre todo: seis décadas de cine (incluyendo premios Oscar por “Wall Street” y “Atrapado sin salida”); dos generaciones de realeza de Hollywood (el padre de Douglas, Kirk, allanó el camino); dos matrimonios (uno turbulento; el segundo, con Catherine Zeta-Jones, “una alegría y un consuelo”, dijo); muchos, muchos escarceos amorosos (con Brenda Vaccaro, Jeanne Tripplehorn, Kathleen Turner, la escritora de opinión del Times Maureen Dowd, una soldado israelí que conoció al costado de la carretera, y la lista continúa); muchas drogas (incluyendo maletas de “hierba” que Douglas vendió para pagar sus últimos dos años en la Universidad de California, campus Santa Bárbara, y una juerga memorable tras la cual se despertó con una pajilla para cocaína aún en la nariz), y la paternidad, relatada con una sinceridad refrescante.Memorias al desnudo
El libro contiene 22 groserías de grueso calibre y un impresionante recuento de insultos menores. Tampoco es tímido respecto al sexo, lo cual no es sorpresa si se considera que Douglas protagonizó junto a Sharon Stone el thriller erótico “Bajos instintos”. (Y no olvidemos “Atracción fatal” con su escena del ascensor y su escena que va de la mesa de la cocina a la encimera al dormitorio). También hay mucha desnudez en las memorias, tanto dentro como fuera de la pantalla; al parecer, Douglas prescindió de la ropa mientras vivía en una comuna durante la universidad. El diagnóstico de cáncer de garganta en etapa 4 de Douglas lo llevó a un ajuste de cuentas con la mortalidad —“Me preguntaba si se me había acabado la suerte”, escribe— y a un nuevo aprecio por los amigos que se quedaron a su lado. “Hay algo en el cáncer que hace que la gente no quiera estar cerca de ti”, dijo. “Me sorprendió qué tan pocas personas se pusieron en contacto. No saben qué decir”. Una persona de la que supo regularmente fue Shane Salerno, un guionista que conoció a principios de la década de los 2000. Fue Salerno quien le planteó por primera vez la idea de colaborar en unas memorias hace una década, Douglas se negó. Pero su padre había escrito unas memorias, al igual que su madre y su hijo Cameron, así que ¿tal vez era una tradición familiar? Luego se tomó un descanso de la actuación y comenzó a pensar en su legado.
