El Paso.- Desde la mañana del lunes, conductores que intentaban ingresar a Fort Bliss encontraron algo que no esperaban: filas de vehículos que avanzaban lentamente, revisiones más rigurosas que las habituales y tiempos de espera considerablemente mayores en al menos seis entradas de la base, entre ellas Buffalo Soldier, Cassidy, Chaffee, McGregor Front y Old Ironsides.

La causa: Fort Bliss elevó su nivel de Condición de Protección de la Fuerza (FPCON) durante el fin de semana, en respuesta directa a la escalada de tensiones entre Estados Unidos e Irán y a la participación militar conjunta de Washington e Israel frente al Gobierno iraní.

El nuevo nivel implica inspecciones más estrictas en todos los accesos y revisiones vehiculares exhaustivas para empleados civiles, personal militar y visitantes.

En un comunicado interno, la base fue directa: “Con base en la situación mundial actual y el entorno local, el nivel FPCON ha aumentado”.

La instrucción a quienes deben ingresar fue igualmente clara: consideren tiempo adicional, especialmente en horas pico. El United States Northern Command confirmó que el ajuste forma parte de protocolos preventivos vinculados a la coyuntura internacional.

El caos vial de este lunes no es un incidente menor: es el reflejo cotidiano de una base que ocupa un lugar central en la arquitectura defensiva de Estados Unidos frente a las amenazas que plantea Irán.

Fort Bliss es, en esencia, el principal centro de entrenamiento en artillería de defensa aérea y sistemas anti-misiles del Ejército. En un eventual conflicto con Irán –cuyo arsenal de misiles balísticos y drones es uno de los más desarrollados de la región– esa especialización la convierte en una instalación de primer nivel. Aquí se entrena a los operadores de los sistemas que estarían en la primera línea de cualquier respuesta a un ataque de ese tipo.

Alberga además a la 1st Armored Division, una de las divisiones blindadas más importantes del país, con capacidad de despliegue rápido hacia Medio Oriente. En años recientes, la base ya ha enviado contingentes a la región como parte de operaciones de estabilidad.

Una historia que se repite

Fort Bliss no es novata en estos momentos. Su rol en defensa anti-misiles tiene raíces profundas: en septiembre de 1940 se convirtió en centro de entrenamiento anti-aéreo; tras la Segunda Guerra Mundial albergó el Centro de Artillería Anti-aérea y Misiles Guiados del Ejército, donde se operaron sistemas como Nike-Ajax, Nike-Hercules, Hawk y Chaparral. Wernher von Braun y otros especialistas alemanes en cohetería trabajaron ahí después del conflicto.

Personal entrenado en Fort Bliss ha participado en Corea, Vietnam, el Golfo Pérsico, Irak y Afganistán. Hoy, con más de 1.1 millones de acres entre Texas y Nuevo México, sigue siendo una de las instalaciones de entrenamiento más extensas del país.

Una ciudad que lo siente

El impacto de Fort Bliss no se queda dentro de sus cercas. Con más de 175,000 personas entre militares activos, familiares, civiles y jubilados –más de 36,000 de ellos en servicio activo– la base es el mayor empleador y motor económico de El Paso, ciudad de unos 678,000 habitantes con más de 40,000 veteranos. Su aportación a la economía local supera los 500 millones de dólares anuales, cifra que ha crecido con la expansión de la instalación.

Son esas mismas personas –los que viven y trabajan dentro y alrededor de la base– quienes hoy hacen fila en Buffalo Soldier o en Chaffee, esperando entrar a trabajar mientras los guardias revisan cada vehículo con un nivel de detalle que no se veía desde hace tiempo.

Lo que sigue

Especialistas en seguridad explican que elevar el nivel FPCON es una medida preventiva estándar ante la inestabilidad global: su objetivo es disuadir riesgos y garantizar capacidad de respuesta inmediata. No implica una amenaza directa contra El Paso; las autoridades confirmaron que los puertos fronterizos de la región Paso del Norte operan con normalidad.

Pero mientras el conflicto con Irán siga escalando, las filas en las entradas de Fort Bliss podrían ser la señal más visible –y más cotidiana– de que esta base fronteriza ya está en modo de alerta.