China domina la industria mundial de los drones. Pero se está convirtiendo rápidamente en uno de los lugares más difíciles para volarlos.
Las nuevas regulaciones están endureciendo drásticamente las normas para los operadores recreativos y civiles. Desde enero, las autoridades han aumentado las sanciones por volar drones sin autorización, incluyendo posibles penas de cárcel. A partir de mayo, todos los drones deberán registrarse con el nombre real de sus propietarios, lo que obliga a los operadores a vincular su equipo de vuelo a su identificación oficial o número de teléfono móvil.
Se requerirá un permiso con al menos un día de anticipación en las zonas restringidas, que abarcan la mayoría de las ciudades. Las normas contemplan una excepción para los drones pequeños que vuelen por debajo de los 120 metros en algunas áreas abiertas, pero dichas áreas son muy limitadas.
Los datos de vuelo también se transmitirán al gobierno en tiempo real.
La semana pasada, el gobierno de la ciudad de Pekín dio un paso más allá al aprobar una prohibición casi total de drones dentro de los límites de la capital. Según las normas, que también entrarán en vigor en mayo, no se podrán vender, alquilar ni introducir drones ni sus componentes principales en Pekín. Las personas que entren a la ciudad procedentes de otras provincias verán sus maletas inspeccionadas.
Los propietarios actuales de drones estarán exentos si los registran ante la policía antes del 30 de abril, aunque también tienen prohibido tener más de tres drones en la misma dirección. Los drones utilizados para funciones especiales, como la lucha antiterrorista y la investigación, podrían recibir excepciones.
Desde 2024, China exige el registro de drones y su uso está restringido a ciertas zonas. Sin embargo, con la intensificación de las medidas represivas en los últimos meses, muchos usuarios de drones afirman que la aplicación excesiva de la ley ha paralizado la mayoría de los vuelos, incluso aquellos que consideran legítimos. Las redes sociales chinas están repletas de testimonios de usuarios que han sido interrogados, multados, detenidos y a quienes la policía les ha confiscado sus drones en todo el país.
La represión ha dado lugar a un meme en Douyin, la aplicación hermana china de TikTok, que parodia un eslogan publicitario del gigante chino de drones DJI —“No dejes que el cielo espere demasiado”— reformulado como “No dejes que la policía espere demasiado”. Un vídeo con esta canción ha recibido más de 60.000 me gusta y se ha compartido más de 60.000 veces.
Según las estadísticas oficiales, a finales de 2025 China contaba con más de tres millones de drones registrados, lo que supone un aumento del 50 por ciento con respecto a 2024.
El Ministerio de Seguridad Pública afirmó que era necesario endurecer las regulaciones para proteger la seguridad pública, señalando los riesgos de pirateo de los sistemas de información de drones, así como incidentes en los que estos volaron a gran altitud, poniendo en peligro la seguridad de la aviación civil. Citó un caso en el que un operador voló un dron a menos de 800 metros (unos 2600 pies) de una aeronave civil, y otro en el que un usuario voló un dron en una zona de exclusión aérea cerca de un aeropuerto para filmar las trayectorias de aterrizaje de los aviones. El año pasado, dos drones colisionaron en el aire y se estrellaron contra un rascacielos de Shanghái.
“El cielo no está por encima de la ley”, declaró el ministerio.
Los funcionarios también afirmaron que las normas allanarían el camino para la “economía de baja altitud” de China, término que el gobierno ha utilizado para referirse a sus planes de expandir el uso comercial de drones para fines como la entrega de alimentos, el mantenimiento de líneas eléctricas y la agricultura. Estos planes se destacaron en el último plan quinquenal de China, la hoja de ruta económica del Partido Comunista.
Dado que el gobierno desea maximizar el potencial económico del espacio aéreo de baja altitud, primero debe crear un mejor sistema de gestión para ese espacio, afirmó Li Mo, director del Centro de Investigación de la Economía de Baja Altitud de la Universidad de Ciencia y Tecnología de Hong Kong.
“Al igual que se ordena el salón antes de recibir invitados, primero debemos poner en orden el espacio aéreo antes de adoptar actividades económicas a gran escala y a baja altitud”, dijo, aunque reconoció que las restricciones podrían causar confusión a corto plazo.
Es posible que China también esté sopesando los riesgos potenciales para su seguridad nacional. Las guerras en Ucrania e Irán han dejado claro el daño que pueden causar incluso los drones de bajo costo.
La eficacia de los drones de consumo en Ucrania para llevar a cabo labores de vigilancia y ataques "sin duda suscita preocupación en Pekín sobre este riesgo para la seguridad física de sus altos dirigentes", declaró Drew Thompson, antiguo funcionario del Pentágono y actualmente investigador sénior en la Escuela de Estudios Internacionales S. Rajaratnam de Singapur.
(China, como el mayor fabricante mundial de drones de consumo, también ha sido un importante proveedor de drones o sus componentes utilizados en esos conflictos. Pekín afirma que controla estrictamente la exportación de los llamados objetos de doble uso, como los drones que pueden utilizarse con fines militares, pero las autoridades ucranianas aseguran que las empresas chinas les han cortado el suministro, aunque siguen abasteciendo a Rusia).
A medida que se intensifican las medidas represivas, una docena de usuarios de drones contactados por The New York Times afirmaron que las normas estaban obstaculizando los vuelos rutinarios y legales. La mayoría accedió a hablar bajo condición de anonimato por temor a represalias policiales.
Cat Yang, residente de Shanghái, declaró que había recibido la aprobación preliminar del gobierno municipal para que su hijo en edad escolar volara un dron, pero que le denegaron el permiso definitivo el día del vuelo. Afirmó que la policía no le había dado ninguna explicación. «Incluso se burlaron de mí, diciéndonos que mejor compráramos un juguete», dijo la Sra. Yang.
Otro propietario de un dron, procedente del norte de China, afirmó haber presentado más de tres docenas de solicitudes, pero que solo dos fueron aprobadas.
Dichas autorizaciones se limitaban a vuelos de menos de 9 metros de altura y dentro del alcance visual. Según él, las autoridades le habían indicado que debía obtener un permiso adicional de un aeropuerto militar que, según afirmaban, se encontraba en las cercanías. Cuando intentó llamar al aeropuerto, nadie respondió.
En Pekín, dos residentes afirmaron haber recibido llamadas de la policía en cuanto encendieron sus drones, incluso antes de que se anunciaran las nuevas normas de la ciudad. Otro residente declaró que agentes de policía se presentaron en su domicilio para preguntarle por drones que no había utilizado en años.
Las nuevas normas han enfriado el mercado. Varios vendedores de drones han declarado a los medios chinos que sus negocios han caído drásticamente en los últimos meses, mientras que los anuncios en línea de drones usados se han disparado.
DJI, el mayor fabricante de drones del mundo, también se enfrenta a presiones internacionales. En diciembre, Estados Unidos prohibió los drones de fabricación extranjera por motivos de seguridad nacional, impidiendo así la entrada de nuevos productos de DJI al mercado. En febrero, DJI presentó una demanda para revocar la decisión. (La compañía no respondió a la solicitud de comentarios).
Algunos expertos han pedido mayor flexibilidad. El presidente de Xpeng, un fabricante chino de vehículos eléctricos que invierte en coches voladores, propuso recientemente delegar parte de la gestión del espacio aéreo a las regiones, en lugar de al gobierno central, para estimular mejor la economía de baja altitud.
En un vídeo publicado en línea, Wang Yadi, presidente de un grupo empresarial relacionado con los drones en Huainan, una ciudad de la provincia de Anhui, señaló el dilema al que se enfrenta el sector: "Todavía no hemos desarrollado la economía de baja altitud, pero el cielo ya está bloqueado".
Un aficionado a los drones de 35 años, residente en el noreste de China, contó que había invertido unos 2000 dólares en su dron DJI y el equipo necesario, con la esperanza de iniciar un negocio de fotografía. Pero tras ser rechazadas más de dos docenas de solicitudes de vuelo, abandonó el plan.
Song Zhongping, un comentarista militar independiente en China, ofreció un argumento diferente sobre por qué el gobierno debería flexibilizar sus políticas: ampliar el acceso a los drones ayudaría a crear una reserva de operadores de drones para futuras guerras.
“Si la gente común puede usar drones y practicar su uso en tiempos de paz, eso ayudará enormemente a seleccionar operadores de drones más capacitados durante momentos críticos”, dijo.
