La avioneta había sobrevolado apenas horas antes, arrastrando tras de sí un mensaje de celebración que ondeaba contra el cielo invernal de Nuevo México: "Happy birthday, Santi!!!" En el video que su padre compartió aquella mañana del 8 de enero, la familia aparece reunida bajo ese cielo despejado —madre, padre, hermano menor y Santiago— con las montañas nevadas de Ruidoso recortándose en el horizonte. Era el inicio de lo que debía ser un día perfecto.

Para el mediodía, Santiago Ortiz Zamorano, de 12 años recién cumplidos, había perdido la vida en un accidente de esquí en aquellas mismas montañas que prometían aventura y alegría.

La noticia del fallecimiento de Santiago —conocido cariñosamente como "Chino" entre su familia y amigos— ha sacudido a la comunidad de Monterrey, donde el niño estudiaba en el prestigioso Brighton School, y ha resonado con particular fuerza en la región fronteriza que conecta el norte de México con el sur de Estados Unidos.

Ruidoso, un pueblo de montaña ubicado a unas 90 millas (145 kilómetros) al norte de El Paso, Texas, frontera con Ciudad Juárez, Chihuahua, se ha convertido en las últimas décadas en un destino predilecto para familias mexicanas del norte que buscan escapar brevemente del árido paisaje desértico hacia las alturas boscosas. Para muchas familias regiomontanas y fronterizas, Ruidoso representa un refugio cercano, accesible en unas horas de viaje, donde las nieves invernales ofrecen una experiencia de montaña sin necesidad de cruzar medio continente.

Fue precisamente esa cercanía la que atrajo a la familia Ortiz Zamorano a celebrar allí el cumpleaños de Santiago, un viaje que debía culminar en recuerdos atesorados y fotografías familiares en la nieve.

"Santi, tu luz fue breve, pero iluminará nuestras vidas para siempre," escribió Roberto Ortiz, padre del menor, en un mensaje publicado en redes sociales horas después del accidente. "Gracias por estos 12 años de alegría pura y por enseñarnos el significado del amor incondicional, te vamos a extrañar toda la vida hasta que el señor nos vuelva a unir."

Las palabras, cargadas de un dolor apenas contenido, se difundieron rápidamente entre amigos, familiares y la comunidad del Brighton School, donde Santiago cursaba sus estudios y donde, según testimonios de compañeros y maestros, era recordado como un niño alegre, cercano y lleno de vida.

"La comunidad de Brighton School comparte con profundo pesar el fallecimiento de nuestro alumno Santiago Ortiz Zamorano," señaló la institución en un comunicado oficial. "Nos unimos con respeto y solidaridad al dolor de su familia, a quienes enviamos nuestro más sincero acompañamiento, cariño y apoyo en este momento tan difícil."

El comunicado destacaba que Santiago dejaba "una huella imborrable" en la comunidad escolar, y solicitaba a estudiantes y padres de familia mantener a la familia en sus pensamientos y oraciones, además de brindar "respeto y empatía" en estos momentos de duelo.

Hasta el momento, ni la familia ni las autoridades locales han proporcionado detalles específicos sobre las circunstancias exactas del accidente. La discreción ha prevalecido mientras los Ortiz Zamorano enfrentan la pérdida más devastadora que puede experimentar una familia: la partida de un hijo cuya vida apenas comenzaba a desplegarse.

El contraste entre el video matutino —con su mensaje de celebración flotando en el cielo azul— y la tragedia que sobrevendría horas después ha agregado una dimensión particularmente desgarradora a la historia. En las redes sociales, cientos de mensajes de condolencia han inundado las páginas de la familia y del colegio, muchos de ellos acompañados del apodo cariñoso "Chino" y recuerdos de su personalidad vibrante.

Para las comunidades de Monterrey, El Paso y Ciudad Juárez —ciudades unidas por lazos económicos, culturales y familiares que trascienden las fronteras— la tragedia de Santiago representa un recordatorio conmovedor de la fragilidad de la vida y de cómo la geografía compartida de la región fronteriza conecta no solo en tiempos de celebración, sino también en momentos de profundo dolor.

Ruidoso, con su pintoresco centro histórico y sus pistas de esquí, seguirá recibiendo a familias mexicanas en busca de nieve y aventura. Pero para los Ortiz Zamorano, ese paisaje quedará para siempre marcado por el día en que su hijo mayor, en el amanecer de sus 12 años, dejó este mundo en circunstancias que ningún padre debería enfrentar.

"Su recuerdo permanecerá en quienes tuvimos la oportunidad de coincidir con él y compartir su presencia," concluyó el Brighton School en su mensaje.

Una luz breve, como escribió su padre. Pero una luz que, en su brevedad, tocó profundamente a todos quienes tuvieron la fortuna de conocer a Santiago "Chino" Ortiz Zamorano.